El 6 de Noviembre de 1962 el Papa Beato Juan XXIII intervino durante las discusiones y declaro que cuando un tema ha sido exhausto en plena discusión, los Cardenales Presidentes tenían el derecho de proponer a votación para cerrar la discusión y poder avanzar, ya que la cuestión de la liturgia se estaba extendiendo mas de lo que se pensó.  Por lo tanto, a las 10 de la mañana, el Cardenal Tisserant quien estaba presidiendo pidió que se concluyera la discusión sobre el capitulo II del schema y se hiciera a medio de votación por la cual solamente un obispo franciscano se opuso.

Por los siguientes días se debatieron los capítulos 3 y 4 donde se trataba los sacramentos y sacramentales y el oficio Divino.  El 10 de Noviembre, el anciano Obispo de Mostar, Yugoslavia Petar Cule suplico que se incluyera el nombre de San Jose en el canon de la Misa.  El Obispo Cule siguió hablando de una manera nerviosa, repitiendo muchas cosas, a la cual murmullos comenzaron a escucharse y el cardenal Ruffini lo interrumpió diciendo “termine su sagrado discurso y elocuente, a todos nos encanta San Jose y esperemos que haya muchos santos en Yugoslavia”[1]

Debido a esta interrupción hecha por el Cardenal, el mismo Papa que estaba observando la discusión por televisión cerrada desde su apartamento decidió insertar el nombre de San Jose en el canon de la Misa bajo su propia autoridad [Motu proprio], el 13 de Noviembre de 1962.  Esto causo gran sorpresa en la mayoría de los padres conciliares excepto para unos pocos ya que sabían que el Papa Juan XXIII conocía personalmente al Obispo Cule y también conocía muy bien de su manera nerviosa de hablar debido a un trágico accidente.  El Obispo Cule había sido sentenciado por los Comunistas y fue prisionero dentro de un campo de concentración en Yugoslavia.  Como cuenta el Padre Xavier Rynne “El y otros prisioneros fueron transportados en un tren que fue destruido deliberadamente en un intento de matar a todos a bordo.  El obispo sobrevivió, pero sus caderas se rompieron.  Mal de salud, sin embargo hizo un gran esfuerzo para asistir al concilio y hablar en favor de San Jose” [2] Así, su deseo se cumplió.

AH

[1]  Xavier Rynne, Vatican Council II, NY: Maryknoll, 2003, p. 75

[2] Ibidem. p. 76