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CaptureEn una ocasión en mis visitas a las parroquias que ofrecen formación Cristiana dentro del curso de Ministerio ofrecido por la Arquidiócesis de Galveston-Houston,  me tocó que me hicieran esta pregunta: ¿Porqué ha tardado tanto la Iglesia Católica en implementar la visión del Concilio Vaticano II? A lo cual yo contesté, y ¿cuál es esa visión?  Y el me contestó “la misma visión que el Santo Juan XXIII dió en su discurso de apertura para el Concilio Vaticano II” y es el siguiente:

“En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad. Ella quiere venir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina más bien que renovando condenas.”

Para lo cuál no hay respuesta sencilla ni tampoco solo una.  Pero me dejó pensando y me ha hecho reflexionar sobre este tema que a su vez creo que di una respuesta convincente, una de ellas fue “la necesidad de continuar formando al Pueblo de Dios”  muchos laicos y laicas nunca han leido los documentos del Concilio Vaticano II, si muy apenas leen la Palabra de Dios, que ha de esperarse sobre los documentos del Concilio Vaticano II.  Una vez leidos, hay que comprenderlos, es decir leerlos no al pie de la letra sino tratando de descubrir el espiritu detrás de la letra entendiendo su contexto histórico, liturgico y sobre todo pastoral.

Claramente puedo ver que un área que ha mejorado muchisimo después del Concilio Vaticano II, ha sido el crecimiento de laicos y laicas involucradas mas en la vida de la parroquia, que decir de movimientos eclesiales, misioneros y grupos de apostolados.  Pero aún así, no es lo suficiente, todavía hay trabajo por hacer, especialmente en un mundo que se esta volviendo más secularista y ateísta (no cree en la existencia de Dios), se ha hecho esfuerzo y un gran trabajo en la cuestión ecuménica pero todavía hay mucho por hacer, también en el campo de cuestión inter-religiosa, mejorar la relación con nuestros hermanos judíos y tambien con los musulmanes.  Pero también no todo va mal, puedo percibir el espíritu del Concilio Vaticano II y la visión del Papa Santo Juan XXIII cuando se habla de misericordia, Papa Francisco ha convocado un Año jubilar sobre la Misericordia y ha pedido a un grupo de sacerdotes para ser misioneros de la misericordia y llevar la reconciliación a los rincones de este planeta.  La Iglesia se ha abierto mucho más y ha querido dar testimonio vivo de que Cristo vive y que Cristo es Dios, ¿como?  con la vida misma de tantos sacerdotes, obispos y laicos que dan una entrega total para seguir construyendo el Reino de Dios.   No todo esta implementado, y tal vez tarden siglos en implementarse pero la visión es la dirección correcta.  Hay que seguir trabajando en lo poco y en lo que a mi me corresponde es formar más agentes de pastoral que se capaciten y lleven sobre todo el amor de Dios a los demás.

AH

Juan XXIII

foto-papa-juan-xxiiiHace 50 años fallecía uno de los grandes Papas de la historia eclesiástica, el Papa Juan XXIII cuyo nombre Angelo Giuseppe Roncalli había nacido el 25 de Noviembre de 1881 en la villa Sotto il Monte, es decir “Bajo la montaña”.   Me detengo para precisamente honrar su memoria, especialmente su vida.  Aunque confieso que a pesar de que no nací en su época, he escuchado y leído biografías sobre este gran Papa, y se ha convertido en mi Papa favorito.  Las comparaciones aquí quedan cortas y aparte absurdas, muchos de mi generación han quedado marcados con la huella indiscutible de Juan Pablo II, y creo yo por muchas razones, una de ellas siendo que duro muchos años como Papa y para muchos de nosotros, pareciera ser el único Papa que la generación X haya conocido.  No obstante, el breve pontificado de Juan XXIII es uno de los pocos pontificados que han quedado para la historia, y todo esto debido a su carisma, a su persona, a sus gestos con grandes personajes de la historia.

