Tag Archive: espiritualidad para catolicos


CaptureSon tantos los testimonios y anécdotas que he escuchado de la gente en mi caminar espiritual que me dicen, “participe en un retiro y ahora ya no soy católico dormido, ahora quiero ayudar” o “pasamos por un momento de crisis en nuestra familia y me hizo acercarme más a Dios”, o “siento hambre espiritual, la vida misma no me satisface y hay un vacio y siento que Dios me llama algo”.  Como les digo, son tantas historias que tienen rostros, gente que ha sido tocada por el mismo Jesus de Nazaret, lo han sentido y para algunos han tenido una sanación interior y han decidido hacer cambios en su vida.  El proceso de evangelización requiere que los discípulos misioneros actúen como los amigos del novio, en pocas palabras, presentarles a Jesus de Nazaret quien es el novio para que conozca  a la novia que es la Iglesia, y nosotros somos la Iglesia.  Déjenme explicar cómo entender este concepto de “amigos del novio”

En el evangelio de Juan 1,23 se dice “Yo soy una voz que clama en el desierto” aludiendo a Juan el Bautista que solamente es una voz, no es la Palabra, la Palabra es Jesus de Nazaret.  Los discípulos misioneros necesitan ser voces en los desiertos espirituales del hombre.  Pero recordemos que no es la voz que convierte corazones y cambia el mundo, sino la Palabra que es viva y fuerte y es la propia vida en Jesus de Nazaret.  La voz llega al oído pero la Palabra penetra y sacude con fuerza los corazones de los hombres.

Es por eso que cuando se trabaja y se misiona en las cosas de la Iglesia, uno tiene que aprender a ser voz, no la Palabra.  Otra cualidad de Juan el Bautista es que el mismo reconoce “Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de El.  El que tiene a la novia es el novio, pero el amigo del novio, el que asiste y le oye, se alegra mucho con la voz del novio.  Esta es pues, mi alegría, que ha alcanzado su plenitud.  Es preciso que el crezca y que yo disminuya….” (Jn 3, 25-30). 

En el proceso de la evangelización se necesita ser creyente y atrayente pero reconociendo que no somos la meta ni la salvación, es hacerse a un lado y dejar que el Espíritu Santo entre en contacto con la novia para que conozca al novio.  Qué triste y lamentable es ver personas en esto que tratan de domar el Espíritu Santo, que se sienten poseedores del Espíritu, que creen que si no están ellos las cosas no funcionan.  No nos engañemos, nosotros no somos el Mesías, el ya vino y nos ha salvado, nuestro trabajo es comunicar y dar a conocer a Jesus de Nazaret a nuestros hermanos.  Que Jesus de Nazaret ha muerto por nuestros pecados, nos ha salvado y sobre todo que nos ama.  La gente necesita escuchar esto una y otra vez.  Lamentablemente, hay personas mendigando amor, están vacíos, tienen hambre y “Para mí no es motivo de orgullo anunciar el evangelio, porque lo considero una obligación ineludible. ¡Y ay de mí si no lo anuncio!” (1 Cor 9,16) Evangelizar significa poner el corazón del hombre en el corazón de Dios, dejar que Dios moldee el corazón a su Imagen y Semejanza.   Pero en ese moldear requiere crecimiento,  demanda formación, solicita catequesis, y una sobredosis de misericordia y compasión.

De hecho, tenemos insuficiencia doctrinal. Es necesario conocer la Verdad. Pero aparte de conocerla hay que amarla, servirla, darla a conocer a los demás. En el libro del Eclesiástico 4, 33 “lucha por la Verdad hasta la muerte y el Señor Dios combatirá por ti”.
Durante el Concilio Vaticano II y mas propio en la Exhortación apostólica del Papa Beato Pablo VI la Evangeli Nuntiandi (cf. AG2; EN 14), indica que “la Iglesia existe para evangelizar” y que la identidad misma del pueblo de Dios es esencialmente acción y que su ser vale en la medida que hace que los hombres se encuentren con Jesús y se salven.

Por lo tanto, si has tenido un encuentro personal con Jesus de Nazaret al quien nos gloriamos en profesar y creemos, alabado sea el Señor.  Tu vida ha tenido un cambio, sino lo has tenido, en silencio pide al Espiritu Santo que venga a tu ayuda.  Pidele que te presente a Jesus de Nazaret, que te enseñe la vía de la verdad, el camino del amor no del odio y la división, que te ayude a discernir y a reconocer la presencia de Dios en tu vida.  Si puedes participar y acercarte a una parroquia, hazlo, si necesitas confesarte hazlo…no te demores, si te hacen la invitación a que participes en un retiro, intenta y ve.
Cuando la llama del corazón se enciende por el fuego del Espíritu Santo hay que cuidarlo para que no se extinga, pero también hay que echar carbón para mantener esa llama.  Y ¿Cuáles son los carbones espirituales que necesitamos?  Aquí te presento solamente cinco carbones espirituales esenciales:

  • Un carbón que se necesita en este caminar del discipulado es la oración, que tu oración no solo sea rezos, sino que se convierta en un dialogo de amor y amistad con el novio. Esto fomenta la relación, la confianza y sobre todo ayuda a reconocer la presencia de Dios.
  • Un segundo carbón que se necesita en este caminar es la recepción de los sacramentos.Acercarte a los sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación.  No se puede andar por la vida queriendo seguir a Cristo sin comulgar…Si hay algo que te detiene, haz un examen de conciencia, evalúa tu vida, tus acciones y frecuenta el sacramento de la Reconciliación para que puedas estar libre y limpio para recibir la Sagrada Comunión. 
  • Un tercer carbón que se necesita en este caminar es la formación permanente. La vida cristiana es un camino orientado hacia la hacia la plenitud de la madurez en Cristo (cf. Ef 4, 13).  Es decir, tomar cursos, seminarios, clases, retiros, talleres, congresos, conferencias, entrenamientos y para saber cuáles son los apropiados acércate a una Iglesia Católica que nosotros llamamos ‘parroquia’ y pregunta al sacerdote ¡Cuales te recomienda!

