Jueves de la VIII semana del Tiempo Ordinario

                    “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios,

                                                     mi salvador”  Lc 1, 39-56

Hoy en el evangelio escuchamos la conversación de dos mujeres, Santa Isabel y nuestra Madre Maria, un encuentro con el prójimo.  Maria sale de su terreno, de su lugar de confort, para visitar a su prima Isabel atravesando montañas de incertidumbres, díficiles de superar.  ¿Cuales son esas montañas que me son díficiles de superar?

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Maria reconoce que es portadora de la vida que lleva en sí y también la que su prima Isabel lleva con ella.  ¿Soy capaz de reconocer la vida que llevo dentro de mi mismo?  ¿Puedo reconocer que también soy portador de la vida del Creador?  Ambas mujeres, tanto Maria como Isabel fueron visitadas en su esterilidad y fueron capaces de abrirse de lo imposible a lo posible siempre teniendo fe en las promesas de Dios.  ¡Nada es imposible para Dios! ¿Cuales son mis carencias? ¿mis esterilidades?  Estoy dispuesto abrir mi vida esteril a una vida fertil en Dios?

Enseñame Mamá Maria hacer fiel a la voluntad de Dios, como tu lo hiciste con tu hijo.

AH

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