Angelo Giuseppe era el tercer hijo de los once que tuvieron Giambattista Roncalli y Mariana Mazzola, campesinos de antiguas raíces católicas, y su infancia transcurrió en una austera y honorable pobreza. Parece que fue un niño a la vez taciturno y alegre, dado a la soledad y a la lectura. Cuando reveló sus deseos de convertirse en sacerdote, su padre pensó muy atinadamente que primero debía estudiar latín con el viejo cura del vecino pueblo de Cervico, y allí lo envió.  Al pasar de los años y estudiar en el seminario, Angelo Roncalli “celebró su primera misa en la basílica de San Pedro el 11 de agosto de 1904, al día siguiente de ser ordenado sacerdote. Un año después, tras graduarse como doctor en Teología, iba a conocer a alguien que dejaría en él una profunda huella: monseñor Radini Tedeschi. Este sacerdote era al parecer un prodigio de mesura y equilibrio, uno de esos hombres justos y ponderados capaces de deslumbrar con su juicio y su sabiduría a todo ser joven y sensible, y Roncalli era ambas cosas. Tedeschi también se sintió interesado por aquel presbítero entusiasta y no dudó en nombrarlo su secretario cuando fue designado obispo de Bérgamo por el papa Pío X. De esta forma, Roncalli obtenía su primer cargo importante.”[1]

No pienso relatar toda una biografia sobre el, pero si puedo dar algunos recursos para estudiarlo y apreciar su vida:

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/juan_xxiii.htm

http://www.juanxxiii.e12.ve/juan/quienes-somos/papa-juan-xxiii

http://blogs.periodistadigital.com/teologia-sin-censura.php/2012/10/09/juan-xxiii-el-papa-desconcertante

http://www.youtube.com/watch?v=u7pwcfP7yso

Lo bueno de este Papa amerita que se le conozca como el Papa “Bueno” el Papa de “bondad” fue el 28 de octubre de 1958, contando con casi 77 años, Roncalli fue elegido papa ante la sorpresa de todo el mundo. Escogió el nombre de Juan (nombre de su padre y del patrón de su pueblo natal, aunque escogió este nombre por el evangelista de nombre Juan).   Su más grande logro fue el comienzo del Concilio Vaticano II.   Su secretario personal, monseñor Capovilla narra lo siguiente:

Ni siquiera debe leerse en sentido negativo esta calificación, porque ahí estaban sus 77 años, y él mismo afirmó: «No puedo mirar demasiado lejos en el tiempo». Sabía que era ya un anciano, no se preocupaba de lo que podría hacer. Habituado a vivir comunitariamente y a no considerar los problemas desde el punto de vista personal, citando a Tibulo, decía Est nobis voluisse satis, para el honor de un hombre es ya mucho haber concebido una empresa, haber pensado, ideado, iniciado algo. Recuerdo su comentario a mi perplejidad y a mi falta de entusiasmo cuando me comunicó la idea del Concilio. Me dijo: «No hay que preocuparse de sí mismo y de quedar bien. En la concepción de las grandes empresas basta con el honor de haber sido providencialmente invitados. Hemos sido llamados a poner en marcha, no a concluir.[2]

Hay muchas anécdotas que atestiguan de su buena bondad y de su buen humor, les doy unos ejemplos.

1)       Una vez que el Papa había sido entronizado como Papa Juan XXIII, inmediatamente se dedico a hacer lo que el obispo de una diócesis debe de hacer, visitar sus parroquias, universidades, hospitales, etcc… y en una de estas visitas el Papa llego a un hospital, al hospital del Espiritu Santo.  La hermana que estaba encargada se presento a su santidad y le dijo “Su Santidad, soy la Superiora del Espiritu Santo”, lo cual el Papa Juan XXIII contesto inmediatamente “Tiene suerte, yo solo soy el Vicario de Jesucristo”.

2)      Al día siguiente, visito la prisión de Regina Coeli y a los encarcelados les dijo “Ustedes no pueden venir a mi, por lo tanto he venido a ustedes.  He venido y ustedes me han visto, los he visto a sus ojos y he puesto mi corazón en sus corazones.  Esta reunión siempre se quedara grabada en mi corazón.”