En el plan pastoral de Estados Unidos para la formación en la fe del adulto Sentíamos Arder Nuestro Corazón se define la esencia y la importancia de la formación de fe en el adulto:
“…el crecimiento en la fe de adultos debe servir de marco de referencia para la catequesis de otros grupos y edades.  Debe ser ‘el principio organizador, que da coherencia a los distintos procesos de catequesis que ofrece una Iglesia particular.’…Por lo tanto, toda catequesis se orienta hacia una profundización continua de la fe en Cristo.  Y entonces se ve cuan necesario es que la catequesis para adultos sea de la mas alta calidad y vitalidad.” (no. 41)

Uno de los mayores retos que existen en los laicos es la falta de formación.  Y no me refiero a un taller de un dia, que puede ayudar, al contrario el discípulo misionero tiene la necesidad y el deber de formarse de una manera organizada, coherente y sistemática.  En pocas palabras, la formación es permanente, no termina.  No se trata solo de ir a retiros o charlas donde se siente bonito o simplemente se alaba al Señor, se necesitan manos que pongan en práctica lo aprendido.  Recordemos las palabras de los dos hombre de blanco que se le presentaron a los apóstoles justo después de que el Señor Jesucristo ascendió a los cielos “Ellos seguían mirando fijamente al cielo mientras se alejaba. Pero de repente vieron a su lado a dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: Amigos galileos, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado volverá de la misma manera que ustedes lo han visto ir al cielo” (Hch 1,10).   He conocido a tantas personas de buen corazón que entraron con su llama bien encendida al servicio de la Iglesia pero al pasar de los tiempos la acumulación de los golpes de la vida y las frustraciones que se viven en las parroquias estas personas llegaron a enfriarse, se volvieron amargados, ¡se olvidaron del primer amor!  Hacen las cosas por rutina pero las energías o la motivación ya no están ahí como desde el principio.  Ojala y que usted no sea una de estas personas, y si esta, reconsidere lo que le sucedió a Saulo de Tarso en camino a Damasco “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?  Preguntó él: ¿Quién eres tú, Señor? Y él respondió: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.  Ahora levántate y entra en la ciudad. Allí se te dirá lo que tienes que hacer.” (Hch 9,4b-6)

Una vez más, Dios te pedirá que te levantes, siempre en marcha, siempre en camino, el discípulo misionero no puede flojear o estancarse espiritualmente.  San Juan Pablo II escribió  “que, para la catequesis, «la repetición rutinaria, que se opone a todo cambio, por una parte, y la improvisación irreflexiva que afronta con ligereza los problemas, por la otra, son igualmente peligrosas» La repetición rutinaria lleva al estancamiento, al letargo y, en definitiva, a la parálisis.” (Catechesi Tradendae, no. 17)

  • El cuarto carbón que recomiendo para mantener la llama encendida es la lectura diaria de la Biblia, la Lectio Divina es una poderosísima herramienta espiritual que lo lleva a uno a dimensiones que solo el Espíritu Santo puede. El discípulo misionero necesita nutrirse del testimonio escrito que conduce a la Palabra de Dios. 
  • El quinto carbón es practicar y vivir las Obras de Misericordia


OBRAS CORPORALES DE MISERICORDIA

  1. Dar de comer al hambriento
  2. Dar de beber al sediento
  3. Dar posada al necesitado
  4. Vestir al desnudo
  5. Visitar al enfermo
  6. Socorrer a los presos
  7. Enterrar a los muertos

OBRAS ESPIRITUALES DE MISERICORDIA

  1. Enseñar al que no sabe
  2. Dar buen consejo al que lo necesita
  3. Corregir al que está en error
  4. Perdonar las injurias
  5. Consolar al triste
  6. Sufrir con paciencia los defectos de los demás
  7. Rogar a Dios por vivos y difuntos


Y quisiera terminar con las palabras del Arzobispo Jose Octavio Ruiz Arenas quien es el Secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.

“El que permanece con Jesús, como él permanece en nosotros, se nutre continuamente de un amor que le permite mantener la frescura, es decir, la capacidad de estar siempre limpio (Jn 15,1-2).  No basta con introducir a los hombres a la fe mediante el anuncio del kerygma y la catequesis per-sacramental. Es necesario garantizar un proceso mistagógico permanente o, como lo expresaban los Lineamenta, es preciso “dilatar el concepto de catequesis”  de modo que la transmisión de la fe no se asocie a momentos ocasionales de la vida sino a la entera vida cristiana. En otras palabras, no basta plantar. Es necesario también regar. Aprender la doctrina, el arte del diálogo y el ejercicio de la caridad”[i]

AH

[i] https://jornadescastelldaura.wordpress.com/2013/01/22/mons-octavio-ruiz-arenas-la-importancia-de-formacion-permanente-para-los-nuevos-evangelizadores/

 

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¿A quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna

 529304_343624255715710_213384891_nPedro le contestó: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»” (Jn 6,68-69) Que palabras tan ciertas ¿a quién iríamos? Esta pregunta que la hace el mismo Pedro a Jesús después de ver que muchos de los supuestos discípulos dejaron de seguirle.  ¿No sucede lo mismo en nuestras familias? Aquellos que estaban con nosotros ahora son arrastrados por otros intereses.  Los domingos solo lo ven como un día de descanso y recreación pero ya dejaron de seguir al Señor, ya no se interesan por asistir a Misa, no le hayan sabor a las cosas de Dios, no frecuentan los sacramentos, no participan en la vida de la Iglesia, no se involucran en las cosas del Señor.  Nuestros jóvenes y niños nos cuestionan y a veces no encontramos respuestas a sus preguntas, imponen sus gustos y sus ideales y reemplazan a Dios ¿para que venir a Misa? ¡Que aburrido!  ¿No hemos entendido como Pedro? que solo tú Señor tienes palabras de vida eterna.  Pregúntese ¿Cuántas veces le he fallado al Señor como esos discípulos y le he dejado de seguir? Si hiciéramos una encuesta ¿dónde creen que el mundo de hoy iría? No necesitamos ser expertos en la materia de la comunicación, solo basta ver en la televisión, o escuchar en la radio, ver afuera en las calles.  Hay drogadicción, pandillerismo, violaciones, guerras, hambre, pobreza, prostitución, narcotráfico, brujería, hechicería, enfermedad, vicios, pleitos.

seguir-em-frente_thumb[4][1]Y ¿cuándo acudimos al Señor? Algunos recurrimos al Dios botiquín, que lo busco en mi baño como píldora para calmar mis dolores, lo busco en mi baño solo cuando lo necesito.  Y esto sucede, porque no hemos recorrido el camino con Jesús, no hemos tenido un encuentro personal con él, él quiere habitar, tenemos esa pereza espiritual y no queremos caminar.  De hecho, la cultura de nuestra sociedad tampoco ayuda, hay tantos “drive-thru” para pedir lo que me complazca sin tener que bajar del auto, me da pereza inclusive de caminar físicamente, si somos de esos mucho más difícil será para nosotros caminar espiritualmente, emocionalmente y físicamente con el Señor.  Él nos lo dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida” y este ‘iríamos’ implica un caminar, el hacer un esfuerzo, el dejar que el viento del espíritu santo conduzca mi vida, ya que el “Caminar es un arte, porque si caminamos siempre deprisa nos cansamos y no podemos llegar al final, al final del camino. En cambio, si nos detenemos y no caminamos, ni siquiera llegamos al final. Caminar es precisamente el arte de mirar el horizonte, pensar adónde quiero ir, pero también soportar el cansancio del camino. Y muchas veces el camino es difícil, no es fácil. «Quiero ser fiel a este camino, pero no es fácil, escuchas: hay oscuridad, hay días de oscuridad, también días de fracaso, incluso alguna jornada de caída… uno cae, cae…». “Pero pensad siempre en esto: no tengáis miedo de los fracasos; no tengáis miedo de las caídas. En el arte de caminar lo que importa no es no caer, sino no «quedarse caídos». Levantarse pronto, inmediatamente, y seguir andando. Y esto es bello: esto es trabajar todos los días, esto es caminar humanamente. Pero también: es malo caminar solos, malo y aburrido. Caminar en comunidad, con los amigos, con quienes nos quieren: esto nos ayuda, nos ayuda a llegar precisamente a la meta a la que queremos llegar.”[1] Y ¿Cuál es esa meta?  La cruz, pero antes de hablar sobre la cruz quiero volver a recalcar el caminar en comunidad y les dejo otra historia con moraleja.

LA PARÁBOLA DEL MATRIMONIO

aguilaCuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

– Nos amamos – empezó el joven.

– Y nos vamos a casar – dijo ella.

– Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.

 Por favor, repitieron – ¿hay algo que podamos hacer? El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.

Hay algo, dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no sé…es una tarea muy difícil y sacrificada. No importa – dijeron los dos-. Lo que sea – ratificó Toro Bravo. Bien -dijo el brujo-. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?

La joven asintió en silencio.

Y tú, Toro Bravo – siguió el brujo – deberás escalar la Montaña del Trueno; cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta…¡salgan ahora!. Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur…. El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

¿Volaban alto?- preguntó el brujo. Sí, sin duda. Como lo pediste… ¿y ahora? – preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre? No – dijo el viejo-.

Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne – propuso la joven-. No – repitió el viejo-. Harán lo que les digo: Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero… Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.

Este es el conjuro…Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos pero jamás atados.

Medite

¿Me cuesta caminar? ¿Camino solo o con los demás? ¿Hay alguien a quien tengo atado y no he dejado volar?

“¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna”

Para nosotros los católicos este camino a la cruz que Jesús nos pide porque “tiene palabras de vida eterna” le pudiéramos llamar “Esperanza” es decir, esa virtud teologal que el Señor nos otorga como gracia para vivir y voltear la mirada fija al cielo como meta como la define el Catecismo de la Iglesia Católica es el “anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre” (no. 1818).  Y se me viene a la mente la película de Martin Sheen ‘The Way’ o el ‘Camino’ donde un reconocido oftalmólogo de California que un día recibe una llamada informándole de la muerte de su hijo, Daniel, en los Pirineos. Tom viaja a Europa para hacer todos los preparativos propios de una defunción pero, durante su estancia, descubre que Daniel estaba haciendo el Camino de Santiago y no pudo pasar de la primera etapa. Tom decide entonces ayudar a su difunto hijo a terminar el Camino de Santiago, llevando sus cenizas en una caja.

