Category: Cuaresma


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El evangelio de hoy tomado de San Juan nos relata la cena que tuvo Jesús antes de la pascua.  De hecho es la tercera vez que Jesús es conmovido ante los hechos que señalan el inicio de la pasión (11,33; 12,27) e interesante que también Simón Pedro niegue a Jesús tres veces antes de que cante el gallo.  Alrededor de Jesús, de hecho a su derecha, se encuentra el discípulo amado.  Es el discípulo amado quien no tiene nombre, que está cerca del pecho de Jesús y le pregunta “Señor, ¿Quién es? [Quien lo traicionará], a lo cual, Jesús responde “aquel a quien yo de el trozo de pan que voy a mojar en el plato”.

Uno pudiera fácilmente como discípulo enfocarse en este pasaje y prestar atención a lo que hace Judas Iscariote, quien toma el pan donde “Satanás entro en él”.  Pero Jesús quien es amor, verdad y Misericordia responde con un gesto de amor para con Judas.  Es Satanás quien odia a Jesús, pero el amor y la victoria del amor ya están aseguradas y son más fuertes que el odio y la muerte.  ¿Cuántas veces no nos han traicionado personas muy cercanas? ¿Cuántas veces nos hemos sentido decepcionados?  El hombre tiende a inclinarse y a reclinarse por las cosas malas que nos pasa, pero hoy el evangelio nos indica que nos reclinemos por el pecho de Jesús, que no dejemos que Satanás entre en nuestras vidas para traicionarlo.  Que dejemos atrás la traición por la reclinación en el pecho de Jesús…..el escuchar el corazón de Jesús.

Un discípulo podrá negar a Jesús en sus limitaciones, miedos y fracasos pero si se arrepiente y se convierte como simón Pedro lo hizo, brotaran nuevos caminos hacia Jesús.  El amor en Jesús lo puede todo.  Nuestra vocación como discípulos es estar cerca con Cristo, escuchar y oír su corazón, sus sentimientos y pensamientos más íntimos que brotan de un corazón de amor, apasionado y vivo.  Es el latido del amor trinitario, la fuente de todo.  Es una íntima comunión con el Señor.  Es un contacto cálido de corazón a corazón.  Entre uno esté más cerca al corazón de Jesús, uno está muy cerca de Dios, ya que Jesús conoce al Padre quien lo envió a este mundo.

Dedica unos minutos y agradece a Dios por todos los momentos, experiencias, personas que te ha puesto en tu camino.  También, en silencio permanece allí reclinado en su pecho, escucha y oye su corazón.  Deja que Dios te hable.

AH

 

Discreción y Serenidad

 

virgoDios nos ha llamado, es la misma voz del Espíritu Santo y es en sí una vocación, es el deseo de emprender y buscar el Reino de Dios y dirigir toda mi persona hacia él. No soy yo el que te tiene aquí, es el Señor el que te ha llamado pero tú has escuchado, el Señor llama a todos pero solo pocos le escuchan y es en este encuentro personal que tengo con Cristo donde aprendo a reconocer que tengo que hacer su voluntad y no la mía “Es necesario que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30).  Los auténticos discípulos como lo hicieron los apóstoles, tuvieron la mirada fija en el cielo pero los pies bien firmes en el suelo y ¿esto de donde lo aprendieron? Del mismo Señor, acordémonos del lavatorio de los pies.  Los discípulos aprendieron a ser amigos porque aprendieron del propio maestro a ser sencillos como la paloma, a ser humildes y no prepotentes, a ser serviciales.

También me atrevo a decir que para ser amigos de Jesús sería bueno enfocarnos en Maria, la Madre de Dios.  Ella también enseña cómo ser una autentica discípula del Señor.  María es una discípula, no en el sentido histórico de que ella acompañara a Jesús durante su ministerio, sino en el sentido existencial de que ella escuchó la palabra de Dios y actuó según la misma.  Acepto la voluntad de Dios porque lo conocía, y algo que todo amigo de Jesús debe de tener es la escucha, la meditación y la contemplación al igual que María.  La Sagrada Escritura nos menciona lo siguiente “Cuando los pastores regresaron dando gloria a Dios por todo lo que habían visto y oído de parte de los ángeles. Se nos dice, “y María guardó (atesoraba) todas estas palabras en su corazón” y las tenía muy presentes (San Lucas 2, 19).  Es decir, María era una mujer discípula en toda la extensión de la palabra porque era una mujer de oración y apertura.  El amigo de Jesús debe ser una persona de oración y flexible. Es Maria la que lo llevo en su vientre, fue ella la que lo cargo, lo cuido y lo vio crecer, le dio de comer… tantos recuerdos tiene nuestra Madre Maria más que los propios apóstoles, ¿Qué Madre no conoce bien a sus hijos? Con mucho más razón Maria es Madre de Dios, Madre de la Iglesia, siempre tan discreta y tan serena.  Les comparto la siguiente reflexión.

El pañuelo de la Virgen Maria

Arrodillada frente a la cruz esta mujer a quien llamaban María, una y mil veces me pasaba por su rostro helado, pálido, casi blanco. Yo absorbía sus lágrimas que, primero lentamente y luego como una cascada, vertían sus ojos. No pude con mi genio. Con sutileza, aproveché el viento que comenzaba a correr suavemente y me solté de la mano de esta mujer tan angustiada. Caí al suelo para ver si lograba entender lo que ocurría y vi el rostro del que llamaba Hijo… sí el de la cruz… ¡no, no! Esto no es para mí ¿qué cosas habrá hecho este reo para merecer tanto castigo? Mucho he visto en mi vida, pero jamás un rostro que no parecía rostro. No comprendo cómo esta mujer decía que era su Hijo. ¿Cómo lo reconoció? ¿Estaría segura que era éste? Porque se podría decir que el madero que lo sostenía y Él eran uno solo. ¿Cómo puede una madre soportar tanta crueldad?

No me importó que me estrujara entre sus manos, que me mordiera hasta sacarme un trozo de tela. Más que pena y rabia, ella sentía un profundo dolor.  Sus amigos sostenían su cuerpo frágil,  la consolaban, la miraban, pero no había palabras que pudieran calmarla.

Jamás olvidaré sus ojos que, a pesar del llanto, destilaban tanto amor. Sólo soy un pañuelo, un retazo de tela que ella misma bordó, lavado muchas veces y secado a la sombra o a pleno sol. Quisiera ayudar a esta madre tierna que tiene en sus brazos a su Hijo, que dicen es Dios.

 Aún estoy en sus manos, pero no me estruja mientras llora en silencio. Ya no siento su dolor, estoy más tranquilo, diría que me siento en paz. Es que ahora sus manos me deslizan suavemente sobre el rostro inerte del que llaman… el Señor.[1]

 

Hay que pedir a nuestra Madre Maria Virgen que nos acompañe en este desierto, que nos ayude a escuchar la voluntad de su Hijo Jesús.  Escucha el siguiente canto y pídele a la Virgen que te ayude a escuchar la voz de su Hijo Jesus.

 

 

“Ustedes no me eligieron a mí”

 

No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, y Jesús tuvo 12 apóstoles como amigos, pero había uno en especial, no era conocido como el discípulo amado pero es en la figura de Simón Pedro que Nuestro Señor va dejar encargada su Iglesia.

 “Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que si guie ron a Jesús por la palabra de Juan. Encontró primero a su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías» (que significa el Cristo).  Y se lo presentó a Je sús. Jesús miró fijamente a Simón y le dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan, pero te llamarás Kefas» (que quiere decir Piedra).(Jn 1,40-42)

¡Cuantos Andrés no necesita la Iglesia hoy en día! tu puedes ser ese Andrés para otros.  Necesitamos llevar a nuestros hermanos al encuentro con Cristo.  Pregúntese ¿Cómo fue ese encuentro? ¿Cuál fue la impresión que Simón se llevaría de Jesus? o viceversa.  Ahora olvídese del nombre de Simón y ponga su nombre, ¿Qué impresión se llevaría el Señor en este momento de usted? ¿Qué impresión se llevaría usted del Señor?

