reconcilacionEsta misericordia de Dios se nos da en la parábola del hijo prodigo, en el buen samaritano, en el Rico Epulón y el Pobre Lazaro, en la mujer adúltera  “El mundo de hoy tiene mucha necesidad de testigos. No tanto de maestros, sino de testigos. No hablar tanto, sino hablar con toda la vida: la coherencia de vida, ¡precisamente la coherencia de vida!”[1] San Francisco de Asís solía decir: “predicamos el Evangelio con el ejemplo, después con las palabras. Pero, antes que nada, es en nuestra vida donde los otros deben leer el Evangelio.”[2]  Y el Evangelio pide que “no hay amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos”.  Usted dirá creo que lo puedo hacer, pero solo por mis amigos, pero el Señor nos desafía todavía más:

Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo.»  Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores,  para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. Y si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se comportan así.  Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo.” (Mt 5,43-48)

En todo desierto de prueba, Dios tiene un oasis de consuelo para ti.  “Si amamos a Dios y a los hermanos, caminamos en la luz, pero si nuestro corazón se cierra, si prevalecen el orgullo, la mentira, la búsqueda del propio interés, entonces las tinieblas nos rodean por dentro y por fuera. «Quien aborrece a su hermano –escribe el apóstol San Juan– está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos» (1 Jn 2,11). Pueblo en camino, sobre todo pueblo peregrino que no quiere ser un pueblo errante.”[3]  El Señor Jesus nos pide que nos amemos de corazón que seamos misericordiosos como Dios es misericordioso pero solemos poner límites, fronteras, barreras.  Y lo hacemos de una manera tan humana, tan frágil que solemos marcar las diferencias de unos países con otros o para defendernos de los ataques de los demás.  Nos hace sentirnos confiados cuando hablamos de nosotros pero nos separa de los otros,  Jesús en su evangelio nos invita a romper barreras, a ir más allá de los límites, a sobrepasar fronteras.  “seremos juzgados por Dios según la caridad, según como lo hayamos amado en nuestros hermanos, especialmente los más débiles y necesitados.”[4] Pudieras decir ‘porque Dios no es siempre suave, fácil, envolvente y acogedor’. A veces te va a pinchar, te conmoverá hasta la entraña, te pedirá arriesgar y aceptar renuncias. El mismo nos retará a soñar con lo imposible, de nunca conformarnos con menos, es tiempo de que el cristiano se despierte y muestre con amor que este mundo puede ser renovado, puede ser mejor.  Te mostrará un amor que es horizonte inalcanzable, pero hacia él que querrás caminar todos los días. Tu vida ya no será la misma y no puede ser la misma, lo único que pide es que lo sigas, que tengas la confianza en él, él mismo te sacara de tus problemas, de tus vacíos, que para muchos te volverá absurdo ante los demás.  Te pedirá que no tomes atajos, si estos dejan víctimas pero que tomes tu cruz y lo sigas. Y, con todo, si algún día te sacude así, déjate zarandear, déjate agitar por las caricias de Dios, porque desde entonces te sentirás despierto, vivo y profundamente feliz.

Los llamo amigos

La amistad de los discípulos del Señor es libre, él no impone solo propone y nos enseña que así ha de ser la labor del discípulo de ir misionando compartiendo el evangelio, compartiendo el gran tesoro escondido que tantas personas necesitan escuchar, vivir y compartir, y ¿no es esto la santidad? ¡Escuchar el evangelio, vivirlo y compartirlo con los demás!  Vivir a los pies del Señor, uno aprende a ser santo como es él.   Hay muchos católicos que arrastran cadenas y quieren ser libres pero el demonio nos ha tendido la trampa una vez más de la indiferencia y del espejismo, nos hace pensar que somos libres cuando en verdad no lo somos, nos hace pensar que somos felices cuando en verdad no lo somos, nos hace creer un mundo de fantasía que se aparta de la realidad para tenernos adormecidos o simplemente ser indiferentes, para esto necesito aprender del Señor, necesito dejarme guiar por él, necesito vivir con él y en él y caminar con él.   Para esto, les comparto la siguiente moraleja:

El Elefante

2014-02-21-5793059580_8bd7aa0c7a_oCuando yo era chico me encantaban los circos y lo que más me gustaba eran los animales, de todos ellos el que más llamaba mi atención era el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de tajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Por qué no huye si aquello que lo sujeta es tan débil comparado con su fuerza? Cuando tenía cinco o seis años, pregunte a varias personas por el misterio del elefante y alguien me explico que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.  Hice entonces la pregunta obvia: Si esta amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Hace algunos años descubrí que alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: “El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño”. Cerré los ojos y me imagine al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujo, tiro y sudo tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para el. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvía a probar, y también al otro y al que seguía… hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal acepto su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque CREE QUE NO PUEDE.

El tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que se siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás… Jamás… intento poner a prueba su fuerza otra vez.[5]

Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas “no podemos hacer” simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo “no puedo… no puedo y nunca podre”, perdiendo una de las mayores bendiciones con que puede contar un discípulo del Señor: la fe.  La única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento TODO NUESTRO CORAZON y todo nuestro esfuerzo como si todo dependiera de nosotros, pero al mismo tiempo, confiando totalmente en Dios como si todo dependiera de él.  Esto es la medula del discipulado, todo depende de él.  El Señor forma a sus discípulos no como un cirquero a sus elefantes, sino como amigos, por eso hay que gritar a los cuatro vientos y decirle al mundo. “Es bueno seguir a Jesús; es bueno ir con Jesús; es bueno el mensaje de Jesús; es bueno salir de uno mismo, a las periferias del mundo y de la existencia, para llevar a Jesús.”[6]

¿Te ha sacudido Dios alguna vez?

Te comparto el siguiente canto para que lo escuches mientras haces tu meditación

Oración Final

Guíame, Señor

Guíame, Señor, mi luz,

en las tinieblas que me rodean,

¡guíame hacia delante!

La noche es oscura y estoy lejos de casa:

¡Guíame tú!

¡Dirige Tú mis pasos!

No te pido ver claramente el horizonte lejano:

me basta con avanzar un poco…

No siempre he sido así,

no siempre Te pedí que me guiases Tú.

Me gustaba elegir yo mismo y organizar mi vida…

pero ahora, ¡guíame Tú!

Me gustaban las luces deslumbrantes

y, despreciando todo temor,

el orgullo guiaba mi voluntad:

Señor, no recuerdes los años pasados…

Durante mucho tiempo tu paciencia me ha esperado:

sin duda, Tú me guiarás por desiertos y pantanos,

por montes y torrentes

hasta que la noche dé paso al amanecer

y me sonría al alba el rostro de Dios:

¡tu Rostro, Señor!

Henry Newmann[7]

[1] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/speeches/2013/may/documents/papa-francesco_20130518_veglia-pentecoste_sp.html

[2] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/speeches/2013/july/documents/papa-francesco_20130706_incontro-seminaristi_sp.html

[3] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/homilies/2013/documents/papa-francesco_20131224_omelia-natale_sp.html

[4] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/audiences/2013/documents/papa-francesco_20130424_udienza-generale_sp.html

[5] http://bloglenguayliteratura.wordpress.com/2007/02/19/el-elefante-encadenado-un-cuento-con-moraleja/

[6] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130324_palme_sp.html

[7] http://www.pastoralsj.org/