3)      También las crónicas nos relatan que en una ocasión la hija y el yerno de Nikita Khrushchev (Primer Secretario o Primer Ministro de la Unión Soviética) visitaron Roma, y el Papa Juan XXIII les hablo como un padre y les dio un regalo que llevarían a Rusia.  El primer ministro Khrushchev respondió agradeciendo y felicitando al Papa Juan XXXIII por su cumpleaños, lo cual contesto, “Soy el Papa Juan no por un merito propio, sino por la voluntad de Dios, y Dios esta en cada uno de nosotros.  Yo soy el Papa Juan y Nikita Khrushchev es Nikita Khrushchev…Yo no veo por qué creer que Dios nos muestra la verdad sólo a través de mí.”

4)      También la visita del congresista Brooks Hayes que cuando lo vio le dijo “soy bautista” y el Papa Juan extendiendo su brazo le dijo “yo soy Juan” (Juan el Bautista, vaya sentido del humor!!).

5)      Una de las anécdotas que su propio secretario Monseñor Capovilla cuenta es la visita de la primera dama de los EE.UU—Jacqueline Kennedy.  Recuenta que el Papa Juan le pregunto a Monseñor como debería de saludarla, a la cual monseñor le contesto “En los Estados Unidos, la esposa del Presidente solamente se le dice la Señora Kennedy, pero debido a que tiene raíces francesas tal vez quiera decirle ‘Madame’.  Mientras en la biblioteca, el Papa solo murmuraba “Señora Kennedy…..Madame…Madame Kennedy…” y la puerta se abrió y la Señora Kennedy entro, el Papa abrió sus brazos y la estrecho diciendo “Jacqueline”.

Ahora que estamos con el Papa Francisco puedo percibir el espíritu de Juan XXIII en este nuevo pontificado.

AH

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[1] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/juan_xxiii.htm

[2] Roncalli, Marco (2006). Juan XXIII, en el recuerdo de su secretario Loris F. Capovilla (2ª. edición). Madrid (España): Palabra. p. 53.

Debido a que la reputación de uno de los distinguidos señores Cardenales estaba en tela de juicio, el Arzobispo Pietro Parente quien fuera oficial de la Congregación para el Santo Oficio [nombre que la oficina de la Curia Romana tenia en ese tiempo] se pronuncio a favor del Cardenal Ottaviani y sobre el schema De Revelatione diciendo que contenía sana doctrina pero debido a que fue demasiada su pasión por el discurso tuvo que ser interrumpido debido a que se había pasado del tiempo debido dado a cada expositor.  El Cardenal Joseph Frings de Colonia, Alemania acentuó lo siguiente “solo una palabra es lo que yo deseo…responderle al Arzobispo Parente.  Nadie rechaza que la revelación se nos da a través de la Escritura y la tradición.  Lo que estamos en desacuerdo es que la fuente de la Revelación es solo una y única, la Palabra de Dios.” [1]

El Obispo Emil-Josef De Smedt [Brujas, Bélgica] quien fuera parte del Secretariado para la Unidad Cristiana critico severamente el schema ya que desde la perspectiva ecuménica, tal propuesta no favorecía un dialogo ecuménico, al contrario era retroceder.  Pero las palabras mas duras fueron las siguientes “Si tal schema preparada por la Comisión Teológica no es modificada, seremos responsables por destruir una inmensa esperanza y destruiremos el Concilio Vaticano II.  Y hablo de la esperanza de aquellos como el Papa Juan XXIII están esperando tanto en oración y ayuno que un paso decisivo se de en la dirección de la unidad fraternal, la unidad de aquellos por los que Cristo Nuestro Señor ofreció esta oración Ut unum sint (que todos sean uno)”[2]  Este discurso fue recibido con un continuo y fuerte aplauso por la mayoría de los padres conciliares.