Es Jesús mismo que llama, nosotros no lo elegimos a él, así como llamo a Pedro, a usted y a mi.  Llamo a pescadores y los hizo pescadores de hombres, es el mismo Pedro que viene siendo al mismo tiempo el que niega a Jesús pero crece como creyente, él es tan santo como pecador.  Fácilmente nos podemos identificar con él, porque él se nos presenta como alguien sumamente y sin lugar a dudas muy humano, demuestra un amor apasionado por el Señor pero también demuestra sus flaquezas y sus torpezas.  Podemos también contemplar todos los momentos en donde Pedro acompaño a Jesús, mientras curaba su Suegra, en la multiplicación de los panes, en la tempestad, en la pesca inmensa, en la transfiguración, en las parábolas, en la negación, en el kerigma.  Es el mismo Pedro que ha se entregado al Señor, solo que su vida ha dado un giro de 180 grados es decir se ha convertido al Señor, ahora le conoce y es dispuesto a dar su vida como lo hizo.  ¿Estás listo para que tu vida de un giro?  Pídele al Señor que envié su Espíritu Santo y él te llevara de la mano, veras que encontrarás la alegría de ser Cristiano(a) y te pondrá las formas y métodos para que lo sigas en su Iglesia a la cual él ha instituido.  Te comparto el siguiente canto de meditación.

http://es.gloria.tv/?media=190757

 

Oración Final

Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, no puede brotar la vida.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, lo único posible es el miedo.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, aparecen los fantasmas.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, la rutina lo invade todo.
Danos tu Espíritu, Señor,
Donde no hay Espíritu, no podemos reunirnos en tu nombre.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, se olvidan las cosas esenciales.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, no puede haber esperanza.[2]

 

 

 

[1] http://webcatolicodejavier.org/ElPanueloDelaVirgenMaria.html

[2] http://www.pastoralsj.org/

 

 

AH

 

reconcilacionEsta misericordia de Dios se nos da en la parábola del hijo prodigo, en el buen samaritano, en el Rico Epulón y el Pobre Lazaro, en la mujer adúltera  “El mundo de hoy tiene mucha necesidad de testigos. No tanto de maestros, sino de testigos. No hablar tanto, sino hablar con toda la vida: la coherencia de vida, ¡precisamente la coherencia de vida!”[1] San Francisco de Asís solía decir: “predicamos el Evangelio con el ejemplo, después con las palabras. Pero, antes que nada, es en nuestra vida donde los otros deben leer el Evangelio.”[2]  Y el Evangelio pide que “no hay amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos”.  Usted dirá creo que lo puedo hacer, pero solo por mis amigos, pero el Señor nos desafía todavía más:

Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo.»  Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores,  para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. Y si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se comportan así.  Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo.” (Mt 5,43-48)

En todo desierto de prueba, Dios tiene un oasis de consuelo para ti.  “Si amamos a Dios y a los hermanos, caminamos en la luz, pero si nuestro corazón se cierra, si prevalecen el orgullo, la mentira, la búsqueda del propio interés, entonces las tinieblas nos rodean por dentro y por fuera. «Quien aborrece a su hermano –escribe el apóstol San Juan– está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos» (1 Jn 2,11). Pueblo en camino, sobre todo pueblo peregrino que no quiere ser un pueblo errante.”[3]  El Señor Jesus nos pide que nos amemos de corazón que seamos misericordiosos como Dios es misericordioso pero solemos poner límites, fronteras, barreras.  Y lo hacemos de una manera tan humana, tan frágil que solemos marcar las diferencias de unos países con otros o para defendernos de los ataques de los demás.  Nos hace sentirnos confiados cuando hablamos de nosotros pero nos separa de los otros,  Jesús en su evangelio nos invita a romper barreras, a ir más allá de los límites, a sobrepasar fronteras.  “seremos juzgados por Dios según la caridad, según como lo hayamos amado en nuestros hermanos, especialmente los más débiles y necesitados.”[4] Pudieras decir ‘porque Dios no es siempre suave, fácil, envolvente y acogedor’. A veces te va a pinchar, te conmoverá hasta la entraña, te pedirá arriesgar y aceptar renuncias. El mismo nos retará a soñar con lo imposible, de nunca conformarnos con menos, es tiempo de que el cristiano se despierte y muestre con amor que este mundo puede ser renovado, puede ser mejor.  Te mostrará un amor que es horizonte inalcanzable, pero hacia él que querrás caminar todos los días. Tu vida ya no será la misma y no puede ser la misma, lo único que pide es que lo sigas, que tengas la confianza en él, él mismo te sacara de tus problemas, de tus vacíos, que para muchos te volverá absurdo ante los demás.  Te pedirá que no tomes atajos, si estos dejan víctimas pero que tomes tu cruz y lo sigas. Y, con todo, si algún día te sacude así, déjate zarandear, déjate agitar por las caricias de Dios, porque desde entonces te sentirás despierto, vivo y profundamente feliz.

Los llamo amigos

La amistad de los discípulos del Señor es libre, él no impone solo propone y nos enseña que así ha de ser la labor del discípulo de ir misionando compartiendo el evangelio, compartiendo el gran tesoro escondido que tantas personas necesitan escuchar, vivir y compartir, y ¿no es esto la santidad? ¡Escuchar el evangelio, vivirlo y compartirlo con los demás!  Vivir a los pies del Señor, uno aprende a ser santo como es él.   Hay muchos católicos que arrastran cadenas y quieren ser libres pero el demonio nos ha tendido la trampa una vez más de la indiferencia y del espejismo, nos hace pensar que somos libres cuando en verdad no lo somos, nos hace pensar que somos felices cuando en verdad no lo somos, nos hace creer un mundo de fantasía que se aparta de la realidad para tenernos adormecidos o simplemente ser indiferentes, para esto necesito aprender del Señor, necesito dejarme guiar por él, necesito vivir con él y en él y caminar con él.   Para esto, les comparto la siguiente moraleja:

El Elefante

2014-02-21-5793059580_8bd7aa0c7a_oCuando yo era chico me encantaban los circos y lo que más me gustaba eran los animales, de todos ellos el que más llamaba mi atención era el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de tajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Por qué no huye si aquello que lo sujeta es tan débil comparado con su fuerza? Cuando tenía cinco o seis años, pregunte a varias personas por el misterio del elefante y alguien me explico que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.  Hice entonces la pregunta obvia: Si esta amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Hace algunos años descubrí que alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: “El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño”. Cerré los ojos y me imagine al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujo, tiro y sudo tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para el. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvía a probar, y también al otro y al que seguía… hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal acepto su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque CREE QUE NO PUEDE.

El tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que se siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás… Jamás… intento poner a prueba su fuerza otra vez.[5]

Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas “no podemos hacer” simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo “no puedo… no puedo y nunca podre”, perdiendo una de las mayores bendiciones con que puede contar un discípulo del Señor: la fe.  La única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento TODO NUESTRO CORAZON y todo nuestro esfuerzo como si todo dependiera de nosotros, pero al mismo tiempo, confiando totalmente en Dios como si todo dependiera de él.  Esto es la medula del discipulado, todo depende de él.  El Señor forma a sus discípulos no como un cirquero a sus elefantes, sino como amigos, por eso hay que gritar a los cuatro vientos y decirle al mundo. “Es bueno seguir a Jesús; es bueno ir con Jesús; es bueno el mensaje de Jesús; es bueno salir de uno mismo, a las periferias del mundo y de la existencia, para llevar a Jesús.”[6]

¿Te ha sacudido Dios alguna vez?

Te comparto el siguiente canto para que lo escuches mientras haces tu meditación

Oración Final

Guíame, Señor

Guíame, Señor, mi luz,

en las tinieblas que me rodean,

¡guíame hacia delante!

La noche es oscura y estoy lejos de casa:

¡Guíame tú!

¡Dirige Tú mis pasos!

No te pido ver claramente el horizonte lejano:

me basta con avanzar un poco…

No siempre he sido así,

no siempre Te pedí que me guiases Tú.

Me gustaba elegir yo mismo y organizar mi vida…

pero ahora, ¡guíame Tú!

Me gustaban las luces deslumbrantes

y, despreciando todo temor,

el orgullo guiaba mi voluntad:

Señor, no recuerdes los años pasados…

Durante mucho tiempo tu paciencia me ha esperado:

sin duda, Tú me guiarás por desiertos y pantanos,

por montes y torrentes

hasta que la noche dé paso al amanecer

y me sonría al alba el rostro de Dios:

¡tu Rostro, Señor!

Henry Newmann[7]

[1] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/speeches/2013/may/documents/papa-francesco_20130518_veglia-pentecoste_sp.html

[2] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/speeches/2013/july/documents/papa-francesco_20130706_incontro-seminaristi_sp.html

[3] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/homilies/2013/documents/papa-francesco_20131224_omelia-natale_sp.html

[4] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/audiences/2013/documents/papa-francesco_20130424_udienza-generale_sp.html

[5] http://bloglenguayliteratura.wordpress.com/2007/02/19/el-elefante-encadenado-un-cuento-con-moraleja/

[6] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130324_palme_sp.html

[7] http://www.pastoralsj.org/

fano-alegria-inagotable“No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos”

Este amor de dar la vida por sus amigos se puede entender dentro del contexto del discipulado.  La palabra discípulo que significa aprendiz, alguien que se une con lealtad a las instrucciones y compromisos del maestro.  El Evangelio según San Mateo constituye una verdadera escuela de discipulado y misión.  Discípulo es una palabra importante para Mateo. Se encuentra 73 veces en su Evangelio, comparado con 46 y 37 veces en Marcos y Lucas. Es el único nombre que Mateo emplea para los seguidores de Cristo, y se junta frecuentemente con el verbo “seguir”, otro de sus vocablos favoritos.  Pero que se necesita para ser discípulo, bueno antes necesitamos el “llamado” o mejor dicho la “vocación”.  El Papa Benedicto XVI decía que “la vida cristiana comienza con una llamada y siempre es una respuesta, hasta el final”.[1]  Y continuaba diciendo “El Señor ha llamado a cada uno de nosotros con su nombre.  Dios es tan grande que tiene tiempo para cada uno, me conoce, conoce a cada uno de nosotros con su nombre, personalmente. (…) Creo que deberíamos reflexionar sobre este misterio una y otra vez: Dios, el Señor, me ha llamado, me llama, me conoce, espera mi respuesta como esperaba la respuesta de María, esperaba la respuesta de los apóstoles”.[2]  Para ilustrar lo que no es ser discípulo quisiera relatar lo siguiente:

ranasLas dos ranas

Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron cuan hondo éste era, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas. Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.

Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió, se
desplomó y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible.

Una vez más, la multitud de ranas le gritaba y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenía caso seguir luchando.  Pero la rana saltó cada vez con más fuerzas hasta que finalmente logro salir del hoyo.  Cuando salió, las otras ranas le dijeron: “nos da gusto que hayas logrado salir, a pesar de lo que te gritábamos”. La rana les explicó que era sorda, y que pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más y salir del hoyo.[3]

Perspectivas, ¿Cómo escuchas a Dios?

En medio de la sociedad consumista en la que vivimos, en la que se consume el ocio, el amor, las amistades, hasta las Navidades inclusive esta Cuaresma y en la que “si no sales en la foto, no has existido” si no tienes cuentas de redes sociales no existes.  Jesús nos invita a todo lo contrario, a vivir en humildad, sin alardear de nuestros actos, vivir en el amor de él.  Para entender el amor de Dios hago referencia a las Bienaventuranzas, de hecho muchos de nosotros nos hemos más o menos aprendido los diez mandamientos pero se ha dado usted cuenta que las bienaventuranzas son el nuevo decálogo, les da el fin definitivo, les da el nuevo sabor de cómo entender los diez mandamientos.  Yo lo invito, si no lo ha hecho que trate de aprenderse las bienaventuranzas como parte de su ejercicio cuaresmal.

Felices los que tienen el espíritu del pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.

Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia.

Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios.

Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios.

Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Felices ustedes, cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias.

Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así persiguieron a los profetas que vinieron antes de ustedes. (Mt 5,3-12)

piedrecita-corazonYo propongo dos palabras claves para vivir la cuaresma, y entender bien el desierto de nuestras vidas, misericordia y corazón limpio.  En ese lugar de silencio, de búsqueda, de aridez desnuda. Ese desierto donde no hay distracciones que a uno le permitan evadirse constantemente podemos encontrar la misericordia y hacer un corazón limpio. Por eso, no le dé miedo adentrarte en sus arenas. De hecho, lo necesitas.  Por eso el sabio refrán “escribe tus penas en arena y tu alegría sobre las rocas” y porque no, dar gritos del corazón y decirle ¡Señor ven a mi auxilio no puedo más!

De hecho, el salmo 107 así comienza ¡Den gracias al Señor porque él es bueno, porque es eterna su misericordia!

El mismo Señor Jesús lo pidió “Quiero misericordia, no sacrificios” (Mt 12, 7), cuando uno aprende a limpiar su corazón de todas las impurezas que ha ingerido y de las cosas con las que se ha manchado, uno aprende a ser misericordioso a ser compasivo como Dios que es misericordioso. Su vida toma un cambio distinto, aprendemos a ver a nuestro prójimo como hermano, empezamos a ver la vida como Cristo, no porque el mundo está cambiando y lo veas distinto, eres tú el que está cambiando estas siendo transformado y no es así lo que sucede precisamente en el altar de nuestras Iglesias, el Cordero de Dios se hace presente y pide que estemos en plena comunión con él, no solo para sentirme mejor, no solo por obligación, sino porque empiezo a reconocer que mi vida sin ti Señor no tiene sentido, no puedo yo transfigurarme como lo hiciste tu Señor porque no he aprendido a ser un pequeño Cristo como tú nos has pedido, no he aprendido a configurarme con Cristo.  No he entendido que necesito hacer espacio para que tu habites en mí, me preocupa lo que puedo dejar atrás, me da miedo lo desconocido, pero trata de no fijarte en lo que has perdido, sino enfócate en lo que te queda por ganar.  En este estado de purificación en el desierto, de tener un corazón limpio aprendo dos cosas de tu misericordia, que tu amor tiene dos formas, una de un corazón inmenso pero a la vez de una cruz. A veces racionalizamos tanto que las cosas simplemente no se dan, porque nuestras fallas tienen que sentirse para poder desprenderlas, por eso el poeta argentino Mario Benedetti  “El mayor error del ser humano es sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón”.

Se humilde para admitir tus errores, inteligente para aprender de ellos y maduro para corregirlos.    Es Dios quien transforma nuestras vidas y les da hondura y plenitud. Es Dios quien nos hace madurar y crecer, asumir la vida con toda su complejidad. El Dios que, infatigable, está trabajando en cada uno de nosotros.  Solo Dios puede hacer eso, solo Dios toca tu corazón como nadie lo ha hecho, solo Dios te da la fuerza para dar el próximo paso, Dios camina contigo no estás solo.  ¡Te doy gracias Padre, porque siempre me escuchas!

¿Dónde siento que Dios trabaja en mí?

Te comparto el siguiente canto para que lo escuches y te ayude en la reflexión.

Oración Final

 

Libérame de mí

Aquí estoy Señor,

doblado

como un signo

de interrogación

que espera

la respuesta

al ritmo urgente

del deseo tan tirano.

Endereza mi pregunta

y hazla un signo

de admiración agradecida.

Aquí estoy Señor,

hueco

como la palma de la mano,

hecha un cuenco

para recibir el agua

sin demora.

Distiende mis dedos

de mendigo ansioso

en un ágil gesto

de baile y alabanza.

Aquí estoy Señor,

curvado

como un anzuelo

que busca afilado

con su seguridad de acero

la presa tangible

como pago justo

a su esfuerzo tenso.

Ablanda mi rigidez

en el suave mecerse

del sedal sobre las olas.

Aquí estoy, Señor,

acogiendo tu don,

la alegría y la paz

de tu misterio.

  • Benjamín G. Buelta, sj[4]

[1]http://www.zenit.org/article-38554?l=spanishhttp://www.zenit.org/article-38554?l=spanish

[2] Ibíd.

[3] http://www.agustinos-es.org/parabolas/004/24%20-%20ranas.htm

[4] http://www.pastoralsj.org/

Dios“Este es mi mandamiento”

Comencemos pues partiendo del pasaje bíblico en el Evangelio de San Juan.

Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado.  No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos,  y son ustedes mis amigos si cumplen lo que les mando.  Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre. Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca. Así es como el Padre les concederá todo lo que le pidan en mi Nombre.

El fallecido y santo chileno Padre Alberto Hurtado, SJ una vez pregunto “¿a quienes amar? Y contesto a todos mis hermanos de humanidad.  Sufrir con sus fracasos, con sus miserias, con la opresión de que son víctimas.  Alegrarme de sus alegrías.” Y después pregunto “¿Qué significa amar? Amar es salvar y expansionar al hombre.”[1]  Es el mismo amor de Dios porque proviene de Dios ya que Dios es amor que hace que el corazón del hombre se ensanche.

Al escuchar estas palabras del evangelio el Señor Jesús es muy claro en lo que nos pide, si uno dijera bueno, el Señor nos ha dado tantas enseñanzas, están las parábolas, los milagros, los dichos, sus obras, perdonó a la mujer adúltera, resucito a Lázaro y a la hija de Nain, o la multiplicación de los dos pescados y cinco panes, tantas cosas que hoy se resumen en uno simple “que se amen unos a otros como yo los he amado” y ¿Cómo nos ha amado el Señor?

