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El evangelio de hoy tomado de San Juan nos relata la cena que tuvo Jesús antes de la pascua.  De hecho es la tercera vez que Jesús es conmovido ante los hechos que señalan el inicio de la pasión (11,33; 12,27) e interesante que también Simón Pedro niegue a Jesús tres veces antes de que cante el gallo.  Alrededor de Jesús, de hecho a su derecha, se encuentra el discípulo amado.  Es el discípulo amado quien no tiene nombre, que está cerca del pecho de Jesús y le pregunta “Señor, ¿Quién es? [Quien lo traicionará], a lo cual, Jesús responde “aquel a quien yo de el trozo de pan que voy a mojar en el plato”.

Uno pudiera fácilmente como discípulo enfocarse en este pasaje y prestar atención a lo que hace Judas Iscariote, quien toma el pan donde “Satanás entro en él”.  Pero Jesús quien es amor, verdad y Misericordia responde con un gesto de amor para con Judas.  Es Satanás quien odia a Jesús, pero el amor y la victoria del amor ya están aseguradas y son más fuertes que el odio y la muerte.  ¿Cuántas veces no nos han traicionado personas muy cercanas? ¿Cuántas veces nos hemos sentido decepcionados?  El hombre tiende a inclinarse y a reclinarse por las cosas malas que nos pasa, pero hoy el evangelio nos indica que nos reclinemos por el pecho de Jesús, que no dejemos que Satanás entre en nuestras vidas para traicionarlo.  Que dejemos atrás la traición por la reclinación en el pecho de Jesús…..el escuchar el corazón de Jesús.

Un discípulo podrá negar a Jesús en sus limitaciones, miedos y fracasos pero si se arrepiente y se convierte como simón Pedro lo hizo, brotaran nuevos caminos hacia Jesús.  El amor en Jesús lo puede todo.  Nuestra vocación como discípulos es estar cerca con Cristo, escuchar y oír su corazón, sus sentimientos y pensamientos más íntimos que brotan de un corazón de amor, apasionado y vivo.  Es el latido del amor trinitario, la fuente de todo.  Es una íntima comunión con el Señor.  Es un contacto cálido de corazón a corazón.  Entre uno esté más cerca al corazón de Jesús, uno está muy cerca de Dios, ya que Jesús conoce al Padre quien lo envió a este mundo.

Dedica unos minutos y agradece a Dios por todos los momentos, experiencias, personas que te ha puesto en tu camino.  También, en silencio permanece allí reclinado en su pecho, escucha y oye su corazón.  Deja que Dios te hable.

AH