El 20 de Noviembre de 1962 (Vigésima Tercera Congregación), el debate sobre la De Revelatione se detuvo y se anuncio que los Presidentes Conciliares pedían que se pusiera a voto para poder continuar, si se modificaba, se rechazaba o se aceptaba.  El voto se llevo acabo y estuvieron presentes 2,209 Padres conciliares de los cuales 1,368 votaron placets (que se rechaza tal schema), 19 votos inválidos, y 822 non placets (que se continúe con el debate).  El Secretario General Felici anuncio que debido a los reglamentos se requiere 2/3 partes para considerar la mayoría por lo cual se necesitaría en este caso 1,473 votos.  Al dia siguiente, el “Arzobispo Felici anuncio que el Papa Juan XXIII había ordenado que el schema fuera retirado y que esta vez se creara una comisión especial encabezada por los señores Cardenales Bea [Presidente de la Unidad Cristiana] y Cardenal Ottaviani [Presidente de la Comisión Teologica] y sus miembros serian los Cardenales Frings, Liénart y Meyer de Chicago y los Cardenales Lefebvre, Browne y Ruffini y todos ellos deberían ser asistidos por obispos que pertenecían al Secretariado para la Promocion de la Unidad Cristiana como obispos de la Comisión Teológica y un sin numero de expertos periti.” [3]

Este impulso dado por el Santo Padre fue significativo ya que dio luz y un nuevo aire para que el Concilio continuara.

AH

[1] Xavier Rynne, Vatican Council II, NY: Maryknoll, 2003, p. 86.

[2] Ibidem, p. 88.

[3]  Hahnenberg, Edward, A Concise Guide to the Documents of Vatican II, OH: St. Anthony Messenger Press, 2007, p.   29.

 

El Concilio después empezó a discutir el Schemata De Revelatione [sobre la Divina Revelación] que fue preparado por la Comisión Teológica Preparatoria bajo la dirección del Cardenal Ottaviani.  El esquema consistía de 5 capítulos dividido en 29 artículos.

Para poder entender el contexto histórico, durante la década de los 1940s hasta los 1960s el estudio en círculos católicos había crecido especialmente en el campo de la Sagrada Escritura, y eso había dado luz a muchos teólogos católicos que empezaron a distanciarse de la perspectiva que se había mantenido desde el Concilio de Trento que la Biblia y la Tradición eran dos cosas separadas, virtualmente fuentes independientes de la Divina Revelación.   Muchos de los eruditos en cuestión de la teología católica estaban regresando a la posición de que la Sagrada Escritura y Tradición no deberían ser considerados como completamente independientes uno del otro, pero que constituyen un conjunto, dos modos el escrito y el no escrito, por la cual la Palabra de Dios llega a nosotros en el marco de la Iglesia.  El Padre Dominico Yves Congar dijo “No hay ni siquiera un solo dogma que la Iglesia mantenga solamente por la sola Escritura, no hay ni siquiera un solo dogma que se mantenga solamente por la Tradición.” [1]

El miércoles, 14 de Noviembre el Cardenal Ottaviani declaro “Hay un numero de esquemas que se han circulado que están en clara oposición al esquema que estoy a punto de presentarles, esto claramente viola las reglas del Concilio.” [2]  Continuo diciendo y recalcó “nuestra enseñanza es tradicional y debe continuar siendo lo mismo.” [3]  El Cardenal Liénart se levanto para protestar ante tal afirmación y dijo “Este esquema no me complace.  No cubre de una manera adecuada la cuestión de la Sagrada Escritura y la Tradición.  Nunca habido ni habrá dos fuentes de la Revelación.  Solo hay una sola fuente de Revelación y esa es la Palabra de Dios…La Palabra de Dios es la única fuente de la Revelación.” [4]  El Cardenal Frings de Colonia apoyado por su teólogo experto Josef Ratzinger, menciono que no estaba de acuerdo con tal esquema y refuto la tesis de Ottaviani “El propósito primario del Concilio es proveer por las necesidades de la época…y reiteró que no era tradicional hablar de dos fuentes de la Revelación ya que ni siquiera los Padres, ni siquiera los teólogos escolásticos e inclusive Santo Tomas Aquino, o cualquier concilio previo han enseñado esto.” [5]  Seguido por esto, el Cardenal Ruffini de Sicilia, Italia, ultraconservador tomo el micrófono y subrayo que no concordaba con sus hermanos Cardenales, y que el esquema tal como se presentaba era de su agrado ya que según el “había sido preparado por hombres competentes y eruditos,” [6] pero los Cardenales  de Montreal, Viena, Utrecht y Bruselas hablaron en contra de tal esquema, asi demoliendo la tesis del Cardenal Ottaviani.  De hecho, el Cardenal de St. Louis, el Cardenal Ritter condeno tal esquema como pesimista y totalmente negativo diciendo “traiciona a la palabra de Dios que llamamos Escrituras” [7].  Es evidente que este esquema fue el mas discutido y el mas prolongado dentro del Concilio, ya que muchos Padres Conciliares tenían una pasión por la Palabra de Dios y querían remover el tono escolástico, jurídico que la Comisión Teológica Preparatoria había dispuesto, ya que muchos querían reflejar la visión que tenia el mismo Papa Beato Juan XXIII de presentar la fe de la Iglesia en toda su totalidad de una manera integra y pura pero con un enfoque pastoral, ya que como dijo el Cardenal Agustin Bea “somos Pastores.” [8]