El Señor Jesus nos demostró su amor con un amor incomparable y único, totalmente se entregó por nosotros.  Así tenemos que amar al prójimo, hasta la entrega pero no siempre es así.  Mientras él nos ama con todo el corazón, nosotros muy apenas amamos al prójimo con una porción, o diríamos a nuestro modo de expresión, apenas.  Él perdona todas nuestras faltas, cubre todas nuestras miserias y repara todas nuestras fragilidades y nosotros muy apenas podemos cubrir nuestras fragilidades, muy apenas podemos reconocer nuestras faltas.  Y es precisamente uno de los  encantos del amor de Dios, saber que para ese amor nada de lo que llevamos en nuestro corazón es obstáculo.  ¡Cómo se dilata el corazón por la confianza, cómo descansa libre de toda preocupación con un amor así! Pues bien así debemos amar al prójimo, a pesar de su miseria, para que nuestra caridad sea un trasunto del amor que Nuestro Señor nos tiene.

oprimido1

Pero a muchos se nos ha olvidado, sufrimos de amnesia espiritual, dejamos enfriar el primer amor como se narra en el libro del apocalipsis y esta amnesia está muy pero muy abrazada de una fuerte dosis de indiferencia.  ¡Ya no nos preocupamos por los demás! ¡Ya no hay responsabilidad fraterna! Se nos ha olvidado como llorar por el marginado, por el oprimido! Esta cultura que vivimos nos ha hecho insensibles a los gritos de los demás que nos hace vivir en pompas de jabón ¡Ya no me preocupo por las cosas de Dios! Solo me atraen los placeres de esta vida, siento una gran energía al estar en las fiestas, me gusta socializar, me gusta pasar horas en mi celular, me gusta todo esto del mundo virtual, me gusta el dinero, el poder, el control, me gusta la tentación, la avaricia, me gusta lo prohibido, soy de los que me gusta de todo hablar menos de Dios, soy de los que vivo como los demás, menos como Dios me pide, soy de los que cargo esta pereza espiritual pero soy indiferente y no hago nada al respecto, porque ya me es indiferente si me hablan los padrecitos o los diáconos de Dios porque me da igual.  La indiferencia me lleva al conformismo.  Hablo del amor de Dios pero yo mismo no lo siento, ¡Como se atreve Dios pedirme que ame a los demás! Pero su palabra taladra mis oídos, su palabra es tan fuerte que aunque haga oídos sordos me dice lo siguiente:

“El que no ama está en un estado de muerte. El que odia a su hermano es un asesino, y, como saben, ningún asesino tiene la vida eterna.” (1 Jn 3, 15)

Esta indiferencia lástima tanto y a veces es producido por la envidia, el celo o el orgullo.  ¿Cuántos de nosotros hemos sido participes de esto? ¿Cuántos de nosotros no hemos sido víctimas también de esto? Y aun así, Dios nos llama amigos y nos pide eso, que aprendamos amarlo a Él primero, porque es cuando amamos a Él que aprendemos a amar a nuestro prójimo, esto rompe toda indiferencia ante mi hermano.  Para poder ilustrar mi reflexión, les comparto la siguiente:

LAS TRES REJAS

Un joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice:

-Escucha, maestro. Un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…

-¡Espera! –lo interrumpe el filósofo- ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

-¿Las tres rejas?

-Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

-No. Lo oí comentar a unos vecinos.

-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguién?

-No, en realidad, no. Al contrario…

-¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

-A decir verdad, no.

-Entonces –dijo el sabio sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.[2]

Desde mucho antes de que Nuestro Señor Jesucristo se encarnase, la Santísima Trinidad fuente del amor ya empapaba a esta creación de este gran amor que Dios tiene hacia nosotros, pero ahora se ha personificado, se ha hecho carne, ha habitado entre nosotros para que lo podamos sentir y vivir. Y aun así, no hemos entendido el amor de Dios.  ¿Cómo lo sé? porque una vez más, Satanás se ha infiltrado y ha traído su veneno del pecado en cada cosa y relación que tengamos, si alguna vez le has fallado a quien quieres sabes de qué te hablo. Entonces comprendes lo que es el dolor por las acciones. Entonces te das cuenta de lo humano que es el arrepentimiento. No sé, hoy en día hay muchas personas que siempre se reafirman en sus seguridades, no se arrepienten de nada, no lamentan nada…

Pero créame, si alguna vez hieres a quien te importa, por tu propio egoísmo, entonces entenderás lo que es el pecado, y lo que es la necesidad de perdón.  Pero hay que tener el valor de mirarse en un espejo interior, y pedir perdón por lo que se haya hecho mal. Pedir perdón con el compromiso de cambiar (o intentarlo).  Pedir perdón, porque sólo quien se siente reconciliado es capaz de acoger la limitación propia y ajena.

Estas reflexiones pueden ser personales pero también me dirigo a los matrimonios ¿Me esfuerzo para que crezca el amor entre los dos? ¿hay cariño, diálogo entre ambos, y responsabilidad compartida, o bien me preocupo sólo de mis cosas y me creo en el derecho de imponer siempre mis criterios? ¿Alimento mi matrimonio? O más bien ¿no hago nada para alimentar mi matrimonio? Con los hijos ¿Les dedico tiempo? ¿Les doy un buen testimonio de vida humana y cristiana? ¿Soy padre o madre de diálogo o simplemente impongo y no escucho? ¿he dado testimonio del amor de Dios en mi vida y hacia ellos? ¿Les he enseñado a compartir? Y si soy hijo ¿He dado gracias a Dios por mis padres a pesar de sus fallas y tal vez maltratos hacia mí? ¿Quiero a mis padres? ¿Les doy cariño y atención? En la familia ¿colaboro para que el clima familiar sea lo más positivo posible, de modo que todos podamos encontrarnos bien en casa? ¿Ayudo a los necesitados? En mi trabajo ¿soy solidario con los demás trabajadores, especialmente con los que están en peor situación que yo, o me desentiendo de los problemas colectivos? ¿Defiendo a los oprimidos? ¿Ayudo a los que lo pasan mal? ¿Me esfuerzo por corregir mis malas inclinaciones, como son el abuso en comer, fumar, gastar o beber u otro vicio parecido, o solo me preocupa mi satisfacción personal?

Son tantas las cosas que tenemos que reflexionar y es por eso es que necesitamos el desierto, porque es desprenderse de lo que me impide acercarme a Dios, y si no puedo acercarme a Dios como voy a sentir y vivir el amor de Dios, como voy a vivir ese mandamiento nuevo de que cuando alguien me hace una mala jugada, cuando alguien me da una puñalada por la espalda pensando que éramos amigos, como voy a vivir ese mandamiento nuevo si vivimos peleados como perros y gatos, pero el Señor Jesús me desafía, me incómoda, no me deja en paz, él es claro conmigo, simple y sencillo, me dice que  “no hay amor más grande que dar la vida por sus amigos”.

Al momento de hacer la oración final, te comparto un canto de reflexión para que te ayude en la meditación de lo que acabas de leer.

Oración Final

Tú me salvas

No te cansas de mí,

aunque a ratos

ni yo mismo me soporto.

No te rindes,

aunque tanto

me alejo, te ignoro, me pierdo.

No desistes,

que yo soy necio,

pero tú eres tenaz.

No te desentiendes de mí,

porque tu amor

puede más que los motivos

Tenme paciencia,

tú que no desesperas,

que al creer en mí

me abres los ojos

y las alas…

José Mª Rodríguez Olaizola, sj[3]

[1] http://www.sjmex.org/reflexiones/albertohurtado/urgido.pdf

[2]http://webs.ono.com/gsb/lastresrejas.html

[3] http://www.pastoralsj.org/

imagesEscuchar al Señor

Una señora decía tener un problema de audición y cada vez que se reunía con sus amigas tenía que preguntarles de qué hablaban. Un día decidió ir al especialista del oído para hacerse un examen. El doctor le dijo que tenía los medios más modernos pero que iba a usar el medio tradicional. Sacó su reloj del bolsillo y le preguntó si podía oír el tictac del reloj. Por supuesto, lo oigo muy bien, le contestó.  El doctor se alejó unos siete metros y, de nuevo, le preguntó si seguía oyendo el tictac.  Sí todavía lo puedo oír, contestó.

 El doctor salió del despacho y le preguntó: ¿y ahora oye el tictac?

 Sí, lejano, pero lo oigo.

 El doctor se sentó frente a la señora y le dijo: Su problema no es de audición. Su problema es de escucha. Usted no sabe escuchar.  Dios no te deja mensajes en la grabadora ni te envías faxes ni emails ni sabe el número de tu celular pero Dios sabe tu nombre y te llama por tu nombre. Te dijo un día en tu bautismo: Ricardo, tú eres mi hijo, yo te quiero. Y te lo sigue diciendo también hoy.

 Dios no habla como yo, pero habla.  Dios no llama a la puerta de los apartamentos como yo, pero llama a la puerta de tu corazón.

 Y es que Dios no está en la superficie de las cosas, de las palabras o de las miradas, Dios está en la profundidad de tu vida y de tu ser. Ahí has de encontrar su voz, su llamada y su amor. En la profundidad.  Dios llamó al joven Samuel cuatro veces mientras dormía. Y como no  conocía la voz de Dios fue a Elí, el sacerdote, y le dijo: “Aquí estoy, ¿para qué me llamaste? Era la única voz que conocía y quería ponerse a su disposición. Elí le dio esta consigna, si vuelves a ser llamado contesta: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.  Samuel creció y el Señor estaba con él. Y todo lo que el Señor le decía se cumplía:”[1]

 ¿Cómo escuchamos al Señor hoy en día? ¿Sabemos escucharlo?

