Feliz-ano-nuevo-2014 (12)

Acabamos de finalizar un año más de nuestras vidas, y es muy común escuchar alrededor del mundo las festividades que se preparan para el Año nuevo.  Desde  los rincones de China hasta Francia y culminando en Nueva York, el mundo se prepara para decirle adiós al año que se va y darle la bienvenida al que viene.  Y dentro de estas festividades han surgido varias tradiciones y supersticiones para celebrarlo (ej. Descorchar una botella de sidra, tener carnavales con música, tener la ropa de cierto color para la suerte, dinero, amor, etc.. O también festejar con 12 uvas que representan cada mes del año).  Todos sabemos que durante este tiempo, es un nuevo comenzar, un nuevo modo de vivir, algunos se proponen metas como dejar de fumar, dejar de mentir, perder peso, etc….Pero quisiera añadir otras preguntas que considero deben ser más fundamentales para nuestra existencia y nuestro nuevo modo de vivir, yo lo llamaría un examen de conciencia: ¿Esta Dios en algunas de mis metas para este año 2014? He tenido dificultades con familiares pero ¿me he acercado a la Iglesia? ¿Agradecí a Dios por lo dado y no dado? Y si tengo problemas y pecados que he estado acarreando por años, ¿Qué he hecho para cambiar? ¿Quiero en verdad cambiar? ¿Quiero en verdad tener éxito en mi vida? Pero ¿a precio de que? ¿Estoy dispuesto a abrir la puerta de la fe? ¿Estoy dispuesto a abrir mis ojos a la fe Católica?

El pasaje bíblico del evangelio de Marcos 10, 46-52, la narración del ciego Bartimeo nos puede ayudar.

Llegaron a Jericó. Al salir Jesús de allí con sus discípulos y con bastante más gente, un ciego que pedía limosna se encontraba a la orilla del camino. Se llamaba Bartimeo (hijo de Timeo). 47 Al enterarse de que era Jesús de Nazaret el que pasaba, empezó a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» 48 Muchas personas trataban de hacerlo callar. Pero él gritaba con más fuerza: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»

49 Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo.» Llamaron, pues, al ciego diciéndole: «Vamos, levántate, que te está llamando.» 50 Y él, arrojando su manto, se puso en pie de un salto y se acercó a Jesús. 51 Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego respondió: «Maestro, que vea.» 52 Entonces Jesús le dijo: «Puedes irte, tu fe te ha salvado.» Y al instante pudo ver y siguió a Jesús por el camino.”   (tomado de Sobicain.org)

No quiero hacer toda una exégesis sobre este relato, pero si indicar lo siguiente.  El nombre Bartimeo  es el único nombre que Marcos evangelista da a un personaje excepto por Jairo (Mc 5,22).  La palabra “bar” proviene del arameo que significa “hijo” por lo tanto hijo de Timeo—Bartimeo.   Es obvio que este pasaje es una narración milagrosa, pero lo más importante no es tanto el milagro sino la esencia de este relato que para todo creyente/discípulo debe comprender, es un Diálogo de fe que conduce a un diálogo de Amor y sucesivamente a un diálogo de esperanza,entre Jesus y Bartimeo.

Si lo vemos con estos ojos, con esta perspectiva, entenderemos el por que digo que esto es un diálogo de fe.  Vuelve a leer el pasaje bíblico pero antes de leerlo borra el nombre de Bartimeo y pon tu nombre, trata de colocar tu vida dentro de este marco y pregúntate ¿Cuántas veces nos vemos como Bartimeo sentados junto al camino? Es decir, vemos que la vida nos pasa, celebramos cumpleaños, fiestas, eventos pero estos se vuelven rutinarios y pierden el sabor de la celebración.  Muy a menudo, personas de distintos caminos me dicen que a veces sienten que pasan los años y se acuerdan de haber asistido a un miércoles de ceniza, cuaresma pero que a veces espiritualmente se sienten estancados, que no hay crecimiento, esto mismo pudiera significar el estar ciegos como Bartimeo y el estar sentados junto al camino, vaya paradoja mientras vemos la vida pasar enfrente de nosotros.

Lo interesante es que Bartimeo invoca la ayuda de Jesus, reconoce que hay alguien mayor que él aunque no le pueda ver, y ¿no es esto propiamente los ojos de la fe? Pero el pasaje nos relata que muchos le pedían que se callara, y ¿no sucede precisamente lo mismo con nuestra vida de oración? Reconocemos a Cristo con los ojos de la fe, pero a veces los mismos ruidos, experiencias de la vida, los ‘ismos’ de la vida, los golpes de la vida nos dice lo contrario, que nos callemos, que dejemos de molestar, que nos estemos quietos, que no invoquemos el nombre de Jesucristo.  La Iglesia, no puede quedarse quieta, por que si lo hace se queda ciega.  Lo hermoso es que es el mismo Espíritu Santo quien nos impulsa a movernos, a que gritemos como Bartimeo, que acudamos a su ayuda “Hijo de David, ten compasión de mí”(Marcos 10:48), la humildad ante todo virtud que todos los discípulos debemos tener.

Pero la historia no termina allí, al contrario nos acercamos al clímax, se nos relata que

Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego, diciéndole: «¡Ánimo, levántate! Te llama.» Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino ante Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le dijo: «Maestro ¡que vea!» Jesús le dijo: «Puedes irte, tu fe te ha salvado.»  (Marcos 10:49-52)

Este encuentro ha sido un dialogo de fe, si nos damos cuenta necesitamos personas que nos digan “Ánimo, levántate, te llama” a lo cual conduce a Bartimeo a un dialogo de amor, ya que el Señor no lo condena y esto mismo lo lleva  a un dialogo de esperanza ya que le siguió por el camino.  La fe conduce a un camino, pero no cualquier camino, sino caminar con Jesus, a la crucifixión para después resucitar con Él.

Que en este Año venidero si llegue éxito a tu vida, pero sobre todo te deseo paz de corazón y animo, levántate que Él te llama.

AH