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                      Jueves de la VIII semana del Tiempo Ordinario

                    “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios,

                                                     mi salvador”  Lc 1, 39-56

Hoy en el evangelio escuchamos la conversación de dos mujeres, Santa Isabel y nuestra Madre Maria, un encuentro con el prójimo.  Maria sale de su terreno, de su lugar de confort, para visitar a su prima Isabel atravesando montañas de incertidumbres, díficiles de superar.  ¿Cuales son esas montañas que me son díficiles de superar?

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Maria reconoce que es portadora de la vida que lleva en sí y también la que su prima Isabel lleva con ella.  ¿Soy capaz de reconocer la vida que llevo dentro de mi mismo?  ¿Puedo reconocer que también soy portador de la vida del Creador?  Ambas mujeres, tanto Maria como Isabel fueron visitadas en su esterilidad y fueron capaces de abrirse de lo imposible a lo posible siempre teniendo fe en las promesas de Dios.  ¡Nada es imposible para Dios! ¿Cuales son mis carencias? ¿mis esterilidades?  Estoy dispuesto abrir mi vida esteril a una vida fertil en Dios?

Enseñame Mamá Maria hacer fiel a la voluntad de Dios, como tu lo hiciste con tu hijo.

AH

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imagesEscuchar al Señor

Una señora decía tener un problema de audición y cada vez que se reunía con sus amigas tenía que preguntarles de qué hablaban. Un día decidió ir al especialista del oído para hacerse un examen. El doctor le dijo que tenía los medios más modernos pero que iba a usar el medio tradicional. Sacó su reloj del bolsillo y le preguntó si podía oír el tictac del reloj. Por supuesto, lo oigo muy bien, le contestó.  El doctor se alejó unos siete metros y, de nuevo, le preguntó si seguía oyendo el tictac.  Sí todavía lo puedo oír, contestó.

 El doctor salió del despacho y le preguntó: ¿y ahora oye el tictac?

 Sí, lejano, pero lo oigo.

 El doctor se sentó frente a la señora y le dijo: Su problema no es de audición. Su problema es de escucha. Usted no sabe escuchar.  Dios no te deja mensajes en la grabadora ni te envías faxes ni emails ni sabe el número de tu celular pero Dios sabe tu nombre y te llama por tu nombre. Te dijo un día en tu bautismo: Ricardo, tú eres mi hijo, yo te quiero. Y te lo sigue diciendo también hoy.

 Dios no habla como yo, pero habla.  Dios no llama a la puerta de los apartamentos como yo, pero llama a la puerta de tu corazón.

 Y es que Dios no está en la superficie de las cosas, de las palabras o de las miradas, Dios está en la profundidad de tu vida y de tu ser. Ahí has de encontrar su voz, su llamada y su amor. En la profundidad.  Dios llamó al joven Samuel cuatro veces mientras dormía. Y como no  conocía la voz de Dios fue a Elí, el sacerdote, y le dijo: “Aquí estoy, ¿para qué me llamaste? Era la única voz que conocía y quería ponerse a su disposición. Elí le dio esta consigna, si vuelves a ser llamado contesta: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.  Samuel creció y el Señor estaba con él. Y todo lo que el Señor le decía se cumplía:”[1]

 ¿Cómo escuchamos al Señor hoy en día? ¿Sabemos escucharlo?

130128-medico-curate-fanoPara disponernos a escuchar al Señor necesitamos estar en la misma sintonía y uno de los problemas que no permite estar en esta sintonía y nos ha marcado a cada uno de nosotros y nadie esta exento de esto es la envidia, la distracción y el ruido, pero enfoquémonos en la envidia.  ¿Cómo lo define la Iglesia? Lo define de la siguiente manera como un pecado capital. Designa la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea indebidamente. San Agustín veía en la envidia el “pecado diabólico por excelencia” (ctech. 4,8). “De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad” (s. Gregorio Magno, mor. 31,45).