130128-medico-curate-fanoPara disponernos a escuchar al Señor necesitamos estar en la misma sintonía y uno de los problemas que no permite estar en esta sintonía y nos ha marcado a cada uno de nosotros y nadie esta exento de esto es la envidia, la distracción y el ruido, pero enfoquémonos en la envidia.  ¿Cómo lo define la Iglesia? Lo define de la siguiente manera como un pecado capital. Designa la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea indebidamente. San Agustín veía en la envidia el “pecado diabólico por excelencia” (ctech. 4,8). “De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad” (s. Gregorio Magno, mor. 31,45).

 Y ¿cómo se concretiza esta envidia hoy en día? De la misma manera como se narra en el relato de Abel y Caín, en el celo, hoy inclusive hay personas que pudieran decir “¿Cómo tu tan joven puedes estar allí?” o “¡Nunca podrás predicar o ser grande como el/la compañero(a) que lleva muchos años en esto!” o “¡Lo hiciste bien pero yo hubiera hecho!” o “¡Así no es, Yo si se!” o el peor de todos “¡porque a el/ella sí y a mí no!”.  Esto va en contra del propio evangelio y va en contra de la propia naturaleza de ser cristiano.  Como diría San Ignacio de Loyola “no es el modo de proceder”.  El Papa Francisco recientemente dijo lo siguiente:

 “¡Atención a la tentación de la envidia! ¡Estamos en la misma barca y vamos hacia el mismo puerto! Pidamos la gracia de alegrarnos con los frutos ajenos, que son de todos.”[2]

 También recordemos las mismas palabras del Señor Jesus “Ves la pelusa en el ojo de tu hermano, ¿y no te das cuenta del tronco que hay en el tuyo?  ¿Y dices a tu hermano: Déjame sacarte esa pelusa del ojo, teniendo tú un tronco en el tuyo?  Hipócrita, saca primero el tronco que tienes en tu ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo de tu hermano” (Mt 7, 3b-5).

Para poder escuchar la voz del Señor, la voz del Espíritu tengo que reconocer mis fallas y para esto se necesita la humildad, ser pobres de espíritu donde reconozcamos que no somos grandes ni mucho menos perfectos, al contrario comencemos a reconocer que el mundo no gira a nuestro alrededor, que no podemos ser autosuficientes, que no somos “YO” el Mesías sino que aprendo a decir las palabras del propio Juan el Bautista “Es necesario que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30).

Es muy lamentable ver como pequeños grupos parroquiales o cristianos en general se dejan dominar y paralizar por la envidia y no dejarse guiar por el espíritu que trae paz, armonía y sentido de trabajar en comunidad.  Estos grupos son tóxicos para la vida de la Iglesia ya que ellos mismos se destruyen e infectan a los demás, siempre una persona envidiosa es una persona negativa.  En el evangelio de Mateo Nuestro Señor Jesucristo nos dice que hace a una persona impura “Lo que hace impura a la persona es lo que ha salido de su propio corazón. Los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona.” (7, 20-22).  Cuantos necesitamos escuchar esto, el Señor habla a través de su palabra, obra a través de su Iglesia y celebra su victoria en los Sacramentos. Para vencer a la envidia, una vez mi director espiritual me recomendó lo siguiente “Cuando tengas conversación o veas a alguien trata siempre de grabarte en tu corazón que al que ves es a Jesucristo y con quien conversas es con Jesucristo” Reconozco que esto no es fácil para nadie pero no es imposible, los grandes santos han dado muestra de ello y para esto necesito la ayuda de Dios para que así el pasaje de proverbios se quede grabado en mi interior “La paz del corazón fomenta la salud, pero la envidia corroe los huesos” (Prov. 14,30).

Una vez que escucho su voz tengo que aprender a reconocer que él me habla y que antes de hablar es necesario escuchar porque Dios habla en el silencio de tu corazón, y a la vez tengo que ser luz para las naciones, y hay dos maneras para difundir la luz “Ser la vela, o el espejo que la refleja”.  De hecho hay un refrán que se dice en la oración “No ores hasta que Dios te escuche, ora hasta que lo escuches a él”

Pregúntate ¿Están mis sentidos en la misma sintonía que el Señor? ¿Le puedo escuchar y reconocer?

 “se quedaron aquel día”

Juan nos dice que los discípulos “Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día” Nuestras vidas son una búsqueda constante, no nos hagamos falsas nociones pensando que el trabajar, educar y criar a nuestros hijos, o mejorar nuestro estatus social o relación de pareja nos van a llevar al lugar seguro de la felicidad, pueden ayudar pero no son la meta.  Por lo tanto, no nos hagamos ciegos y pensemos que por haber alcanzado sueños hemos llegado al final de nuestra búsqueda.  He escuchado personas decir “soy feliz, que más le puedo pedir a la vida”, pensar que la felicidad es esporádica y breve es un espejismo.  El evangelio de Juan dice “yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud” (10,10) Si permitimos que estos momentos bellos de la vida ofusquen nuestra búsqueda hemos perdido el gran tesoro, la gran perla, y esa búsqueda debe ser continua, debe ser renovada, debe crecer y debe de madurar, la búsqueda no es fácil pero si nos enganchamos de Cristo, si reclinamos nuestra cabeza al corazón del Señor “Quien es el camino, la verdad y la vida” el nos conducirá al Padre, ya que por sí solos no podemos y entenderemos las palabras del Señor “Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré.  Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso.  Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.»” (Mt 11,28-30).  En él está la verdad libre de engaños y mentiras, esta búsqueda que se puede traducir por “sed de Dios” es lo que dijo San Agustín “porque nos has hecho para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.  Esta búsqueda que cuestiona el propósito de mi vida, que me hace y debe hacerme cuestionar “¿quién soy yo para que te fijes en mi Señor? Esta búsqueda hoy se renueva especialmente en este tiempo de Cuaresma.

Por eso es preciso cuestionarse ¿Cómo escuchamos al Señor hoy en día? ¿Sabemos escucharlo?  Te comparto el siguiente canto para meditación.

Oración Final

Solo Tú

Porque nuestros proyectos se desmoronan y fracasan

y el éxito no nos llena como ansiamos.

Porque el amor más grande deja huecos de soledad,

porque nuestras miradas no rompen barreras,

porque queriendo amar nos herimos,

porque chocamos continuamente con nuestra fragilidad,

porque nuestras utopías son de cartón

y nuestros sueños se evaporan al despertar.

Porque nuestra salud descubre mentiras de omnipotencia

y la muerte es una pregunta que no sabemos responder.

Porque el dolor es un amargo compañero

y la tristeza una sombra en la oscuridad.

Porque esta sed no encuentra fuente y nos engañamos con tragos de sal.

Al fin, en la raíz, en lo hondo, sólo quedas Tú.

Sólo tu Sueño me deja abrir los ojos,

sólo tu Mirada acaricia mi ser,

sólo tu Amor me deja sereno,

sólo en Ti mi debilidad descansa

y sólo ante Ti la muerte se rinde.

Sólo Tú, mi roca y mi descanso

Javi Montes, sj[3]

[1] http://www.parroquiaelpilarsoria.es/02domb.htm

[2]http://www.vatican.va/holy_father/francesco/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium_sp.html

[3] http://www.pastoralsj.org/

papa_francisco_l_by_robertobizama-d5z69xqEl Papa Francisco recientemente dijo:

 “Un cristiano, si no es revolucionario, en este tiempo, ¡no es cristiano! ¡Debe ser revolucionario por la gracia! Precisamente la gracia que el Padre nos da a través de Jesucristo crucificado, muerto y resucitado, hace de nosotros revolucionarios, pues —cito de nuevo a Benedicto— «es la mutación más grande de la historia de la humanidad». Porque cambia el corazón. El profeta Ezequiel lo decía: «Arrancaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne». Y esta es la experiencia que vive el Apóstol Pablo: después de haber encontrado a Jesús en el camino de Damasco, cambia radicalmente su perspectiva de vida y recibe el Bautismo. ¡Dios transforma su corazón! Pero pensad: un perseguidor, uno que iba tras la Iglesia y los cristianos, se convierte en un santo, en un cristiano hasta la médula, ¡justamente un cristiano verdadero! Antes es un violento perseguidor; ahora se convierte en un apóstol, un testigo valiente de Jesucristo, hasta el punto de no tener miedo de sufrir el martirio. Aquel Saulo que quería matar a quien anunciaba el Evangelio, al final da su vida por anunciar el Evangelio. Es este el cambio, la mutación más grande de la que nos hablaba el Papa Benedicto. Te cambia el corazón; de pecador —de pecador: todos somos pecadores— te transforma en santo. ¿Alguno de nosotros no es pecador? Si hubiera alguno, ¡que levante la mano! Todos somos pecadores, ¡todos! ¡Todos somos pecadores! Pero la gracia de Jesucristo nos salva del pecado: ¡nos salva!”[1]

 En el evangelio de Mateo el Señor nos dice lo siguiente:

Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá la puerta.” (7,7)

 Y si el Señor nos hiciera la misma pregunta, de hecho nos la está haciendo ¿Qué buscan?  ¿sabrías que responderle? Esta tu corazón dispuesto en verdad para seguirle, ya que para seguirle implica una búsqueda constante.  El profeta Isaías dice:

Busquen a Yavé ahora que lo pueden encontrar, llámenlo ahora que está cerca.” (55,6)

 Esta búsqueda de Dios Yavé requiere un paso seguido después de haber estado en el desierto y ¿Qué es este paso? Este paso es salir de uno mismo, es de levantarse y tomar rumbo, es de permitirte caerte pero no dejarte estar caído, de hecho el Papa Francisco eso es lo que pide a la Iglesia entera.