AH

[1] Xavier Rynne, Vatican Council II, NY: Maryknoll, 2003, p. 76

[2] Ibidem, p. 76

[3] Ibidem, p. 76

[4] Ibidem, p. 77; Hahnenberg, Edward, A Concise Guide to the Documents of Vatican II, OH: St. Anthony Messenger Press, 2007, p. 26.

[5] Ibidem, p. 78

[6] Ibidem, p. 78

[7] Ibidem, p. 80

[8] Ibidem, p.80

El 6 de Noviembre de 1962 el Papa Beato Juan XXIII intervino durante las discusiones y declaro que cuando un tema ha sido exhausto en plena discusión, los Cardenales Presidentes tenían el derecho de proponer a votación para cerrar la discusión y poder avanzar, ya que la cuestión de la liturgia se estaba extendiendo mas de lo que se pensó.  Por lo tanto, a las 10 de la mañana, el Cardenal Tisserant quien estaba presidiendo pidió que se concluyera la discusión sobre el capitulo II del schema y se hiciera a medio de votación por la cual solamente un obispo franciscano se opuso.

Por los siguientes días se debatieron los capítulos 3 y 4 donde se trataba los sacramentos y sacramentales y el oficio Divino.  El 10 de Noviembre, el anciano Obispo de Mostar, Yugoslavia Petar Cule suplico que se incluyera el nombre de San Jose en el canon de la Misa.  El Obispo Cule siguió hablando de una manera nerviosa, repitiendo muchas cosas, a la cual murmullos comenzaron a escucharse y el cardenal Ruffini lo interrumpió diciendo “termine su sagrado discurso y elocuente, a todos nos encanta San Jose y esperemos que haya muchos santos en Yugoslavia”[1]

Debido a esta interrupción hecha por el Cardenal, el mismo Papa que estaba observando la discusión por televisión cerrada desde su apartamento decidió insertar el nombre de San Jose en el canon de la Misa bajo su propia autoridad [Motu proprio], el 13 de Noviembre de 1962.  Esto causo gran sorpresa en la mayoría de los padres conciliares excepto para unos pocos ya que sabían que el Papa Juan XXIII conocía personalmente al Obispo Cule y también conocía muy bien de su manera nerviosa de hablar debido a un trágico accidente.  El Obispo Cule había sido sentenciado por los Comunistas y fue prisionero dentro de un campo de concentración en Yugoslavia.  Como cuenta el Padre Xavier Rynne “El y otros prisioneros fueron transportados en un tren que fue destruido deliberadamente en un intento de matar a todos a bordo.  El obispo sobrevivió, pero sus caderas se rompieron.  Mal de salud, sin embargo hizo un gran esfuerzo para asistir al concilio y hablar en favor de San Jose” [2] Así, su deseo se cumplió.

AH

[1]  Xavier Rynne, Vatican Council II, NY: Maryknoll, 2003, p. 75

[2] Ibidem. p. 76

 

El 30 de Octubre de 1962 ocurrió el evento tan inesperado donde el Cardenal Ottaviani se levanto y dio su discurso para responder directamente al Cardenal Holandes Alfrink.  Lo interesante y curioso como notan los observadores dentro del Concilio es que el Presidente de aquella discusión era el propio Cardenal Alfrink.