discipuloEl auténtico discípulo de Cristo reconoce que el camino es angosto pero si persevera y siempre con la gracia de Dios llegara a esa felicidad plena que solo Dios Nuestro Señor puede dar, donde las cargas de la vida propia se hacen ligeras, donde uno se mantiene optimista a pesar de las dificultades de la vida y no he permitido que nuestra esperanza desfallezca, donde uno aprende a no perder la paz de corazón y puede dar paz a los demás.  La misma vida de los santos atestiguan de esto, no fueron santos porque fueran perfectos y no tuvieran errores, al contrario son santos porque fueron imperfectos, débiles, con errores pero que aprendieron agarrarse de Dios y se dejaron suavizar por las caricias del Señor y lo hicieron vida propia.  Para muchos de los santos no fue fácil perseverar en el camino de conversión, ¿Cuántos de nosotros no tenemos el mismo desafío? La clave es la misma como lo fue para los santos y es de impulsarnos a cambiar, a convertirnos, a una radical conversión para ir al encuentro con Jesús.  Un discípulo de Cristo sin Cristo no es cristiano y mucho menos discípulo.  El discípulo auténtico tiene que aprender que para ir al encuentro con Cristo, tiene que dejarse alcanzar por Él, es dejarse transformar y configurar por Cristo con Cristo.  Es fijar nuestras miradas como el discípulo amado lo hizo al pie de la cruz, un Cristo sin cruz no es el mensaje de salvación.  Para muchos seguidores y cristianos que se dejan llevar por las cosas del mundo no han reflexionado sobre esto o se les ha olvidado la poca esencia de cristiano que llevaban consigo.  Por eso la belleza de nuestra Iglesia tiene crucifijos en cada una de sus parroquias, no porque seamos masoquistas y nos gusta ver a un Cristo muerto, al contrario para que NO se nos olvide que el amigo de Jesús tiene que recorrer este camino, un amor sin reservas, un amor radical, que tiene que aprender al igual que Jesús en la cruz a decir, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34), tal vez me haga de enemigos durante el camino, tal vez no entiendan mi conversión, tal vez levanten mentiras y faltas en contra mía, tal vez me acusen de charlatán o de falso, tal vez…. pero al final tengo que hacer estas palabras del Señor mías “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, en pocas palabras mi corazón ha aprendido a no guardar rencor, a no cultivar odio hacia los demás.   Un discípulo de Cristo tiene que caminar con Cristo como los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 36) y dejarse transformar por él.  La mejor manera que yo conozco donde ocurre esa transformación es precisamente en el altar de la Iglesia, cuando uno se acerca a comulgar, a estar con él y en él.  Una vez que esto sucede, la persona tiene que vivir esta pasión…si así es, ser apasionado en las cosas del Señor porque esto ayuda a vivir la vida como Cristo, no solo hablar de Cristo sino hablar con Cristo, estar con Cristo, aprender a cargar la cruz porque es el único camino que conocemos que conduce a la salvación, Jesús necesita varios Simón Cirene, aquel que ayudo al Señor en su pasión cargar la cruz, no hay otro camino más que este, un amor completamente radical que cambia y me transforma, solo cuando aprendo a verle y me dejo crucificar con Él.  Esto es la esencia del cristiano, amor divino y asentimiento total a la voluntad del Padre y esto no es una obediencia ciega.  ¿Cuántos cristianos especialmente católicos necesitan reflexionar sobre esto?  Ese fue el objetivo y meta de los santos, y ¿no es nuestra misma meta? De recorrer el camino con Cristo, para llegar al Padre, encontrarlo, escucharlo, obedecerlo, conocerlo pero sobre todo adorarlo y amarle.  Si queremos ser discípulos de Cristo tenemos que salir al encuentro de Cristo, tenemos que salir de nuestras vidas propias y dejar transfigurar mi vida a la de Cristo y asi las palabras del poeta “El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.” Un discípulo de Cristo, tiene que ser esa buena fragancia para los demás, tiene que dar testimonio de que Cristo vive en él/ella pero no solo de manera provisional, sino para SIEMPRE, ya que su amor y salvación por nosotros fue para SIEMPRE. “A quien iríamos, tú tienes palabras de vida eterna”.  Les comparto el siguiente cuento.

El Sueño de los tres árboles

Érase una vez, en la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles amigos que soñaban en grande sobre lo que el futuro deparaba para ellos. El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo: “Yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y de piedras preciosas. Yo seré el cofre de tesoros más hermoso del mundo”. El segundo arbolito observó el pequeño arroyo en su camino hacia el mar y dijo: “Yo quiero viajar a través de mares inmensos y llevar conmigo a reyes poderosos. Yo seré el barco más importante del mundo”. El tercer arbolito miró hacia el valle y vio a hombres agobiados de tantos infortunios, fruto de sus pecados y dijo: “Yo no quiero jamás dejar la cima de la montaña. Quiero crecer tan alto que cuando la gente del pueblo se detenga a mirarme, levanten su mirada al cielo y piensen en Dios. Yo seré el árbol más alto del mundo”.

Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles se convirtieron en majestuosos cedros. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña. El primer leñador miró al primer árbol y dijo: “¡Qué árbol tan hermoso!”, y con la arremetida de su hacha el primer árbol cayó. “Ahora me deberán convertir en un cofre hermoso, voy a contener tesoros maravillosos”, dijo el primer árbol. Otro leñador miró al segundo árbol y dijo: “¡Este árbol es muy fuerte, es perfecto para mí!”. Y con la arremetida de su hacha, el segundo árbol cayó. “Ahora deberé navegar mares inmensos”, pensó el segundo árbol, “Deberé ser el barco más importante para los reyes más poderosos de la tierra”. El tercer árbol sintió su corazón hundirse de pena cuando el último leñador se fijó en él. El árbol se paró derecho y alto, apuntando al cielo. Pero el leñador ni siquiera miró hacia arriba, y dijo: “¡Cualquier árbol me servirá para lo que busco!”. Y con la arremetida de su hacha, el tercer árbol cayó.