 “¿qué ocurre si uno sale de sí mismo? Puede suceder lo que le puede pasar a cualquiera que salga de casa y vaya por la calle: un accidente. Pero yo os digo: prefiero mil veces una Iglesia accidentada, que haya tenido un accidente, que una Iglesia enferma por encerrarse.”[2]

Durante este tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos pide que vayamos a ese desierto de nuestras vidas y que nos despojemos de esas cosas que no nos permiten ser felices, de esas cosas que no nos permiten acercarnos al Señor, pero después de allí hay que levantarse hay que caminar no hay por qué correr, no hay necesidad de apresurarse, hay que caminar y el levantarse viene siempre acompañado de las críticas, de la burla, del pisoteo, del repudio.

 curacion-del-paraliticoJesús les anunciaba la Palabra, cuatro hombres le trajeron un paralítico que llevaban tendido en una camilla. 4 Como no podían acercarlo a Jesús a causa de la multitud, levantaron el techo donde él estaba y por el boquete bajaron al enfermo en su camilla. 5 Al ver la fe de aquella gente, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, se te perdonan tus pecados.» Estaban allí sentados algunos maestros de la Ley, y pensaron en su interior: 7 «¿Cómo puede decir eso? Realmente se burla de Dios. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?» Pero Jesús supo en su espíritu lo que ellos estaban pensando, y les dijo: «¿Por qué piensan así? 9 ¿Qué es más fácil decir a este paralítico: Se te perdonan tus pecados, o decir: Levántate, toma tu camilla y anda? 10 Pues ahora ustedes sabrán que el Hijo del Hombre tiene en la tierra poder para perdonar pecados.» 11 Y dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.» El hombre se levantó, y ante los ojos de toda la gente, cargó con su camilla y se fue.” (Mc, 2, 3-11)

Ningún cristiano es ajeno a esto a la burla, a la crítica, a la calumnia, al pisoteo, al repudio, especialmente cuando hay un giro en su vida, muchos no lo pueden creer, “pero que no era el borrachito” “que no era la que se metió con tanto hombre” “que no es el/ella la que está todo tatuado” y viene el Señor y nos llama directo al corazón y hay un cambio en nuestra vida para bien, pero rápidamente Satanás mete su cola en los planes del Señor para deshacerlos, aplastarlos y como me da tristeza ver entre los que nos llamamos Cristianos, calumniar, pisotear, criticar, pisotear a alguien o lastimar a nuestro hermano, cuando no hay caridad hacia uno mismo mucho menos habrá caridad para los demás.  Nadie aquí es perfecto solo nuestro Padre es perfecto y se me viene la carta de Santiago donde se nos dice:

 “El que no peca en palabras es un hombre perfecto de verdad, pues es capaz de dominar toda su persona. Poniendo un freno en la boca del caballo podemos dominarlo, y sometemos así todo su cuerpo. Lo mismo ocurre con los barcos: con un pequeño timón el piloto los maneja como quiere, por grandes que sean, aún bajo fuertes vientos. Así también la lengua es algo pequeño, pero puede mucho; vean cómo una llama devora bosques. La lengua es un fuego, y es un mundo de maldad; rige nuestro organismo y mancha a toda la persona: el fuego del infierno se mete en ella y lo transmite a toda nuestra vida. Animales salvajes y pájaros, reptiles y animales marinos de toda clase han sido y de hecho son dominados por la raza humana. Pero nadie ha sido capaz de dominar la lengua. Es un azote que no se puede detener, un derrame de veneno mortal. Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padre y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios.   De la misma boca salen la bendición y la maldición. Hermanos, esto no puede ser así. ¿Es que puede brotar de la misma fuente agua dulce y agua amarga?” (3, 2-11)

 La lengua, órgano que puede dañar y lastimar tanto sino se controla y se doblega, por eso la disciplina de la oración, el ayuno y la limosna.  Es precisamente en la cuaresma donde debemos ejercitar no tanto no comer carne roja, o comer carne sino hay que tratar no comer carne de prójimo, no al chisme, no a la calumnia y “también a nosotros nos hará bien preguntarnos: ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Sí, tú eres el guardián de tu hermano. Ser persona humana significa ser guardianes los unos de los otros. Sin embargo, cuando se rompe la armonía, se produce una metamorfosis: el hermano que deberíamos proteger y amar se convierte en el adversario a combatir, suprimir. ¡Cuánta violencia se genera en ese momento, cuántos conflictos, cuántas guerras han jalonado nuestra historia!”[3]  Y lo más triste es que todos nosotros tenemos algo de Caín, cuantos Abeles no han muerto por nuestra mentira, por nuestra difamación, por nuestra calumnia, por nuestro chisme, por eso Madre Teresa de Calcuta una vez dijo “Prefiero cometer errores con gentileza y compasión antes que obrar milagros con descortesía y dureza”.

 Pero no dejes si el Señor te llama y te pide que te levantes, levanta tu mirada, busca su perdón, busca su gracia y el mejor lugar para encontrarlo cara a cara es, si en la oración pero de una forma especial es en el Sacramento de la Reconciliación.  Búscalo, él te espera con los brazos abiertos, él sabe que estas herido, él sabe tus huecos y tus fallas, el conoce muy bien tu vida aunque no le hayas permitido estar a él en la tuya, hay que confiar en Dios, si confiamos en Dios podemos pasar las aguas profundas de nuestra vida, si Dios hizo el gran Milagro con Noé y el diluvio y no lo ahogo sino lo salvo de la destrucción y si Moisés pudo cruzar el Mar Rojo mientras se apresuraba el faraón con sus tropas con mucho mayor razón obrara grandes milagros en tu vida y sentirás como Pedro que te ahogas por tu poca fe pero no te abandonara, él nunca abandona.  Para ilustrar mi reflexión, les comparto la siguiente historia:

Zanahoria ¿Zanahoria, huevo o café?

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y lo difíciles que le resultaban las cosas. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija le dijo:  “Querida, ¿qué ves?”  “Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta.  La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente la hija preguntó:

“¿Qué significa ésto, padre?”

 El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

“- ¿Cuál eres tú?”, le preguntó a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido? ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

Y tú, ¿cuál de los tres eres?[4]

Mientras reflexionas sobre la siguiente cuestión te comparto este canto para que lo medites y te ayude en tu reflexión.

Oración

Libra mis ojos de la muerte

Libra mis ojos de la muerte

dales la luz que es su destino.

Yo, como el ciego del camino,

pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos

una herramienta constructiva;

cura su fiebre posesiva

y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,

al que se queja y retrocede;

que el corazón no se me quede

desentendidamente frío.

 

Guarda mi fe del enemigo

(¡tantos me dicen que estás muerto…!)

Tú que conoces el desierto,

dame tu mano y ven conmigo.

