El 30 de Octubre de 1962 ocurrió el evento tan inesperado donde el Cardenal Ottaviani se levanto y dio su discurso para responder directamente al Cardenal Holandes Alfrink.  Lo interesante y curioso como notan los observadores dentro del Concilio es que el Presidente de aquella discusión era el propio Cardenal Alfrink.

El Cardenal Ottaviani hablando sobre la liturgia pregunto “Que acaso los Padres conciliares traman una revolución?” ya que no estaba de acuerdo que tantos cambios se dieran en la liturgia ya que escandalizaría a los fieles.  El mantenía que la propuesta de comulgar bajo las dos especies había sido rechazada por la mayoría dentro de la Comisión Central Preparatoria y que solo la minoría ahora quería controlar la discusión.  El Cardenal continúo y expreso su disgusto en concelebrar ya que ahora hacia la Sagrada Misa como un teatro [esto ocasiono molestia entre los Padres Conciliares de Ritos Orientales ya que la concelebración era normal].  El teólogo Hans Kung recuerda que “después de 10 minutos hubo una advertencia del Presidente Cardenal Alfrink”[1] con las siguientes palabras “Disculpe su Eminencia, pero usted ya hablado por mas de 15 minutos” [2].  Ottaviani continuo ignorando la advertencia de su colega seguido por otra advertencia, en este momento “el Cardenal Alfrink volteo a ver al Secretario General, el Arzobispo Felici y ambos estuvieron de acuerdo que era hora de parar” [3].  Por lo cual, el Cardenal Ottaviani continuo hablando pero para esto ya le habían apagado el micrófono y nadie mas lo escucho.  Los padres conciliares expresaron su aprobación por este acto a través de aplausos en el aula de la Basílica de San Pedro.  Esto trajo sin precedentes una humillación terrible al Cardenal Ottaviani, que inmediatamente abandona el aula y se refugia por dos semanas en el Palazzo del Sant’ Uffizio.

Durante los descansos otorgados entre sesiones, se sabe que el propio Papa Juan XXIII permitió el establecimiento de ‘bares’ en el sentido de tomar café, y a uno de ellos se le llamo “Bar Juan” que en hebreo quiere decir ‘hijo de Juan’ en referencia bíblica a San Pedro.  Este bar fue el lugar donde los padres conciliares pudieron conocerse mejor y pudieron compartir experiencias e ideas, de hecho algunos dicen que fue donde se dieron las mejores conversaciones teológicas que influyeron mucho después durante las discusiones.  El Papa Juan XXIII con su buen sentido del humor explico que estos bares eran necesarios ya que si no, “los obispos estarían humeando bajo sus mitras” en referencia que muchos necesitaban fumar sus cigarrillos.

AH

[1]  Hans Kung, My Struggle for Freedom, William B. Eerdmans, 2003, p. 291.

[2]  Xavier Rynne, Vatican Council II, NY: Maryknoll, 2003, p. 69

[3] Ibidem.