foto-papa-juan-xxiiiHace 50 años fallecía uno de los grandes Papas de la historia eclesiástica, el Papa Juan XXIII cuyo nombre Angelo Giuseppe Roncalli había nacido el 25 de Noviembre de 1881 en la villa Sotto il Monte, es decir “Bajo la montaña”.   Me detengo para precisamente honrar su memoria, especialmente su vida.  Aunque confieso que a pesar de que no nací en su época, he escuchado y leído biografías sobre este gran Papa, y se ha convertido en mi Papa favorito.  Las comparaciones aquí quedan cortas y aparte absurdas, muchos de mi generación han quedado marcados con la huella indiscutible de Juan Pablo II, y creo yo por muchas razones, una de ellas siendo que duro muchos años como Papa y para muchos de nosotros, pareciera ser el único Papa que la generación X haya conocido.  No obstante, el breve pontificado de Juan XXIII es uno de los pocos pontificados que han quedado para la historia, y todo esto debido a su carisma, a su persona, a sus gestos con grandes personajes de la historia.

Angelo Giuseppe era el tercer hijo de los once que tuvieron Giambattista Roncalli y Mariana Mazzola, campesinos de antiguas raíces católicas, y su infancia transcurrió en una austera y honorable pobreza. Parece que fue un niño a la vez taciturno y alegre, dado a la soledad y a la lectura. Cuando reveló sus deseos de convertirse en sacerdote, su padre pensó muy atinadamente que primero debía estudiar latín con el viejo cura del vecino pueblo de Cervico, y allí lo envió.  Al pasar de los años y estudiar en el seminario, Angelo Roncalli “celebró su primera misa en la basílica de San Pedro el 11 de agosto de 1904, al día siguiente de ser ordenado sacerdote. Un año después, tras graduarse como doctor en Teología, iba a conocer a alguien que dejaría en él una profunda huella: monseñor Radini Tedeschi. Este sacerdote era al parecer un prodigio de mesura y equilibrio, uno de esos hombres justos y ponderados capaces de deslumbrar con su juicio y su sabiduría a todo ser joven y sensible, y Roncalli era ambas cosas. Tedeschi también se sintió interesado por aquel presbítero entusiasta y no dudó en nombrarlo su secretario cuando fue designado obispo de Bérgamo por el papa Pío X. De esta forma, Roncalli obtenía su primer cargo importante.”[1]

No pienso relatar toda una biografia sobre el, pero si puedo dar algunos recursos para estudiarlo y apreciar su vida:

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/juan_xxiii.htm

http://www.juanxxiii.e12.ve/juan/quienes-somos/papa-juan-xxiii

http://blogs.periodistadigital.com/teologia-sin-censura.php/2012/10/09/juan-xxiii-el-papa-desconcertante

http://www.youtube.com/watch?v=u7pwcfP7yso

Lo bueno de este Papa amerita que se le conozca como el Papa “Bueno” el Papa de “bondad” fue el 28 de octubre de 1958, contando con casi 77 años, Roncalli fue elegido papa ante la sorpresa de todo el mundo. Escogió el nombre de Juan (nombre de su padre y del patrón de su pueblo natal, aunque escogió este nombre por el evangelista de nombre Juan).   Su más grande logro fue el comienzo del Concilio Vaticano II.   Su secretario personal, monseñor Capovilla narra lo siguiente:

Ni siquiera debe leerse en sentido negativo esta calificación, porque ahí estaban sus 77 años, y él mismo afirmó: «No puedo mirar demasiado lejos en el tiempo». Sabía que era ya un anciano, no se preocupaba de lo que podría hacer. Habituado a vivir comunitariamente y a no considerar los problemas desde el punto de vista personal, citando a Tibulo, decía Est nobis voluisse satis, para el honor de un hombre es ya mucho haber concebido una empresa, haber pensado, ideado, iniciado algo. Recuerdo su comentario a mi perplejidad y a mi falta de entusiasmo cuando me comunicó la idea del Concilio. Me dijo: «No hay que preocuparse de sí mismo y de quedar bien. En la concepción de las grandes empresas basta con el honor de haber sido providencialmente invitados. Hemos sido llamados a poner en marcha, no a concluir.[2]

Hay muchas anécdotas que atestiguan de su buena bondad y de su buen humor, les doy unos ejemplos.

1)       Una vez que el Papa había sido entronizado como Papa Juan XXIII, inmediatamente se dedico a hacer lo que el obispo de una diócesis debe de hacer, visitar sus parroquias, universidades, hospitales, etcc… y en una de estas visitas el Papa llego a un hospital, al hospital del Espiritu Santo.  La hermana que estaba encargada se presento a su santidad y le dijo “Su Santidad, soy la Superiora del Espiritu Santo”, lo cual el Papa Juan XXIII contesto inmediatamente “Tiene suerte, yo solo soy el Vicario de Jesucristo”.

2)      Al día siguiente, visito la prisión de Regina Coeli y a los encarcelados les dijo “Ustedes no pueden venir a mi, por lo tanto he venido a ustedes.  He venido y ustedes me han visto, los he visto a sus ojos y he puesto mi corazón en sus corazones.  Esta reunión siempre se quedara grabada en mi corazón.”

3)      También las crónicas nos relatan que en una ocasión la hija y el yerno de Nikita Khrushchev (Primer Secretario o Primer Ministro de la Unión Soviética) visitaron Roma, y el Papa Juan XXIII les hablo como un padre y les dio un regalo que llevarían a Rusia.  El primer ministro Khrushchev respondió agradeciendo y felicitando al Papa Juan XXXIII por su cumpleaños, lo cual contesto, “Soy el Papa Juan no por un merito propio, sino por la voluntad de Dios, y Dios esta en cada uno de nosotros.  Yo soy el Papa Juan y Nikita Khrushchev es Nikita Khrushchev…Yo no veo por qué creer que Dios nos muestra la verdad sólo a través de mí.”

4)      También la visita del congresista Brooks Hayes que cuando lo vio le dijo “soy bautista” y el Papa Juan extendiendo su brazo le dijo “yo soy Juan” (Juan el Bautista, vaya sentido del humor!!).

5)      Una de las anécdotas que su propio secretario Monseñor Capovilla cuenta es la visita de la primera dama de los EE.UU—Jacqueline Kennedy.  Recuenta que el Papa Juan le pregunto a Monseñor como debería de saludarla, a la cual monseñor le contesto “En los Estados Unidos, la esposa del Presidente solamente se le dice la Señora Kennedy, pero debido a que tiene raíces francesas tal vez quiera decirle ‘Madame’.  Mientras en la biblioteca, el Papa solo murmuraba “Señora Kennedy…..Madame…Madame Kennedy…” y la puerta se abrió y la Señora Kennedy entro, el Papa abrió sus brazos y la estrecho diciendo “Jacqueline”.

Ahora que estamos con el Papa Francisco puedo percibir el espíritu de Juan XXIII en este nuevo pontificado.

AH

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[1] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/juan_xxiii.htm

[2] Roncalli, Marco (2006). Juan XXIII, en el recuerdo de su secretario Loris F. Capovilla (2ª. edición). Madrid (España): Palabra. p. 53.