Discreción y Serenidad

 

virgoDios nos ha llamado, es la misma voz del Espíritu Santo y es en sí una vocación, es el deseo de emprender y buscar el Reino de Dios y dirigir toda mi persona hacia él. No soy yo el que te tiene aquí, es el Señor el que te ha llamado pero tú has escuchado, el Señor llama a todos pero solo pocos le escuchan y es en este encuentro personal que tengo con Cristo donde aprendo a reconocer que tengo que hacer su voluntad y no la mía “Es necesario que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30).  Los auténticos discípulos como lo hicieron los apóstoles, tuvieron la mirada fija en el cielo pero los pies bien firmes en el suelo y ¿esto de donde lo aprendieron? Del mismo Señor, acordémonos del lavatorio de los pies.  Los discípulos aprendieron a ser amigos porque aprendieron del propio maestro a ser sencillos como la paloma, a ser humildes y no prepotentes, a ser serviciales.

También me atrevo a decir que para ser amigos de Jesús sería bueno enfocarnos en Maria, la Madre de Dios.  Ella también enseña cómo ser una autentica discípula del Señor.  María es una discípula, no en el sentido histórico de que ella acompañara a Jesús durante su ministerio, sino en el sentido existencial de que ella escuchó la palabra de Dios y actuó según la misma.  Acepto la voluntad de Dios porque lo conocía, y algo que todo amigo de Jesús debe de tener es la escucha, la meditación y la contemplación al igual que María.  La Sagrada Escritura nos menciona lo siguiente “Cuando los pastores regresaron dando gloria a Dios por todo lo que habían visto y oído de parte de los ángeles. Se nos dice, “y María guardó (atesoraba) todas estas palabras en su corazón” y las tenía muy presentes (San Lucas 2, 19).  Es decir, María era una mujer discípula en toda la extensión de la palabra porque era una mujer de oración y apertura.  El amigo de Jesús debe ser una persona de oración y flexible. Es Maria la que lo llevo en su vientre, fue ella la que lo cargo, lo cuido y lo vio crecer, le dio de comer… tantos recuerdos tiene nuestra Madre Maria más que los propios apóstoles, ¿Qué Madre no conoce bien a sus hijos? Con mucho más razón Maria es Madre de Dios, Madre de la Iglesia, siempre tan discreta y tan serena.  Les comparto la siguiente reflexión.

El pañuelo de la Virgen Maria

Arrodillada frente a la cruz esta mujer a quien llamaban María, una y mil veces me pasaba por su rostro helado, pálido, casi blanco. Yo absorbía sus lágrimas que, primero lentamente y luego como una cascada, vertían sus ojos. No pude con mi genio. Con sutileza, aproveché el viento que comenzaba a correr suavemente y me solté de la mano de esta mujer tan angustiada. Caí al suelo para ver si lograba entender lo que ocurría y vi el rostro del que llamaba Hijo… sí el de la cruz… ¡no, no! Esto no es para mí ¿qué cosas habrá hecho este reo para merecer tanto castigo? Mucho he visto en mi vida, pero jamás un rostro que no parecía rostro. No comprendo cómo esta mujer decía que era su Hijo. ¿Cómo lo reconoció? ¿Estaría segura que era éste? Porque se podría decir que el madero que lo sostenía y Él eran uno solo. ¿Cómo puede una madre soportar tanta crueldad?

No me importó que me estrujara entre sus manos, que me mordiera hasta sacarme un trozo de tela. Más que pena y rabia, ella sentía un profundo dolor.  Sus amigos sostenían su cuerpo frágil,  la consolaban, la miraban, pero no había palabras que pudieran calmarla.

Jamás olvidaré sus ojos que, a pesar del llanto, destilaban tanto amor. Sólo soy un pañuelo, un retazo de tela que ella misma bordó, lavado muchas veces y secado a la sombra o a pleno sol. Quisiera ayudar a esta madre tierna que tiene en sus brazos a su Hijo, que dicen es Dios.

 Aún estoy en sus manos, pero no me estruja mientras llora en silencio. Ya no siento su dolor, estoy más tranquilo, diría que me siento en paz. Es que ahora sus manos me deslizan suavemente sobre el rostro inerte del que llaman… el Señor.[1]

 

Hay que pedir a nuestra Madre Maria Virgen que nos acompañe en este desierto, que nos ayude a escuchar la voluntad de su Hijo Jesús.  Escucha el siguiente canto y pídele a la Virgen que te ayude a escuchar la voz de su Hijo Jesus.

 

 

“Ustedes no me eligieron a mí”

 

No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, y Jesús tuvo 12 apóstoles como amigos, pero había uno en especial, no era conocido como el discípulo amado pero es en la figura de Simón Pedro que Nuestro Señor va dejar encargada su Iglesia.

 “Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que si guie ron a Jesús por la palabra de Juan. Encontró primero a su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías» (que significa el Cristo).  Y se lo presentó a Je sús. Jesús miró fijamente a Simón y le dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan, pero te llamarás Kefas» (que quiere decir Piedra).(Jn 1,40-42)

¡Cuantos Andrés no necesita la Iglesia hoy en día! tu puedes ser ese Andrés para otros.  Necesitamos llevar a nuestros hermanos al encuentro con Cristo.  Pregúntese ¿Cómo fue ese encuentro? ¿Cuál fue la impresión que Simón se llevaría de Jesus? o viceversa.  Ahora olvídese del nombre de Simón y ponga su nombre, ¿Qué impresión se llevaría el Señor en este momento de usted? ¿Qué impresión se llevaría usted del Señor?

Es Jesús mismo que llama, nosotros no lo elegimos a él, así como llamo a Pedro, a usted y a mi.  Llamo a pescadores y los hizo pescadores de hombres, es el mismo Pedro que viene siendo al mismo tiempo el que niega a Jesús pero crece como creyente, él es tan santo como pecador.  Fácilmente nos podemos identificar con él, porque él se nos presenta como alguien sumamente y sin lugar a dudas muy humano, demuestra un amor apasionado por el Señor pero también demuestra sus flaquezas y sus torpezas.  Podemos también contemplar todos los momentos en donde Pedro acompaño a Jesús, mientras curaba su Suegra, en la multiplicación de los panes, en la tempestad, en la pesca inmensa, en la transfiguración, en las parábolas, en la negación, en el kerigma.  Es el mismo Pedro que ha se entregado al Señor, solo que su vida ha dado un giro de 180 grados es decir se ha convertido al Señor, ahora le conoce y es dispuesto a dar su vida como lo hizo.  ¿Estás listo para que tu vida de un giro?  Pídele al Señor que envié su Espíritu Santo y él te llevara de la mano, veras que encontrarás la alegría de ser Cristiano(a) y te pondrá las formas y métodos para que lo sigas en su Iglesia a la cual él ha instituido.  Te comparto el siguiente canto de meditación.

http://es.gloria.tv/?media=190757

 

Oración Final

Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, no puede brotar la vida.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, lo único posible es el miedo.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, aparecen los fantasmas.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, la rutina lo invade todo.
Danos tu Espíritu, Señor,
Donde no hay Espíritu, no podemos reunirnos en tu nombre.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, se olvidan las cosas esenciales.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, no puede haber esperanza.[2]

 

 

 

[1] http://webcatolicodejavier.org/ElPanueloDelaVirgenMaria.html

[2] http://www.pastoralsj.org/

 

 

AH