Arte_Dia_de_los_Muertos_1lgLa celebración del Día de los Muertos toma elementos de las etnias mexica, maya, purépecha y totonaca donde los indígenas hacían una gran fiesta en la primera luna llena del mes de noviembre, para celebrar la terminación de la cosecha del maíz. Ellos creían que ese día los difuntos tenían autorización para regresar a la tierra, a celebrar y compartir con sus parientes vivos, los frutos de la madre tierra y que la muerte no era el final de la vida, sino simplemente una transformación.

La Iglesia afirma que cuando una persona muere, ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación. Con las buenas obras y la oración se puede ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón y la purificación de sus pecados para poder participar de la gloria de Dios.  A estas oraciones se les llama sufragios.  Por lo tanto, el mejor sufragio que podemos hacer en el día de los Muertos es ofrecer la Santa Misa por los difuntos.  La Iglesia con una visión más cercana y evangelizadora ha establecido que el día de los Muertos, promueve y fortalece las expresiones culturales y religiosas de nuestros pueblos que manifiestan una sincera búsqueda de Dios.  El día de los Muertos es mucho más que una simple celebración de visitar la tumba de un ser querido, reunirse en familia y comer juntos.  El día de los Muertos dentro de la creencia cristiana es lo que la Iglesia llama “diez natalis al día de la muerte del cristiano, día de su nacimiento para el cielo, donde ‘no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni preocupaciones, porque las cosas de antes han pasado’ (Ap 21,4); es la prolongación, en un modo nuevo, del acontecimiento de la vida.”[i]

Por lo tanto, la celebración del día de los Muertos es celebrar la vida, es una verdadera fiesta a la vida y podemos colocar un altar dándole un sentido profundamente cristiano.  Es el momento preciso para catequizar y evangelizar a los demás de nuestras tradiciones y evitar en caer en los peligros que pueden desviarnos de la fe católica como:

  • la invocación de los muertos para prácticas adivinatorias
  • el riesgo de que se insinúen formas de creencia en la reencarnación
  • el peligro de negar la inmortalidad del alma y de separar el acontecimiento de la muerte de la perspectiva de la resurrección

foto-reportajeAquí les comparto maneras de cómo convertir el altar.  Puede uno hacer un camino con pétalos de flor de Cempaxúchitl, y podemos recordar que Jesús es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6) y las flores reflejan al sol que da vida.  Tener siete canastillas de dulces (7 como los sacramentos) y los dulces como las gracias que sostiene a la Iglesia.  Alrededor del altar podemos colocar velas, que representa la Luz de Cristo que se nos dio en el bautismo y que es la ‘Luz del Mundo’ para que “el que lo siga no caminara en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12), y en el centro podemos colocar un crucifijo ya que Cristo es el centro de nuestras vidas.  Dentro del mismo altar podemos colocar imagen de nuestros difuntos y recordar que fuimos creados a su “Imagen y semejanza” (Gen 1,26) y poner pan de muerto que nos recuerda las palabras de Jesus “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre.  Y el pan que Yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida (Jn 6, 50-51).  Es por eso que debemos recordar a los muertos no con tristeza sino con alegría, la misma alegría con la que están gozando de este banquete que nunca se acaba: el retorno glorioso a Dios Padre.  Por lo cual, la mejor manera de celebrar el día de los muertos es asistiendo y participando de la Santa Misa, rezar el rosario por nuestros difuntos y visitar los cementerios.

AH

Fuentes (Secretariado de pastoral Litúrgica de la Arquidiócesis de México, Catholic.net)
[i] Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Ciudad del Vaticano, 2002, no. 249.