El Cardenal Ottaviani hablando sobre la liturgia pregunto “Que acaso los Padres conciliares traman una revolución?” ya que no estaba de acuerdo que tantos cambios se dieran en la liturgia ya que escandalizaría a los fieles.  El mantenía que la propuesta de comulgar bajo las dos especies había sido rechazada por la mayoría dentro de la Comisión Central Preparatoria y que solo la minoría ahora quería controlar la discusión.  El Cardenal continúo y expreso su disgusto en concelebrar ya que ahora hacia la Sagrada Misa como un teatro [esto ocasiono molestia entre los Padres Conciliares de Ritos Orientales ya que la concelebración era normal].  El teólogo Hans Kung recuerda que “después de 10 minutos hubo una advertencia del Presidente Cardenal Alfrink”[1] con las siguientes palabras “Disculpe su Eminencia, pero usted ya hablado por mas de 15 minutos” [2].  Ottaviani continuo ignorando la advertencia de su colega seguido por otra advertencia, en este momento “el Cardenal Alfrink volteo a ver al Secretario General, el Arzobispo Felici y ambos estuvieron de acuerdo que era hora de parar” [3].  Por lo cual, el Cardenal Ottaviani continuo hablando pero para esto ya le habían apagado el micrófono y nadie mas lo escucho.  Los padres conciliares expresaron su aprobación por este acto a través de aplausos en el aula de la Basílica de San Pedro.  Esto trajo sin precedentes una humillación terrible al Cardenal Ottaviani, que inmediatamente abandona el aula y se refugia por dos semanas en el Palazzo del Sant’ Uffizio.

Durante los descansos otorgados entre sesiones, se sabe que el propio Papa Juan XXIII permitió el establecimiento de ‘bares’ en el sentido de tomar café, y a uno de ellos se le llamo “Bar Juan” que en hebreo quiere decir ‘hijo de Juan’ en referencia bíblica a San Pedro.  Este bar fue el lugar donde los padres conciliares pudieron conocerse mejor y pudieron compartir experiencias e ideas, de hecho algunos dicen que fue donde se dieron las mejores conversaciones teológicas que influyeron mucho después durante las discusiones.  El Papa Juan XXIII con su buen sentido del humor explico que estos bares eran necesarios ya que si no, “los obispos estarían humeando bajo sus mitras” en referencia que muchos necesitaban fumar sus cigarrillos.

AH

[1]  Hans Kung, My Struggle for Freedom, William B. Eerdmans, 2003, p. 291.

[2]  Xavier Rynne, Vatican Council II, NY: Maryknoll, 2003, p. 69

[3] Ibidem.

El Miércoles 24 de Octubre, el Prefecto de la Biblioteca Apostólica Vaticana el Cardenal Frances Eugene Tisserant enfatizó que el latín no era el único lenguaje litúrgico, sino recordándoles a los Padres Conciliares especialmente a los que se aferraban al latín de que en la Iglesia primitiva el Hebreo y el Griego eran idiomas que los primeros cristianos empleaban y para evidencia de esto era suficiente ver la inscripción en la cruz como se cuentan en los evangelios.  El Cardenal Antonio Bacci quien fuera parte de la Curia Romana [ultraconservador], propuso que la gente pudiera leer los Misales en la lengua vernácula mientras que el sacerdote celebraba la Misa en latín, ya que para el, el latín era el lazo de unidad.

El Arzobispo de Chicago, el Cardenal Alberto Meyer se levanto a favor del artículo 24 del schema donde se autorizaba el uso de la lengua vernácula en la liturgia, pero no miraba razón alguna el por que tendría que resolverse esto a nivel de las conferencias episcopales.  Él quería saber que los obispos individualmente podrían hacer estas decisiones bajo el control del Santo Padre.  El Arzobispo Descuffi de Esmirna expreso su inmensa alegría por ver el apoyo de aquellos padres conciliares a favor de una reforma litúrgica especialmente el de emplear la lengua vernácula, ya que como dijera el “liturgia propter homines et non homines propter liturgiam” [1] es decir que la liturgia era para el beneficio del hombre, y no el hombre para el beneficio de la liturgia.  El Arzobispo Seper [Zagreb, hoy en día la capital de Croacia] sugirió que los cristianos en si eran minoría en el mundo moderno y que todo tipo de asistencia en ayudarles comprender la riqueza de la liturgia tendría que hacerse accesible en la lengua que pudieran entender.  El Obiso Auxiliar de Leon, Francia Alfredo Ancel comento que la “Unidad no significa uniformidad en los ritos”[2], ya que había una gran riqueza en todos los ritos existentes de la Iglesia.  El Obispo Ernesto Rau [Mar de Plata, Argentina] expresaba que el latín pudiera ser un obstáculo en la vida de oración de los fieles ya que “la Iglesia en si no tiene una cultura especifica o una lengua propia…y que seria fiel hasta la muerte a la Iglesia pero no a la lengua del latín.”[3]

