papa_francisco_l_by_robertobizama-d5z69xqEl Papa Francisco recientemente dijo:

 “Un cristiano, si no es revolucionario, en este tiempo, ¡no es cristiano! ¡Debe ser revolucionario por la gracia! Precisamente la gracia que el Padre nos da a través de Jesucristo crucificado, muerto y resucitado, hace de nosotros revolucionarios, pues —cito de nuevo a Benedicto— «es la mutación más grande de la historia de la humanidad». Porque cambia el corazón. El profeta Ezequiel lo decía: «Arrancaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne». Y esta es la experiencia que vive el Apóstol Pablo: después de haber encontrado a Jesús en el camino de Damasco, cambia radicalmente su perspectiva de vida y recibe el Bautismo. ¡Dios transforma su corazón! Pero pensad: un perseguidor, uno que iba tras la Iglesia y los cristianos, se convierte en un santo, en un cristiano hasta la médula, ¡justamente un cristiano verdadero! Antes es un violento perseguidor; ahora se convierte en un apóstol, un testigo valiente de Jesucristo, hasta el punto de no tener miedo de sufrir el martirio. Aquel Saulo que quería matar a quien anunciaba el Evangelio, al final da su vida por anunciar el Evangelio. Es este el cambio, la mutación más grande de la que nos hablaba el Papa Benedicto. Te cambia el corazón; de pecador —de pecador: todos somos pecadores— te transforma en santo. ¿Alguno de nosotros no es pecador? Si hubiera alguno, ¡que levante la mano! Todos somos pecadores, ¡todos! ¡Todos somos pecadores! Pero la gracia de Jesucristo nos salva del pecado: ¡nos salva!”[1]

 En el evangelio de Mateo el Señor nos dice lo siguiente:

Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá la puerta.” (7,7)

 Y si el Señor nos hiciera la misma pregunta, de hecho nos la está haciendo ¿Qué buscan?  ¿sabrías que responderle? Esta tu corazón dispuesto en verdad para seguirle, ya que para seguirle implica una búsqueda constante.  El profeta Isaías dice:

Busquen a Yavé ahora que lo pueden encontrar, llámenlo ahora que está cerca.” (55,6)

 Esta búsqueda de Dios Yavé requiere un paso seguido después de haber estado en el desierto y ¿Qué es este paso? Este paso es salir de uno mismo, es de levantarse y tomar rumbo, es de permitirte caerte pero no dejarte estar caído, de hecho el Papa Francisco eso es lo que pide a la Iglesia entera.

 “¿qué ocurre si uno sale de sí mismo? Puede suceder lo que le puede pasar a cualquiera que salga de casa y vaya por la calle: un accidente. Pero yo os digo: prefiero mil veces una Iglesia accidentada, que haya tenido un accidente, que una Iglesia enferma por encerrarse.”[2]

Durante este tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos pide que vayamos a ese desierto de nuestras vidas y que nos despojemos de esas cosas que no nos permiten ser felices, de esas cosas que no nos permiten acercarnos al Señor, pero después de allí hay que levantarse hay que caminar no hay por qué correr, no hay necesidad de apresurarse, hay que caminar y el levantarse viene siempre acompañado de las críticas, de la burla, del pisoteo, del repudio.

 curacion-del-paraliticoJesús les anunciaba la Palabra, cuatro hombres le trajeron un paralítico que llevaban tendido en una camilla. 4 Como no podían acercarlo a Jesús a causa de la multitud, levantaron el techo donde él estaba y por el boquete bajaron al enfermo en su camilla. 5 Al ver la fe de aquella gente, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, se te perdonan tus pecados.» Estaban allí sentados algunos maestros de la Ley, y pensaron en su interior: 7 «¿Cómo puede decir eso? Realmente se burla de Dios. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?» Pero Jesús supo en su espíritu lo que ellos estaban pensando, y les dijo: «¿Por qué piensan así? 9 ¿Qué es más fácil decir a este paralítico: Se te perdonan tus pecados, o decir: Levántate, toma tu camilla y anda? 10 Pues ahora ustedes sabrán que el Hijo del Hombre tiene en la tierra poder para perdonar pecados.» 11 Y dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.» El hombre se levantó, y ante los ojos de toda la gente, cargó con su camilla y se fue.” (Mc, 2, 3-11)

Ningún cristiano es ajeno a esto a la burla, a la crítica, a la calumnia, al pisoteo, al repudio, especialmente cuando hay un giro en su vida, muchos no lo pueden creer, “pero que no era el borrachito” “que no era la que se metió con tanto hombre” “que no es el/ella la que está todo tatuado” y viene el Señor y nos llama directo al corazón y hay un cambio en nuestra vida para bien, pero rápidamente Satanás mete su cola en los planes del Señor para deshacerlos, aplastarlos y como me da tristeza ver entre los que nos llamamos Cristianos, calumniar, pisotear, criticar, pisotear a alguien o lastimar a nuestro hermano, cuando no hay caridad hacia uno mismo mucho menos habrá caridad para los demás.  Nadie aquí es perfecto solo nuestro Padre es perfecto y se me viene la carta de Santiago donde se nos dice:

 “El que no peca en palabras es un hombre perfecto de verdad, pues es capaz de dominar toda su persona. Poniendo un freno en la boca del caballo podemos dominarlo, y sometemos así todo su cuerpo. Lo mismo ocurre con los barcos: con un pequeño timón el piloto los maneja como quiere, por grandes que sean, aún bajo fuertes vientos. Así también la lengua es algo pequeño, pero puede mucho; vean cómo una llama devora bosques. La lengua es un fuego, y es un mundo de maldad; rige nuestro organismo y mancha a toda la persona: el fuego del infierno se mete en ella y lo transmite a toda nuestra vida. Animales salvajes y pájaros, reptiles y animales marinos de toda clase han sido y de hecho son dominados por la raza humana. Pero nadie ha sido capaz de dominar la lengua. Es un azote que no se puede detener, un derrame de veneno mortal. Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padre y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios.   De la misma boca salen la bendición y la maldición. Hermanos, esto no puede ser así. ¿Es que puede brotar de la misma fuente agua dulce y agua amarga?” (3, 2-11)

 La lengua, órgano que puede dañar y lastimar tanto sino se controla y se doblega, por eso la disciplina de la oración, el ayuno y la limosna.  Es precisamente en la cuaresma donde debemos ejercitar no tanto no comer carne roja, o comer carne sino hay que tratar no comer carne de prójimo, no al chisme, no a la calumnia y “también a nosotros nos hará bien preguntarnos: ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Sí, tú eres el guardián de tu hermano. Ser persona humana significa ser guardianes los unos de los otros. Sin embargo, cuando se rompe la armonía, se produce una metamorfosis: el hermano que deberíamos proteger y amar se convierte en el adversario a combatir, suprimir. ¡Cuánta violencia se genera en ese momento, cuántos conflictos, cuántas guerras han jalonado nuestra historia!”[3]  Y lo más triste es que todos nosotros tenemos algo de Caín, cuantos Abeles no han muerto por nuestra mentira, por nuestra difamación, por nuestra calumnia, por nuestro chisme, por eso Madre Teresa de Calcuta una vez dijo “Prefiero cometer errores con gentileza y compasión antes que obrar milagros con descortesía y dureza”.

 Pero no dejes si el Señor te llama y te pide que te levantes, levanta tu mirada, busca su perdón, busca su gracia y el mejor lugar para encontrarlo cara a cara es, si en la oración pero de una forma especial es en el Sacramento de la Reconciliación.  Búscalo, él te espera con los brazos abiertos, él sabe que estas herido, él sabe tus huecos y tus fallas, el conoce muy bien tu vida aunque no le hayas permitido estar a él en la tuya, hay que confiar en Dios, si confiamos en Dios podemos pasar las aguas profundas de nuestra vida, si Dios hizo el gran Milagro con Noé y el diluvio y no lo ahogo sino lo salvo de la destrucción y si Moisés pudo cruzar el Mar Rojo mientras se apresuraba el faraón con sus tropas con mucho mayor razón obrara grandes milagros en tu vida y sentirás como Pedro que te ahogas por tu poca fe pero no te abandonara, él nunca abandona.  Para ilustrar mi reflexión, les comparto la siguiente historia:

Zanahoria ¿Zanahoria, huevo o café?

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y lo difíciles que le resultaban las cosas. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija le dijo:  “Querida, ¿qué ves?”  “Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta.  La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente la hija preguntó:

“¿Qué significa ésto, padre?”

 El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

“- ¿Cuál eres tú?”, le preguntó a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido? ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

Y tú, ¿cuál de los tres eres?[4]

Mientras reflexionas sobre la siguiente cuestión te comparto este canto para que lo medites y te ayude en tu reflexión.

Oración

Libra mis ojos de la muerte

Libra mis ojos de la muerte

dales la luz que es su destino.

Yo, como el ciego del camino,

pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos

una herramienta constructiva;

cura su fiebre posesiva

y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,

al que se queja y retrocede;

que el corazón no se me quede

desentendidamente frío.

 

Guarda mi fe del enemigo

(¡tantos me dicen que estás muerto…!)

Tú que conoces el desierto,

dame tu mano y ven conmigo.

  • José Luis Blanco Vega, sj[5]

AH

[1]http://www.vatican.va/holy_father/francesco/speeches/2013/june/documents/papa-francesco_20130617_convegno-diocesano-roma_sp.html

[2] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/speeches/2013/may/documents/papa-francesco_20130518_veglia-pentecoste_sp.html

[3]http://www.vatican.va/holy_father/francesco/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130907_veglia-pace_sp.html

[4]http://www.corazones.org/articulos/anecdotas/zanaoria_huevo.htm

[5] http://www.pastoralsj.org/