  • José Luis Blanco Vega, sj[5]

AH

[1]http://www.vatican.va/holy_father/francesco/speeches/2013/june/documents/papa-francesco_20130617_convegno-diocesano-roma_sp.html

[2] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/speeches/2013/may/documents/papa-francesco_20130518_veglia-pentecoste_sp.html

[3]http://www.vatican.va/holy_father/francesco/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130907_veglia-pace_sp.html

[4]http://www.corazones.org/articulos/anecdotas/zanaoria_huevo.htm

[5] http://www.pastoralsj.org/

Vengan-y-veran“Vengan y lo verán”

Muy a menudo nos dejamos acarrear por las preocupaciones de la vida y perdemos el verdadero sentido el de por qué estoy yo aquí, ¿Cuál es el propósito de mi vida? Algunos dirán “a veces las cosas no me salen como yo planeo”, o “he perdido el sabor y la alegría de hacer las cosas con amor”, “lo único que recibo son órdenes y una lista inmensa de tareas por hacer” o “me he dejado llevar por la rutina de la vida”.  Algunos dirán, “mi vida es un desorden” o “he fallado muchas veces que me siento indigno de acercarme a ti Señor”, o tal vez dirán “¿Señor no sé cómo acercarme?” Todas esas cuestiones tal vez los discípulos la tenían y fueron respondidas cuando “Jesús les dijo: «Vengan y lo verán.» Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día.” (Jn 1,39)  A lo cual nos lleva ¿Qué los cautivo tanto como para que pasarán el resto del día con Él, y después dejaran todo y lo siguieran? Lo interesante es que Jesús les dice que “Vean” por qué es a través de nuestros sentidos que podemos captar la presencia del gran Misterio que habita en Jesús.  “Tal vez alguno de nosotros puede pensar: mi pecado es tan grande, mi lejanía de Dios es como la del hijo menor de la parábola, mi incredulidad es como la de Tomás; no tengo las agallas para volver, para pensar que Dios pueda acogerme y que me esté esperando precisamente a mí. Pero Dios te espera precisamente a ti, te pide sólo el valor de regresar a Él.”[1]  La primera invitación que Jesús hace a toda persona que ha vivido el encuentro con Él, es la de ser su discípulo, para poner sus pasos en sus huellas y formar parte de su comunidad.  Es esta experiencia de los discípulos, este encuentro personal con Jesús que hay una conversión en sus corazones, ya no son los mismos discípulos, ahora sus inquietudes tienen sentido, sus preocupaciones se desvanecen pero sobre todo han rejuvenecido, han encontrado la paz y la alegría de estar con el Mesías, el amor de Dios encarnado.  ¡Nuestra mayor alegría es ser discípulos suyos! Estar con él produce un gozo inmenso, escucharlo hablar y verlo obrar produce una inmensa alegría.  “La vida de los cristianos dormidos es una vida triste, no es una vida feliz. El cristiano debe ser feliz, la alegría de Jesús. ¡No nos durmamos!”[2]  La Biblia nos dice “fueron y vieron donde vivía” y añadiría una cosa más al ver donde vivía lo CONOCIERON, hay una gran diferencia entre saber y conocer.  Usted puede saber sobre la mecánica pero ¿la conoce? para decir puedo aplicar la mecánica.  Usted tal vez pueda saber sobre tintes de pelo pero ¿sabe cómo aplicar un buen tinte de pelo si se lo piden?  Usted tal vez pueda saber de matemáticas pero ¿las conoce bien para poderlas aplicar en proyectos de ingeniería o finanzas?  Usted tal vez pueda saber las reglas del boxeo pero puede usted describir ¿que se siente al recibir un gancho al hígado si nunca ha recibido uno?, lo mismo sucede cuando establecemos una relación.

1922253_493177470787113_1435425864_nSupongamos que hay dos chicos de 16 años juntos en la preparatoria y están en el mismo salón de clases donde una bella chica capta la atención de uno de ellos (Javier).  Javier regresa todos los días con su compañero de clase y lo único que hace es hablar de esta muchacha, de su pelo, de su rostro, de sus gustos, o del tipo de ropa que usa, pero le da miedo o tal vez timidez acercarse y hablar con ella.  Al pasar de las semanas, Javier se dispone y se arma de valor para acercarse a esta chica, pero vaya sorpresa, la chica ya tiene novio y es otro compañero de clase.  Mientras Javier sabía algo de ella y pasaba sus horas hablando de ella, el otro muchacho hablaba con ella y la iba conociendo.   Así sucede nuestra relación hacia Dios, muchos saben de él, inclusive pasan horas hablando de él, pero no se atreven acercarse a comulgar, mucho menos hablar con él, por lo tanto la relación no ha crecido y mucho menos ha madurado.  En esta cuaresma es precisamente esto, cuando los cristianos mudamos la piel del corazón, de dejarnos transformar, de tener nuestros corazones de roca que se han endurecido ya sea por los golpes de la vida, las malas jugadas, las puñaladas que tal vez no esperábamos y este corazón se ha vuelto duro pero tiene muchas grietas o cicatrices que si permitiéramos que su Cuerpo y su Sangre entrara en nosotros desprendería y haría de estas grietas más grandes para que al final estas grietas ya no tengan de donde prenderse, ya que la misma grieta rompe la roca y esa roca dejaría de existir para dar paso y dejar que el corazón de carne salga a relucir y es por eso que necesitamos el desierto donde hay escasez de todo de agua, de distracciones, hay escasez de alimentos, hay escasez de entretenimiento, hay escasez de trabajo y la imagen del desierto puede pensarse en total aridez y desolación, donde las mañanas son extremadamente calientes y las noches extremadamente gélidas y se me vienen a la cabeza las imágenes de nuestros hermanos inmigrantes que dejan sus tierras, sus terruños para viajar a un país desconocido, una cultura diferente, un idioma distinto, un modo de vivir distinto y cruzan por los crueles desiertos de este país, recemos por cada uno de ellos.  Pero también el mismo desierto es una  paradoja, en el desierto puede haber escasez de todo menos de dos sujetos muy importantes, el Creador y usted.  Es en el desierto donde uno entra en ese examen de conciencia para purificar y quitar esas cadenas, el desierto es la penitencia íntima del espíritu, el lugar de la lucha entre Dios y el ángel del mal, el lugar de la tentación pero sobre todo, es oración. Solamente cuando nos despojamos de cosas queridas y nos exiliamos de nosotros mismos, comenzamos a tener a Dios a la vista y a mirar con una visibilidad nueva a los hombres.  Ese desierto todos los tenemos, mi desierto es ese lugar donde mejor se descubre el conflicto de las pasiones. En mi desierto la Palabra de Dios se convierte en maná que nutre y en agua que apaga la sed. Ir al desierto es caminar con Dios hacia la libertad, abandonando los valores esclavizantes de la sociedad. En el desierto, donde es tierra sin caminos, se comprende mejor que el camino de Dios es su actividad salvadora. Y ¿Cuál es ese camino de Dios? Eso es tema para otra reflexión pero el camino de Dios es actuar siempre según su voluntad.  En el desierto también nos topamos con aquello que no nos gusta, con aquello que me incomoda, con aquello que se que tengo que cambiar y a la vez entra el tentador, el Padre de la mentira (Cf. Jn, 8,44), aquel que nos confunde, nos infla el ego y nos hace creer que somos autosuficientes, que nos dice que no necesitamos de Dios, que no creamos en él.  Es en el desierto donde uno debe de penetrar a esos rincones obscuros de nuestra vida y pedirle al Señor que envié su Espíritu Santo ya que necesito su gracia para cambiar de rumbo y orientar mi vida hacia Él, así como Jesus hizo con Pedro al caminar sobre las aguas.

Antes del amanecer, Jesús vino hacia ellos caminando sobre el mar. Al verlo caminando sobre el mar, se asustaron y exclamaron: «¡Es un fantasma!» Y por el miedo se pusieron a gritar. En seguida Jesús les dijo: «Ánimo, no teman, que soy yo.» 28 Pedro contestó: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti caminando sobre el agua.» Jesús le dijo: «Ven.» Pedro bajó de la barca y empezó a caminar sobre las aguas en dirección a Jesús. Pero el viento seguía muy fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: «¡Señor, sálvame!»  Al instante Jesús extendió la mano y lo agarró, diciendo: «Hombre de poca fe, ¿por qué has vacilado?» Subieron a la barca y cesó el viento, y los que estaban en la barca se postraron ante él, diciendo: «¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!» (Mt 14, 25-33)

desierto 4Es en el desierto también donde nos da miedo a estar solos porque nos encontramos inmunes, estamos tan acostumbrados y tan saturados de que el ruido y la distracción del mundo constantemente envía mensajes para que la persona se sature de todo este ruido y no hagamos espacio para el silencio de Dios.  Si el desierto de nuestras vidas gritaran que ensordecedor ruido habría en este mundo, ya que todos estamos heridos y es en este dolor de nuestras almas que el Señor Jesús quiere hablarte, quiere limpiarte, quiere tomar tus heridas y curarlas.  Y creemos que en el desierto de nuestras vidas es para esconderlas, hacerlas a un lado, inclusive cuando el hombre piensa que alejándose de Dios se encontrará, vaya sorpresa su existencia fracasa.  Hagamos pues una pausa y cuestiónese ¿Qué hago para callar el pecado de la crítica? ¿Qué hago para evitar la calumnia contra mi hermano? ¿Cuál es mi desierto? ¿Cuáles son mis lagunas físicas, mentales, espirituales y emocionales? ¿De que tengo hambre y sed?

AH

[1] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130407_omelia-possesso-cattedra-laterano_sp.html

[2]http://www.vatican.va/holy_father/francesco/audiences/2013/documents/papa-francesco_20130424_udienza-generale_sp.html

1274635361Quisiera partir de la misma Palabra de Dios, ya que es la misma Palabra la que nos debe hablar al corazón.  En el evangelio de San Juan se lee lo siguiente:

 “Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo en el mismo lugar con dos de sus discípulos. 36 Mientras Jesús pasaba, se fijó en él y dijo: «Ese es el Cordero de Dios.» 37 Los dos discípulos le oyeron decir esto y siguieron a Jesús. 38 Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó: «¿Qué buscan?» Le contestaron: «Rabbí (que significa Maestro), ¿dónde te quedas?» 39 Jesús les dijo: «Vengan y lo verán.» Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día.”