El primer árbol se emocionó cuando el leñador lo llevó al taller, pero pronto vino la tristeza. El carpintero lo convirtió en un pobre pesebre para alimentar a las bestias. Aquel árbol hermoso no fue cubierto con oro, ni contuvo piedras preciosas. Solo contenía pasto. El segundo árbol sonrió cuando el leñador lo llevó cerca de un embarcadero. Pero pronto se entristeció porque no era el mar sino un lago. No había por allí reyes sino pobres pescadores. En lugar de convertirse en el gran barco de sus sueños, hicieron del una simple barcaza de pesca, demasiado chica y débil para navegar en el océano. Allí quedó en el lago con los pobres pescadores que nada de importancia tienen para la historia. Pasó el tiempo. Una noche, brilló sobre el primer árbol la luz de una estrella dorada. Una joven puso a su hijo recién nacido en aquel humilde pesebre. “Yo quisiera haberle construido una hermosa cuna”, le dijo su esposo… La madre le apretó la mano y sonrió mientras la luz de la estrella alumbraba al niño que apaciblemente dormía sobre la paja y la tosca madera del pesebre. “El pesebre es hermoso” dijo ella y, de repente, el primer árbol comprendió que contenía el tesoro más grande del universo. Pasaron los años y una tarde, un gentil maestro de un pueblo vecino subió con unos pocos seguidores a bordo de la vieja barca de pesca. El maestro, agotado, se quedó dormido mientras el segundo árbol navegaba tranquilamente sobre el lago. De repente, una impresionante y aterradora tormenta se abatieron sobre ellos. El segundo árbol se llenó de temor pues las olas eran demasiado fuertes para la pobre barca en que se había convertido. A pesar de sus mejores esfuerzos, le faltaban las fuerzas para llevar a sus tripulantes seguros a la orilla. ¡Naufragaba!. ¡que gran pena, pues no servía ni para un lago!. Se sentía un verdadero fracaso. Así pensaba cuando el maestro, sereno, se levanta y, alzando su mano dio una orden: “calma”. Al instante, la tormenta le obedece y da lugar a un remanso de paz. De repente el segundo árbol, convertido en la barca de Pedro, supo que llevaba a bordo al rey del cielo, tierra y mares. El tercer árbol fue convertido en sendos leños que por muchos años fueron olvidados como escombros en un oscuro almacén militar. ¡Qué triste yacía en aquella penuria inútil, qué lejos le parecía su sueño de juventud! De repente un viernes en la mañana, unos hombres violentos tomaron bruscamente esos maderos. El tercer árbol se horrorizó al ser forzado sobre las espaldas de un inocente que había sido golpeado sin misericordia. Aquel pobre reo lo cargó, doloroso, por las calles ante la mirada de todos. Al fin llegaron a una loma fuera de la ciudad y allí le clavaron manos y pies.  Quedo colgado sobre los maderos del tercer árbol y, sin quejarse, solo rezaba a su Padre mientras su sangre se derramaba sobre los maderos. el tercer árbol se sintió avergonzado, pues no solo se sentía un fracasado, se sentía además cómplice de aquél crimen ignominioso. Se sentía tan vil como aquellos blasfemos ante la víctima levantada.

Pero el domingo en la mañana, cuando al brillar el sol, la tierra se estremeció bajo sus maderas, el tercer árbol comprendió que algo muy grande había ocurrido. De repente todo había cambiado. Sus leños bañados en sangre ahora refulgían como el sol. ¡Se llenó de felicidad y supo que era el árbol más valioso que había existido o existirá jamás pues aquel hombre era el rey de reyes y se valió de el para salvar al mundo![2]

Pídele al Señor que te de la paz que tanto anhelas, pídele que cambie tu corazón y pídele también que te de las fuerzas para que nunca lo abandones o lo dejes de seguir..

Oración Final

Misericordia

Ayúdame, Dios mío, por tu bondad
Perdóname por lo que he hecho mal, tú sabes cómo soy.
Yo sé que no miras lo que está mal, sino lo bueno que es posible.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me das sabiduría.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me dejes vagar lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Enséñame a vivir la alegría profunda de tu salvación,
Hazme vibrar con espíritu generoso:
entonces mi vida anunciará tu grandeza,
enseñaré tus caminos a quienes están lejos,
los pecadores volverán a ti.
Hazme crecer, Dios,
Dios, Salvador mío,
y mi lengua cantará tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera ritos sólo por cumplir, no los querrías.
Lo que te ofrezco es un espíritu frágil;
un corazón quebrantado y pequeño,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a tus hijos
haznos fuertes en tu presencia.
Entonces te ofreceremos lo que somos, tenemos, vivimos y soñamos, y estarás contento.

  • Desde el salmo 50[3]

 

[1] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/speeches/2013/june/documents/papa-francesco_20130607_scuole-gesuiti_sp.html

[2] http://www.corazones.org/jesus/poesia/sueno_arboles.htm

[3] http://www.pastoralsj.org/

“Las palabras que les he dicho son espíritu y vida”

 

maxresdefaultEscuché no hace mucho que la sobreinformación nos desborda, la información en este mundo, las tantas palabras que existen en el castellano.  Recientemente la Real Academia Española indico en un periódico de España que en su diccionario hay solamente 88,000 palabras sin contar las variantes.  88,000 palabras más le añadimos toda la información que se acumula alrededor del mundo, es difícil acumular tantos datos, compartirlo todo o disfrutarlo todo. Es algo que se cuela en nuestras vidas, en nuestros momentos personales, en los más íntimos incluso. La sobreinformación nos mantiene atados, nos genera agobio, a veces que no nos deja respirar, ni ser nosotros mismos. Y Jesus obviamente no está hablando de este sentido de palabra que se oye por audición, sino de esa palabra que se escucha y se hace carne, el Verbo Encarnado, que lleva a la felicidad y esta felicidad que Cristo nos ofrece es tan luminosa y clara que mucha gente no la ve. Él se ofrece como el Mana bajado del cielo y aun así muchos confundimos su mensaje con estrellas del antojo e ilusiones superficiales y endebles. Es más fácil perseguir la felicidad barata que este mundo ofrece a través de los sentidos, aquello que podemos consumir, aquello que podemos fácilmente sentir, que escuchar sus palabras que son espíritu y verdad. Pero, claro, cuando a veces esta felicidad verdadera se oculta, nos acobardamos y él nos recuerda que las palabras que nos ha dicho son espíritu y vida.  El mismo Nicodemo tiene dudas y cuestiona a Jesús:

“Nicodemo le dijo: «¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre para nacer una segunda vez?» Jesús le contestó: «En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.  Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Necesitan nacer de nuevo desde arriba”.  El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu.»” (Jn 3, 3-8).