Los obispos polacos atestiguaron que la lengua vernácula [polaco] durante la Misa que se venia haciendo ya unos 15 años atrás y esto había salvado la fe de la nación después de la Segunda Guerra Mundial y los comienzos de la guerra fría.  El Obispo Japonés Kobayashi [Sendai, Japón] manifestó que en su propio país el empleo de distintas lenguas ha sido beneficio para el pueblo japonés y debido a la cultura y tradición japonesa, el latín aparece como algo ajeno y extranjera a esta cultura y como algo que predomina el mundo Occidental pero no el Oriental y termino su discurso con la siguiente cuestión: “¿es nuestra unidad con la Santa Sede tan débil que tiene que ser mantenido por una rígida uniformidad?”[4] Sus comentarios fueron recibidos por aplausos en toda el aula de la Basílica de San Pedro.

El Lunes, 29 de Octubre de 1962 los señores Presidentes de todas las comisiones decidieron que la discusión tenia que pasar al capitulo 2 del schema donde se hablaría sobre la Misa.  El Cardenal Spellman [Nueva York] estaba de acuerdo que la participación activa de los fieles era necesaria pero estaba en contra de permitirles la comunión bajo las dos especies [pan y vino] como se recomendaba en el schema.  También no estaba muy a favor de las concelebraciones donde varios sacerdotes alrededor del altar podían celebrar Misa y emplear las palabras del ritual juntos.  El Cardenal Ruffini secundo esta propuesta  y cito que por razones higiénicas no era lo más prudente de dar la Sangre de Cristo a los fieles.

El Cardenal de Montreal, Canada Paul-Emile Léger concluyo el día refutando a estos dos cardenales lo que fue la gran sorpresa del día, el Cardenal Léger estaba a favor de concelebración en las Misas y de que los fieles pudieran comulgar bajo las dos especies ya que los ritos Orientales de la Iglesia ya lo practicaban y aparte mostraba un signo de unidad verdadera y caridad mutua entre los sacerdotes ya que estarían imitando a Cristo como lo hizo con sus apóstoles en la Ultima Cena.  Y que después de todo, la “Misa no era una celebración privada del sacerdote sino que siempre ha sido una función publica de la Iglesia con sus sacerdotes como ministros y los fieles como participantes”[5].  Al siguiente día, el Cardenal Godfrey de Westminster, Inglaterra replicó en contra del Cardenal Léger de Montreal expresando que si se permitía a los fieles de poder comulgar bajo las dos especies muchos pensarían que la Iglesia se había convertido Anglicana.  Pero el Cardenal Godfrey estaba mas preocupado que no se permitiera a los fieles comulgar bajo la sola especie de vino por razones higiénicas, ya que según el ‘muchas mujeres se acercarían a comulgar y traerían lápiz labial”[6].  En la próxima entrada estaré hablando sobre lo que le sucedió al Cardenal Ottaviani durante el Concilio.

AH

 

[1] Rynne, Xavier, Vatican Council II (New York: Orbis, 2003) p.63

[2] Ibidem, p.65

[3] Ibidem, p.65

[4] Ibidem, p. 66

[5] Ibidem, p.67

[6] Ibidem, p.67

 

 

Continuando con la debate sobre el Latín en la liturgia, el Cardenal Ruffini sintió que el schema debía ser reconsiderada en su totalidad por los principios mencionados en la Encíclica del Papa Pio XII Mediator Dei y también se pronunció a favor de que “El Santo Padre debería ser el juez y que solo el a través de la curia Romana fuera el que decidiera”[1] y así dejaba fuera las Conferencias Episcopales o los obispos.  El Cardenal Feltin de Paris hablo de una manera mas practica en el uso de la Liturgia, explico que para la mayoría de la gente no conocían mucho sobre la Iglesia, insistió que los Católicos que carecían de formación religiosa tanto como un no católico pudieran reconocer en la Misa que estaban presenciando algo transcendental, sagrado y profundo, por lo cual pidió que se reformara la Liturgia ya que en su tiempo los asistentes presenciaban todo como si fueran ritos mágicos con muy poca participación y muchos no entendían el Latín, lo cual demostraba que la Liturgia perdia su esencia.

