comunionMuchas veces he escrito y lo continuare haciendo hasta que el Señor me de vida, en este caminar a la santidad hay muchos retos que te hacen desfallecer y tomar el camino equivocado o torcido y puede ser la acedia (pereza espiritual), la envidia, el egoísmo, los celos, la lujuria, la tentación del poder etc….pero a la vez no todo esta gris ya que por gracia del Señor no nos abandona al desespero (ver Salmo 22).  Para nosotros los católicos le llamamos “Esperanza” es decir, esa virtud teologal que el Señor nos otorga como gracia para vivir y voltear la mirada fija al cielo como meta como la define el Catecismo de la Iglesia Católica es el “anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre” (no. 1818).  El autentico discípulo de Cristo reconoce que el camino es angosto pero si persevera y siempre con la gracia de Dios llegara a esa felicidad plena que solo Dios Nuestro Señor puede dar, donde las cargas de la vida propia se hacen ligeras, donde uno se mantiene optimista y no ha permitido que su esperanza desfallezca, donde uno aprende a no perder la paz de corazón y puede dar paz a los demás.  La misma vida de los santos atestiguan de esto, no fueron santos porque fueran perfectos y no tuvieran errores, al contrario son santos porque fueron imperfectos, débiles, con errores pero que aprendieron agarrarse de Dios y se dejaron suavizar por las caricias del Señor y lo hicieron vida propia.  Para muchos de los santos no fue fácil perseverar en el camino de conversión, ¿Cuántos de nosotros no tenemos el mismo desafío? La clave es la misma como lo fue para los santos y es de impulsarnos a cambiar, a convertirnos, a una radical conversión para ir al encuentro con Jesus.  Un discípulo de Cristo sin Cristo no es cristiano y mucho menos discípulo.  El discípulo autentico tiene que aprender que para ir al encuentro con Cristo y dejarse alcanzar por Él es dejarse transformar y configurar por Cristo con Cristo.  Es fijar nuestras miradas como el discípulo amado lo hizo al pie de la cruz, un Cristo sin cruz no es el mensaje de salvación.  Para muchos seguidores y cristianos que se dejan llevar por las cosas del mundo no han reflexionado sobre esto o se les ha olvidado la poca esencia de cristiano que llevaban consigo.  Un discípulo de Cristo tiene que caminar con Cristo como los discípulos de Emaus (cf. Lc 24, 36) y dejarse transformar por el.  Una vez que esto sucede, la persona tiene que vivir esta pasión…si asi es, ser apasionado en las cosas del Señor por que esto ayuda a vivir la vida como Cristo, no solo hablar de Cristo sino hablar con Cristo, estar con Cristo, aprender a cargar la cruz por que es el único camino que conocemos que conduce a la salvación, no hay otro camino mas que este, un amor completamente radical que cambia y me transforma, solo cuando aprendo a verle y me dejo crucificar con El.  Esto no es masoquismo como algunos han reclamado al contrario esto es la esencia del cristiano, amor divino y asentimiento total a la voluntad del Padre.  ¿Cuántos cristianos especialmente católicos necesitan reflexionar sobre esto?  Ese fue el objetivo y meta de los santos, y ¿no es nuestra misma meta? De recorrer el camino con Cristo, para llegar al Padre, encontrarlo, escucharlo, obedecerlo, conocerlo pero sobre todo adorarlo y amarle.  Si queremos ser discípulos de Cristo tenemos que salir al encuentro de Cristo, tenemos que salir de nuestras vidas propias y dejar transfigurar mi vida a la de Cristo.  San Francisco de Asís solía decir “predica el evangelio y si es necesario usa palabras”, es la misma vida la que tiene que dar testimonio, un discípulo de Cristo tiene que dar testimonio de que Cristo vive en el/ella pero no solo de manera provisional, sino para SIEMPRE, ya que su amor y salvación por nosotros fue para SIEMPRE.

 AH