Quiero compartirles el siguiente cuento con moraleja que les pueda servir como vemos la vida, como la sentimos, como la escuchamos.

 

Al otro lado de la ventana

Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba. Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones. Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas; las actividades y colores del mundo exterior. La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad. Según el hombre de la ventana describía todo esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos imaginaba; la idílica escena.

Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que; estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras. Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía. Se llenó de pesar y llamo a los ayudantes del hospital, para llevarse el cuerpo.. Tan pronto como lo considero apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambia encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación.

Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para alzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo el mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama… y se encontró con una pared blanca. El hombre pregunta a la enfermera que podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana. La enfermera le dijo:

“Quizás solo quería animarle a usted”.[1]

Es una tremenda felicidad el hacer felices a los demás, sea cual sea la propia situación. El dolor compartido es la mitad de pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble. Hoy es un regalo, por eso se le llama el presente, y en esto también consiste la santidad, en caminar juntos por que la meta es la cruz que nos debe llevar al cielo prometido, la vida eterna.

Pregúntese

¿Por qué me resulta difícil seguirle?

 

Es el mismo espíritu de Cristo Jesús que me renueva pero a veces señor me siento solo, mi vida no es vivir.  Reconozco que soy muy frágil, mi vida es un desierto, los días son oscuros y las noches sin final, no hay ningún amigo, mi vida es soledad.  A veces me pregunto cómo puedo vivir, sin luz, sin alegría, sin nadie junto a mi…Mas no encuentro respuestas, silencio hay en mi ser, en mi alma hay un vacío de desamor a vencer.  A veces siento deseos de llorar, de contarte mis penas, tu que todo lo ves, puedes darme respuesta, puedes darme la fe.  Mírame Señor, te seguiré, te tuve entre mis brazos, anoche te soñé, sentí que me mirabas diciéndome.  Escucha me dijiste, abre tu corazón, no me cierres tu alma, la respuesta soy yo.  El corazón del hombre fue echo para amor, y sin amor no vive se muere en soledad, las palabras que les he dicho son espíritu y vida.  Y en esto consiste la santidad, donde todos somos llamados, todos somos llamados a un nuevo comienzo en Cristo Jesús, todos somos llamados a renovarnos. Jesús envía su Espíritu a renovar la tierra y los corazones. Lo promete momentos antes de morir, y apenas resucitado lo cumple. Es el mejor legado que nos podía dejar. Con la fuerza del Espíritu vivida Él y ha llevado a cabo su obra. Tenemos un manantial de vida y de energía espiritual. Dondequiera que el Espíritu interviene suscita no solo fe, amor, esperanza, sino hombres creyentes, amantes, esperantes, y debido a eso trae la alegría de ser cristiano, la alegría de ser Católico.  Y esta alegría de estar con Jesús hace que sus palabras sean espíritu y vida y que se encarnen en mí.  “Los apóstoles jamás olvidaron el momento en que Jesús les tocó el corazón: «Era alrededor de las cuatro de la tarde» (Jn 1,39).”[2]

A veces me detengo a reflexionar sobre lo que la otra persona pensara de mi o que cosas le preocuparán, especialmente aquellas personas que nos topamos y que consideramos difíciles en tratar, que todo el tiempo se la pasan quejando y todo lo ven negro, que son miserables porque no tienen ni siquiera un momento de alegría, a veces quisiéramos aplicar el dicho de Martin Valverde “Dios Mío Ilumínala, o mejor dicho Dios mío elimínala”.  A todas esas personas, hay que ponerlas en nuestras oraciones, necesitan de nuestro ejemplo, necesitan de nuestra alegría, necesitan de nuestra fe, necesitan de nuestro amor.  Es el mismo espíritu y la vida de nuestro Señor quien nos impulsa a salir de nosotros mismos, de romper esos egos que tenemos dentro, que aprendamos a doblegar el orgullo, es el mismo espíritu de Jesús que cuando estoy triste, abatido es el que me levanta, me abre los ojos a la verdad, es el mismo espíritu de Jesús que resucito a Lázaro. Sus palabras son espíritu y vida y como discípulo las he hecho mías pero también me cuestiono ¿Cuántas palabras no hemos escuchado? ¿Cuántas palabras no hemos sentido? Pero también ¿Cuántas malas palabras hemos escuchado y desde nuestra misma boca hemos maldecido?  Se me viene una vez la imagen de la lengua, la lengua de serpiente que es difícil dominar pero fácil en destruir, en despedazar, en difamar en lastimar, esa lengua que dicen palabras que escupen veneno, no escupen amor.  ¡Cuántas veces Señor te ofendido! ¡Cuántas veces Señor se me ha olvidado aplicar las tres rejas! Te comparto la siguiente reflexión.

Contra Quien luchamos

Había un ermitaño que se quejaba muchas veces que tenía demasiado quehacer.
La gente preguntó cómo era eso de que en la soledad estuviera con tanto trabajo. Les contestó: “Tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león”. No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives. ¿Dónde están todos estos animales? Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron. Porque estos animales los tienen todos los hombres, ustedes también. Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo. Tengo que domarlos para que sólo se lanzan sobre una presa buena, son mis ojos. Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan. Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir, son mis dos manos. Y los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las cosas difíciles. Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta, son mis dos pies. Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas. Siempre está lista por morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula, si no la vigilo de cerca, hace daño, es mi lengua. El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día, es mi cuerpo. Finalmente necesito domar al león, quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso, es mi corazón.[3]

 

Reflexiona

 ¿Hay alegría en tu vida? ¿Hay algo en tu vida que hay que dominar? Escucha la melodía del siguiente canto

 

 

Oración final

En Busca de Dios

 

“¡Te necesito, Señor!,

porque sin Ti mi vida se seca.