El Cardenal McIntyre de Los Angeles hablo a favor de que no se alterara la Liturgia y que se retuviera el Latín en la Misa, esta propuesta fue secundada por el Cardenal Godfrey [Arzobispo de Westminster, Inglaterra] y durante su discurso dijo lo siguiente “Debemus levare linguam Latinam”[2] en pocas palabras decía elevar la Lengua del Latín, de incrementar su importancia.  Al siguiente día, el periódico Italiano Il Tempo reportó lo siguiente “Cardenal Godfrey propone recoger y tirar la Lengua del Latín”  El problema fue que la palabra ‘levare’ en italiano se traduce como recoger y tirar, por lo cual el Cardenal Godfrey se vio horrorizado de que hayan malinterpretado su Latín. 

Esto muestra que muchos de los Padres Conciliares no entendían lo suficiente bien el Latín para comprender lo que se estaba discutiendo.  El Cardenal Cushing de Boston se dice que en una reunión que tuvo con el Papa Juan XXIII le decía que se necesitaba una actitud mas realista sobre el uso del Latín como idioma durante las sesiones ya que durante una de ellas, el Cardenal se levanto y comenzó a hablar en Ingles pero el Secretario General [Arzobispo Felici] lo amonesto, el Cardenal Cushing inmediatamente le preguntó a un prelado cercano que le informara a todos en Latín que el representaba a la “Iglesia del silencio”[3].  Se sabe que durante los debates conciliares, la mayoría de los obispos estaban mas alertas y participaban mas cuando las propuestas eran traducidas al Español, Italiano, francés, Ingles, Alemán o Árabe.  El dato más curioso de todo esto era que el Cardenal Agustín Bea [Presidente para el Secretariado para la Promoción de la Unidad de los Cristianos] proveyó servicios de traducción simultánea aquellos delegados no católicos que estuvieron presentes, muchos de los obispos deseaban que tal servicio hubiese sido para ellos.

El momento clímax dentro de la primera sesión fue dado por el Patriarca Melquita de Antioquia de 84 años de edad Máximos IV Sayegh el 23 de Octubre de 1962.  Rompiendo con el protocolo curialista se atrevió hablarle  a los padres conciliares en Francés.  Esto encanto a los obispos, lo interesante fue según el protocolo del Vaticano que data desde la edad media, los Patriarcas Orientales estaban en un rango inferior que los Señores Cardenales y el Patriarca Máximos al comenzar su discurso se dirigió primero a “Su Beatitud” refiriéndose a los Patriarcas presentes y luego a su “Eminencias” los señores cardenales, una maniobra muy sutil ya que en el Concilio IV de Letrán el Papa Inocencio III había decretado en 1215 el orden de procedencia “Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquia, y Jerusalén como sedes mayores”, esto paso desapercibido por el Cardenal Spellman que presidia la sesión.  El Patriarca enfatizo que el Latín  no era la lengua de la Iglesia Oriental y por consiguiente prefirió a utilizar el francés como una lengua más universal para poder defender su propuesta.  El Patriarca discutió la clausula 24 del schema donde se discutía el Latín diciendo “Permitan que la Conferencia de Obispos decidan por su propia región referente a lo que será la manera o los limites del uso de la lengua vernácula en la liturgia y luego ratificado por la Santa Sede”[4].  En la próxima entrada hablaremos sobre los Sacramentos y lo que le sucedió al Cardenal Ottaviani en plena discusión conciliar.

AH

[1]  Rynne, Xavier, Vatican Council II (New York: Orbis, 2003) p.59

[2] Ibidem

[3] Rynne, Xavier, Vatican Council II (New York: Orbis, 2003) p.60

[4] Ibidem, p.61

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