 Y ¿cómo se concretiza esta envidia hoy en día? De la misma manera como se narra en el relato de Abel y Caín, en el celo, hoy inclusive hay personas que pudieran decir “¿Cómo tu tan joven puedes estar allí?” o “¡Nunca podrás predicar o ser grande como el/la compañero(a) que lleva muchos años en esto!” o “¡Lo hiciste bien pero yo hubiera hecho!” o “¡Así no es, Yo si se!” o el peor de todos “¡porque a el/ella sí y a mí no!”.  Esto va en contra del propio evangelio y va en contra de la propia naturaleza de ser cristiano.  Como diría San Ignacio de Loyola “no es el modo de proceder”.  El Papa Francisco recientemente dijo lo siguiente:

 “¡Atención a la tentación de la envidia! ¡Estamos en la misma barca y vamos hacia el mismo puerto! Pidamos la gracia de alegrarnos con los frutos ajenos, que son de todos.”[2]

 También recordemos las mismas palabras del Señor Jesus “Ves la pelusa en el ojo de tu hermano, ¿y no te das cuenta del tronco que hay en el tuyo?  ¿Y dices a tu hermano: Déjame sacarte esa pelusa del ojo, teniendo tú un tronco en el tuyo?  Hipócrita, saca primero el tronco que tienes en tu ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo de tu hermano” (Mt 7, 3b-5).

Para poder escuchar la voz del Señor, la voz del Espíritu tengo que reconocer mis fallas y para esto se necesita la humildad, ser pobres de espíritu donde reconozcamos que no somos grandes ni mucho menos perfectos, al contrario comencemos a reconocer que el mundo no gira a nuestro alrededor, que no podemos ser autosuficientes, que no somos “YO” el Mesías sino que aprendo a decir las palabras del propio Juan el Bautista “Es necesario que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30).

Es muy lamentable ver como pequeños grupos parroquiales o cristianos en general se dejan dominar y paralizar por la envidia y no dejarse guiar por el espíritu que trae paz, armonía y sentido de trabajar en comunidad.  Estos grupos son tóxicos para la vida de la Iglesia ya que ellos mismos se destruyen e infectan a los demás, siempre una persona envidiosa es una persona negativa.  En el evangelio de Mateo Nuestro Señor Jesucristo nos dice que hace a una persona impura “Lo que hace impura a la persona es lo que ha salido de su propio corazón. Los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona.” (7, 20-22).  Cuantos necesitamos escuchar esto, el Señor habla a través de su palabra, obra a través de su Iglesia y celebra su victoria en los Sacramentos. Para vencer a la envidia, una vez mi director espiritual me recomendó lo siguiente “Cuando tengas conversación o veas a alguien trata siempre de grabarte en tu corazón que al que ves es a Jesucristo y con quien conversas es con Jesucristo” Reconozco que esto no es fácil para nadie pero no es imposible, los grandes santos han dado muestra de ello y para esto necesito la ayuda de Dios para que así el pasaje de proverbios se quede grabado en mi interior “La paz del corazón fomenta la salud, pero la envidia corroe los huesos” (Prov. 14,30).

Una vez que escucho su voz tengo que aprender a reconocer que él me habla y que antes de hablar es necesario escuchar porque Dios habla en el silencio de tu corazón, y a la vez tengo que ser luz para las naciones, y hay dos maneras para difundir la luz “Ser la vela, o el espejo que la refleja”.  De hecho hay un refrán que se dice en la oración “No ores hasta que Dios te escuche, ora hasta que lo escuches a él”

Pregúntate ¿Están mis sentidos en la misma sintonía que el Señor? ¿Le puedo escuchar y reconocer?

 “se quedaron aquel día”