Quiero encontrarte en la oración,

en tu presencia inconfundible,

durante esos momentos en los que el silencio

se sitúa de frente a mí, ante Ti.

¡Quiero buscarte!

Quiero encontrarte dando vida a la naturaleza que Tú has creado;

en la transparencia del horizonte lejano desde un cerro,

y en la profundidad de un bosque

que protege con sus hojas los latidos escondidos

de todos sus inquilinos.

¡Necesito sentirte alrededor!

Quiero encontrarte en tus sacramentos,

En el reencuentro con tu perdón,

en la escucha de tu palabra,

en el misterio de tu cotidiana entrega radical.

¡Necesito sentirte dentro!

Quiero encontrarte en el rostro de los hombres y mujeres,

en la convivencia con mis hermanos;

en la necesidad del pobre

y en el amor de mis amigos;

en la sonrisa de un niño

y en el ruido de la muchedumbre.

¡Tengo que verte!

Quiero encontrarte en la pobreza de mi ser,

en las capacidades que me has dado,

en los deseos y sentimientos que fluyen en mí,

en mi trabajo y mi descanso

y, un día, en la debilidad de mi vida,

cuando me acerque a las puertas del encuentro cara a cara contigo”.

 

Teilhard de Chardin[4]

 

[1] https://sabiasmoralejas.wordpress.com/tag/historias-con-moralejas/

[2] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium_sp.html#Alegría_que_se_renueva_y_se_comunica

[3] http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/8471044/Contra-quien-luchamos.html

[4] http://www.pastoralsj.org/

“Este lenguaje es muy duro”

tu-pan-nos-lleva-al-cieloComencemos pues partiendo del pasaje bíblico en el Evangelio de San Juan.

Así habló Jesús en Cafarnaúm enseñando en la sinagoga. Al escucharlo, cierto número de discípulos de Jesús dijeron: «¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá escucharlo?» Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les dijo: «¿Les desconcierta lo que he dicho? ¿Qué será, entonces, cuando vean al Hijo del Hombre subir al lugar donde estaba antes? El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida Pero hay entre ustedes algunos que no creen.» Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar. Y agregó: «Como he dicho antes, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.» A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. Jesús preguntó a los Doce: «¿Quieren marcharse también ustedes?» Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»” (Jn 6,59-69)

Estas reflexiones que les he compartido parten de mi propia experiencia que sé que no es ajena a la de ustedes. Yo soy tan pecador que puedo decir con toda honestidad que tengo cola que me pisen, ¿me siento orgulloso? No, pero ¿quién no se siente así? Por lo cual, recordemos las palabras claves para nuestros ejercicios durante esta Pascua y llevarlas a cabo en todo lo que hago “Misericordia y un corazón limpio”. Desde que me levanto, con mis hijos o tengo trato con mi cónyuge, en mi trabajo, a la hora de comer, a la hora de salir y encontrarme con la multitud de gente que habita en esta ciudad, hay que pedirle al Señor que tenga Misericordia de nosotros que nos dé un corazón limpio pero también a la vez, hay que ser nosotros mismos misericordiosos con nuestro prójimo, hay que tener corazón limpio hacia nuestro prójimo. Es muy fácil pedir estas cosas de Misericordia y un corazón limpio al Señor, y el Señor nos dice que si nos dará un corazón limpio, que si nos dará su Misericordia pero que compartamos este gran amor de Dios hacia los demás, nos pide que las llevemos a cabo, que seamos misericordiosos con los demás, que compartamos ese corazón limpio aquel que tanto necesita de un buen consejo, un hombro donde llorar, una mirada tierna que ver, que no seamos egoístas sino entregar todo, dar todo en esto consiste la Alegría del Evangelio. Es por eso que el evangelio que acabamos de escuchar se nos relata que había cierto número de discípulos, aquellos que se decían seguidores del Señor, aquellos que pareciera habían dejado todo por seguirle, aquellos que supuestamente habían dicho si a él, pero la reacción de ellos a mí me sorprende, ¿Qué no se supone que son discípulos del Señor? ¿Qué no se supone que aprendieron del Maestro, porque vivieron con él? Pero no, estos dizque ‘discipulos’ son los que algunos sacerdotes dicen que son ‘Cristianos con la biblia bajo la axila’, que en vez de vivir la Biblia, leerla, ponerla en práctica, más bien hacen eso, aparentan que la leen pero más bien la sofocan bajo sus brazos. Por eso la respuesta de los discípulos, “Este lenguaje es muy duro”, ¡que escandalo! esto que me dice el Señor no puede ser, ¿Quién puede seguirlo? Si lo que me pide es imposible.

Cuestiónese
¿Por qué me resulta difícil escuchar al Señor? ¿Alguna enseñanza de Jesús me escandaliza y me parece imposible de vivir?