 Hay algo dinámico e interesante que se nos relata en este pasaje bíblico, es Jesús que “pasaba”, el Mesías que sale al encuentro con el ser humano y estos dos discípulos de Juan tienen inquietudes y ¿no pasa así con nosotros mismos? Si con usted, conmigo y con nuestros hermanos allá fuera.  Todos nosotros tenemos inquietudes y preocupaciones

 ¿por que hay que dormir cuando tengo tantas cosas que quiero hacer?

¿por que el día solo tiene 24 horas y nunca puedo hacer todo lo que quiero hacer?

¿por que siempre los lunes me cuesta comenzar mi jornada?

¿por que siempre que tienes un buen día viene alguien y te complica la vida?

¿por que no puedo hacer lo que siempre quise hacer?

¿por que digo que no pero pienso en si?

¿por que unos tienen miles de millones y otro se mueren de hambre?

¿por que uno trabaja toda su vida y cuando acaba de pagar la hipoteca en lugar de ser libre tiene que ir al medico para que le cure de una cosa o otra?

¿por que la gente se muere?

¿Qué voy hacer cuando sea grande?

¿por queeeeeeeeeee???????

Pero aquí los discípulos buscan algo más que inquietudes y se dejan atraer por el magnetismo de la persona de Jesús.  El Señor se da cuenta de que lo siguen y no los deja esperando, no se vuelve duro hacia ellos o arrogante en su respuesta, no se comporta como un funcionario público que solo responde cuando él disponga de tiempo.  Por eso, nuestras inquietudes, súplicas y rezos son escuchados, tenemos esa certeza de que el Señor no hace oído sordo a nuestras plegarias.  Al contrario solo quiere saber ¿que buscas con tus inquietudes? ya que él les pregunta a los dos discípulos ¿Qué buscan? Y no es así la misma pregunta para usted y para mi ¿Qué buscamos hermanos?  Algunos diremos pues buscamos la felicidad, otros dirán buscamos entretenernos ya que la vida es corta, o buscamos ganarnos la vida, mejorar nuestra calidad de vida, y otros dirán buscamos llenar esos huecos espirituales que tenemos, etc…

Reflexione y cuestiónese ¿Busca sinceramente a Dios?

Los discípulos le contestan a Jesús refiriéndose como Maestro pues reconocen la sabiduría divina en su persona, y los discípulos no contestan enlistando todas sus inquietudes o preocupaciones sino responden con una sencilla declaración ¿Dónde te quedas?  En pocas palabras ¿dónde vives? Los discípulos no preguntan quién es, sino donde te quedas porque quiero irte a buscar, quiero irte a visitar, quiero estar contigo.  Los discípulos no buscan algo, sino buscan a ALGUIEN y la primera enseñanza que el Señor nos deja es precisamente esto buscar a la persona de Dios y no tanto como ganarnos la vida, la felicidad, o el placer, esto viene por añadidura.

 “No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? 32 Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. 33 Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.” Mt 6, 32-33

 Y no hacemos nosotros lo mismo, cuando sabemos que tenemos una cercanía con una persona, queremos pasar tiempo con ellos, queremos saber dónde vive, queremos ser parte de sus vidas, queremos ser buenos amigos.  Regresando al pasaje bíblico pudiera uno especular con los discípulos lo siguiente, tal vez no te conozco bien pero yo te pregunto ¿Dónde te quedas?, tal vez eres tú lo que mi vida siempre ha anhelado pero yo te pregunto ¿Dónde habitas?, tal vez eres tú la respuesta a mis anhelos más profundos de mi corazón, tal vez no tengo la certeza o la seguridad de ¿Quién eres? Pero yo te pregunto ¿Dónde vives? Pero estoy dispuesto a buscarte, a pasar tiempo contigo, a crecer contigo, a dejarme guiar por ti.  He aquí lo que yo llamo este encuentro de los dos discípulos de Juan con Jesús “amor a primera vista” y te pregunto a ti “¿Te has enamorado de amor a primera vista? Y si la respuesta es si, ¿no haces todo lo posible para vencer cualquier obstáculo? pues el Señor se ha enamorado de cada uno de nosotros, ha tenido este “amor de primera vista” y ha roto todos los obstáculos porque lo quiere es tener una cercanía contigo, quiere que lo conozcas, que lo sigas.  “Para Dios no somos números, somos importantes, es más somos lo más importante que tiene; aun siendo pecadores, somos lo que más le importa.”[1]  Él quiere que con tus rezos, tus inquietudes, tus suplicas te levantes y lo busques y lo sigas.  Que no te quedes conforme con lo que tienes “Apostad por los grandes ideales, por las cosas grandes. Los cristianos no hemos sido elegidos por el Señor para pequeñeces”[2] y si te da miedo buscarlo y seguirlo, pregúntate ¿Qué me detiene? ¿Me siento indigno de acercarme al Señor?

Cada año, con ocasión de la Cuaresma, la Iglesia nos invita y anima a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas.  La Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna.  En su mensaje anual del 2008, el Papa Benedicto XVI hizo su reflexión basada en la limosna, por lo cual quisiera detenerme y elaborar un poco más sobre este tema, ya que es un tema que para algunas culturas el dar limosna implica dar lo que me sobra en el bolsillo y nada más.

 Según las enseñanzas evangélicas y lo que el Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda es que los bienes materiales que uno posee no son para apropiarse sino más bien para ser administrados y ser utilizados para el bien del prójimo.  ¿Pero como hacer esto? Si nuestra cultura se vuelve más consumerista, individualista y materialista.  Precisamente la “limosna” que tradicionalmente se le conoce por años da una connotación de dar lo que me sobra, pero no debería ser así, es por eso que yo la llamo “ofrenda”, esa ofrenda que damos y que brota de un corazón generoso, como Nuestro Señor Jesucristo lo hizo al ofrecer su vida por todos nosotros (Cf. Jn 15,13).  Es necesario buscar sinónimos a las palabras para que las mismas palabras nos ilumine, si aprendemos a dar con un corazón generoso nos sirve como proceso de renovación interior ya que es un ejercicio que nos ayuda a liberarnos del apego a los bienes terrenales.  Es una de las razones el por que la Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma para que profundicemos y vayamos mucho más allá que un simple método minimalista, en otras palabras en vez de preocuparme por comer carne roja los viernes, o dejar de fumar, o no comer chocolates, la Cuaresma es más bien una invitación a educarnos en la justicia y en la caridad, en el como socorrer al prójimo en sus necesidades y compartir lo que uno posee con los demás en secreto, es por eso que estas dos preguntas deberíamos de tenerlas grabadas en nuestra mente durante este periodo cuaresmal ¿Cómo aprendo a compartir con un corazón generoso? Y ¿Cómo evito llamar la atención o aprobación de los demás, si no lo hago en secreto? Recuerda que si nuestro interior es purificado tenga con seguridad que el exterior también lo estará.

Hay varios pasajes bíblicos que nos pueden iluminar para esto, pero hay uno que en mí lo personal se me viene a la mente, y es el pasaje de la viuda pobre en el evangelio de Marcos (Cf. Mc 12,41-44).  Lo interesante es que este pasaje se encuentra casi al final del evangelio de Marcos y al final de la vida terrestre de Jesús.  Y Jesús observa el comportamiento de los ricos al dar grandes limosnas en las alcancías del Templo.  Pero observó una pobre viuda que echo el poco dinero que tenia para vivir ese día, y Jesús alaba este ejemplo.  En pocas palabras, Jesús no tiene nada en contra de aquellas personas que prosperan, al contrario reprocha el hecho de los bienes terrenales se vuelvan tu poder, tu dios, tu vida y peor aun que te olvides de tus hermanos que viven en tu comunidad, estos ricos daban lo que les sobraba al tesoro del Templo como ofrenda de segundo plato mientras se vivía en extrema pobreza, en cambio esta viuda no da a Dios su ofrenda de lo que le sobra, ni de lo que posee, sino que ofrece lo que es, toda su vida, toda su persona, toda su confianza en Dios, porque el Señor era su riqueza, su tesoro.  Por eso querido lector, te invito a que cada domingo cuando vayas a Misa des tu ofrenda a la Iglesia no de lo que te sobra, no del bolsillo, sino que de una manera intencional des lo que es de Dios a Dios (Cf. Mt 22,21), ayuda a tus hermanos en la comunidad pero hazlo en secreto para que así sea glorificado Nuestro Señor y no tu propia satisfacción.  No te olvides de rezar y ayunar, y por ultimo recuerda que la limosna brota de un corazón generoso y no del bolsillo.

AH

 

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