Juan nos dice que los discípulos “Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día” Nuestras vidas son una búsqueda constante, no nos hagamos falsas nociones pensando que el trabajar, educar y criar a nuestros hijos, o mejorar nuestro estatus social o relación de pareja nos van a llevar al lugar seguro de la felicidad, pueden ayudar pero no son la meta.  Por lo tanto, no nos hagamos ciegos y pensemos que por haber alcanzado sueños hemos llegado al final de nuestra búsqueda.  He escuchado personas decir “soy feliz, que más le puedo pedir a la vida”, pensar que la felicidad es esporádica y breve es un espejismo.  El evangelio de Juan dice “yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud” (10,10) Si permitimos que estos momentos bellos de la vida ofusquen nuestra búsqueda hemos perdido el gran tesoro, la gran perla, y esa búsqueda debe ser continua, debe ser renovada, debe crecer y debe de madurar, la búsqueda no es fácil pero si nos enganchamos de Cristo, si reclinamos nuestra cabeza al corazón del Señor “Quien es el camino, la verdad y la vida” el nos conducirá al Padre, ya que por sí solos no podemos y entenderemos las palabras del Señor “Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré.  Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso.  Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.»” (Mt 11,28-30).  En él está la verdad libre de engaños y mentiras, esta búsqueda que se puede traducir por “sed de Dios” es lo que dijo San Agustín “porque nos has hecho para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.  Esta búsqueda que cuestiona el propósito de mi vida, que me hace y debe hacerme cuestionar “¿quién soy yo para que te fijes en mi Señor? Esta búsqueda hoy se renueva especialmente en este tiempo de Cuaresma.

Por eso es preciso cuestionarse ¿Cómo escuchamos al Señor hoy en día? ¿Sabemos escucharlo?  Te comparto el siguiente canto para meditación.

Oración Final

Solo Tú

Porque nuestros proyectos se desmoronan y fracasan

y el éxito no nos llena como ansiamos.

Porque el amor más grande deja huecos de soledad,

porque nuestras miradas no rompen barreras,

porque queriendo amar nos herimos,

porque chocamos continuamente con nuestra fragilidad,

porque nuestras utopías son de cartón

y nuestros sueños se evaporan al despertar.

Porque nuestra salud descubre mentiras de omnipotencia

y la muerte es una pregunta que no sabemos responder.

Porque el dolor es un amargo compañero

y la tristeza una sombra en la oscuridad.

Porque esta sed no encuentra fuente y nos engañamos con tragos de sal.

Al fin, en la raíz, en lo hondo, sólo quedas Tú.

Sólo tu Sueño me deja abrir los ojos,

sólo tu Mirada acaricia mi ser,

sólo tu Amor me deja sereno,

sólo en Ti mi debilidad descansa

y sólo ante Ti la muerte se rinde.

Sólo Tú, mi roca y mi descanso

Javi Montes, sj[3]

[1] http://www.parroquiaelpilarsoria.es/02domb.htm

[2]http://www.vatican.va/holy_father/francesco/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium_sp.html

[3] http://www.pastoralsj.org/

Papa Francisco

Papa Francisco

La revista Time nombró al Papa Francisco como Personalidad del Año.  “Cambió el tono, la percepción y el enfoque de una de las instituciones más grandes del mundo”, señaló la revista.  Detrás del Papa Francisco se ubicó el ex consultor de la NSA Edward Snowden, quien reveló el programa secreto de espionaje del Gobierno estadounidense.  El top cinco lo completan la activista gay Edith Windsor, el Presidente sirio Bashar al-Assad y el legislador republicano Ted Cruz.

Ahora, mientras nos preparamos para la llegada de nuestro Salvador en este tiempo de adviento, quiero hacer una reflexión sobre el liderazgo en general desde una perspectiva personal.  Aquí en los Estados Unidos como en otros países, la sociedad esta muy marcada por el individualismo que se enfoca en el individuo no como persona integra sino como individuo—objeto y no tanto sujeto que carga y lo respalda su educación, triunfo y logros.  De hecho, hay frases que se han vuelto lenguaje común de la sociedad como “que se rasque con sus propias uñas” dando entender que uno esta equiparado para enfrentar los retos y golpes de la vida por si solo, y luego se dice que si tal individuo persevera llegara a ser un gran líder, las personas que la revista Time han señalado como personas de distinción fuera del papa Francisco son a mi punto de ver personalidades que han creado su fama a través del escandalo y repudio del pueblo ¿Por qué es que después del Papa Francisco no se nombro a gente altruista? Y ¿Es este mensaje de la cultura, de la sociedad, el mismo mensaje de Jesucristo?  ¿Es el mismo plan que Dios tiene para mí? ¿Cuáles son algunas características de un gran líder?