Se me viene a la mente el pasaje del sacrificio de Isaac:

Dios quiso probar a Abraham y lo llamó: «Abraham.» Respondió él: «Aquí estoy.» Y Dios le dijo: «Toma a tu hijo, al único que tienes y al que amas, Isaac, y vete a la región de Moriah. Allí me lo ofrecerás en holocausto, en un cerro que yo te indicaré.»…. No toques al niño, ni le hagas nada, pues ahora veo que temes a Dios, ya que no me has negado a tu hijo, el único que tienes.»…. ya que has hecho esto y no me has negado a tu hijo, el único que tienes, te colmaré de bendiciones y multiplicaré tanto tus descendientes, que serán tan numerosos como las estrellas del cielo o como la arena que hay a orillas del mar. Tus descendientes se impondrán a sus enemigos. Y porque has obedecido a mi voz, todos los pueblos de la tierra serán bendecidos a través de tu descendencia. (Gn 22, 1-2.17-18)

Abraham, el padre de la fe pudo haber sido uno de estos discípulos que pudo haberse escandalizado y haber dicho que “lenguaje tan duro”, ¿quién podrá obedecerlo? me pides a mi único hijo lo más valioso, la clave está en que el Padre de la fe—Abraham, fue auténtico discípulo de Yavé porque lo conocía en verdad, él sabía que lo que le pidiera él se lo iba a multiplicar, él tenía la confianza en Dios y sabía que rescataría a su hijo, ya que Dios no desea la muerte de nadie. Un auténtico discípulo del Señor tiene esta característica, confía en él, sabe que el que tiene la última palabra es él. Con un poco de introspección descubriremos que muy frecuente vivimos con muchas preocupaciones y ansiedades. Esto puede ser causado por un sentido interior de nuestra propia vulnerabilidad e inpermanencia. Todos buscamos la seguridad, pero la clave está que la seguridad se encuentra en Dios y no en las cosas terrenales. Inclusive hasta cuando nos consideramos seguros, frecuentemente esa confianza es el resultado de ir sintiendo que podemos depender de nuestros talentos y esfuerzos, de nuestros logros y éxitos presentes, fe en un sistema o institución, la confiabilidad de otros y la esperanza de un buen futuro. Nos aferramos a estos salvavidas y queremos olvidar la profundidad del océano de nuestros temores e incertidumbres que nos amenazan y sentimos que perdemos el control. Todos estamos en busca de tierra firme, solidez, permanencia, y seguridad; buscamos salvación de lo que nos amenaza y de nuestra propia vulnerabilidad. Lo mismo le sucedió a los apóstoles en especial a Pedro

Inmediatamente después Jesús obligó a sus discípulos a que se embarcaran; debían llegar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Jesús, pues, despidió a la gente, y luego subió al cerro para orar a solas. Cayó la noche, y él seguía allí solo. La barca en tanto estaba ya muy lejos de tierra y las olas la golpeaban duramente, pues soplaba el viento en contra. Antes del amanecer, Jesús vino hacia ellos caminando sobre el mar. Al verlo caminando sobre el mar, se asustaron y exclamaron: «¡Es un fantasma!» Y por el miedo se pusieron a gritar. En seguida Jesús les dijo: «Ánimo, no teman, que soy yo.» Pedro contestó: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti caminando sobre el agua.» Jesús le dijo: «Ven.» Pedro bajó de la barca y empezó a caminar sobre las aguas en dirección a Jesús. Pero el viento seguía muy fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: «¡Señor, sálvame!» Al instante Jesús extendió la mano y lo agarró, diciendo: «Hombre de poca fe, ¿por qué has vacilado?» Subieron a la barca y cesó el viento, y los que estaban en la barca se postraron ante él, diciendo: «¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!» (Mt. 14, 22-33)

Barca solitariaEsto es muy interesante ya que nosotros buscamos tierra firme, solidez, permanencia y seguridad y a Noé lo puso a prueba con el diluvio mientras las aguas torrenciales golpeaban a la creación por su mala conducta, y que decir del Padre Abraham que le pide dos cosas muy grandes salir de la tierra de Ur, de ir a lo desconocido, donde no hay permanencia y tal vez no haya seguridad. Y también menciono a Moisés que es salvado de las aguas, que es tartamudo y le pide Yavé que libere a su pueblo, que se enfrente contra el gran opresor ante el faraón y que confié en él, aunque desobedeció de Yavé y no pudo entrar en la tierra prometida. Pero aun así, Yavé nunca lo abandonó, y que decir de San José, esposo de Maria y Padre Virginal de Jesús, San José es llamado el “Santo del silencio”, no conocemos palabras expresadas por él, tan solo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo. Tuvo confianza en el Señor y por último que decir de Pedro pescador, aquel que “Jesús dijo a Simón: «No temas; en adelante serás pescador de hombres.»” (Lc 5,10b) Porque es en el mismo océano, en el mismo mar como Noé, Moisés y Pedro donde se aprende a confiar en el Señor.

Jesus quiere pescadores de hombres, él no quiere campesinos ¿Cuál es la diferencia? La respuesta es simple, el campesino o agricultor se encamina todas las mañanas por el sendero que lo lleva a su terreno. Su itinerario es rutinario, incluso hasta sus animales van y regresan solos al campo ya que recorre el mismo camino. Sin embargo, en el caso del pescador es muy distinto. En el mar no hay veredas, siempre se va por nuevos rumbos, las olas nunca son las mismas, y cada día el viento sopla distinto. Esto significa que para nuestras vidas, si queremos ser auténticos discípulos de Dios, nuestras vidas tienen que cambiar, tenemos que dejarnos transformar por el viento del Espíritu Santo, que nos lleva por caminos y nuevos rumbos que desconocemos, solo lo que nos pide es que confiemos en él.

Te comparto el siguiente canto para tu meditación

 

Oración final

Tú me salvas

No te cansas de mí,
aunque a ratos
ni yo mismo me soporto.
No te rindes,
aunque tanto
me alejo, te ignoro, me pierdo.
No desistes,
que yo soy necio,
pero tú eres tenaz.
No te desentiendes de mí,
porque tu amor
puede más que los motivos

Tenme paciencia,
tú que no desesperas,
que al creer en mí
me abres los ojos
y las alas…

José Mª Rodríguez Olaizola, sj [1]

 

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[1] http://www.pastoralsj.org/

 

 

 

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