Considero que estas cuatro cuestiones nos pueden llevar a una variedad de temas que no daría espacio para este artículo, pero si las considero convenientes para hacer una pausa en nuestras vidas y meditar sobre esto.  El mensaje del evangelio, es decir el mensaje propio de Jesucristo es simple y sencillo y su fundamento recae en esto “El que no ama no ha conocido a Dios, pues Dios es amor” (1 Jn 4,8), y si Dios es amor ¿Cómo es que este amor se ha manifestado y para que? “¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Unico, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16)  “pues él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4).  El mensaje del evangelio es un mensaje de amor que se ha encarnado en la persona de Jesucristo, no en un individuo llamado Jesucristo y que pide ser encarnado en su creación, por lo tanto, el mensaje constante que envía la cultura, nuestra sociedad no es el mismo mensaje de Jesucristo.   Partiendo de esta primicia, un gran líder se forma dentro de esta cultura de amor, reconoce que Dios es el centro de todo y que apartar la vista de Él es perderlo todo, esta pasión este enamoramiento hace que tenga sentido nuestras vidas, hace que las demás personas con las que hablemos o interactuemos se sientan atraídos por este ardor que reside en la persona de Jesucristo.

Rezar ante un Crucifijo

Rezar ante un Crucifijo

Consiguientemente, un gran líder como lo ha sido el Papa Francisco entre otras personalidades que no han sido reconocidos han aprendido la gran virtud de la humildad, han hecho las palabras del evangelio resonar en sus vidas inclusive para aquellos que no son cristianos esta frase se puede aplicar “Es necesario que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3, 30).  El Señor en sus bienaventuranzas nos dice “Bienaventurados los pobres de Espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt 5,3) y hemos escuchado como el discipulado y el servicio forja por naturaleza propia el carácter de la persona que se deja transformar por el Señor.  Ser humilde no significa ser pobre en cuestión material, sino ser sencillo en tu personalidad y no ser arrogante.  Aprender a tratar a tu prójimo como a tu hermano.  Esto no es fácil, y si no lo crees comienza con tu familia.  Ser humilde significa doblegar el ego y el orgullo que todos llevamos dentro.  En el camino del discipulado es muy fácil ser tentados por el demonio (cf. Mt 4, 8ss) y queremos llegar a ser lideres pero con las aspiraciones equivocadas, para poder llegar a ser líder uno necesita conocer sus limites, sus fallas y reconocer sus errores, porque cuando llegue el momento de liderar, ojala y que la caída no sea mas fuerte, como vemos en las otras nominaciones que la revista Time ha seleccionado. La humildad es una virtud que requiere hábito y practica, el peligro puede ser la tentación de dominar o querer tener el control o el mando sin reconocer los talentos de los demás y tomar decisiones sin consultar.  Ser humilde significa aprender a entregarse por los demás en la medida que la persona este preparada y que acompañe el discernimiento.  Ser humilde también significa reconocer que no eres indispensable, que la misión y el trabajo puede y debe de continuar sin ti, no eres el Mesías.  Ser humilde significa aprender a trabajar en equipo sin querer mandar o manipular sino que trata de escuchar las opiniones de todos y trata de construir ideales comunes.  Ser humilde significa reconocer que el Espíritu Santo continua trabajando en ti y que si ha tocado la vida de alguien para algo mejor, es Dios mismo que ha obrado a través de ti, pero el mérito no es tuyo es de Dios.  Debido a esta virtud de la humildad, puedo detectar que el mundo, la sociedad en si esta abierta y se siente atraída al mensaje del evangelio, mismo Papa Francisco lo ha hecho con el mundo.  Pero una vez mas, la humildad reconoce que la gran labor proviene de arriba (transcendental) y que uno simplemente es el instrumento para continuar anunciado el evangelio y la humildad siempre va acompañada con un gran gozo, con una gran alegría, una persona que no sonríe sus palabras no son mas que palabras, pero una persona que sonríe no solo sus palabras atraen sino que su propia vida.

AH

Lectio: Mateo 21,33-43.45-46 | EL SITIO WEB OFICIAL DE LOS CARMELITAS.

Lectio: Mateo 23,1-12 | EL SITIO WEB OFICIAL DE LOS CARMELITAS.

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