El Miércoles 24 de Octubre, el Prefecto de la Biblioteca Apostólica Vaticana el Cardenal Frances Eugene Tisserant enfatizó que el latín no era el único lenguaje litúrgico, sino recordándoles a los Padres Conciliares especialmente a los que se aferraban al latín de que en la Iglesia primitiva el Hebreo y el Griego eran idiomas que los primeros cristianos empleaban y para evidencia de esto era suficiente ver la inscripción en la cruz como se cuentan en los evangelios.  El Cardenal Antonio Bacci quien fuera parte de la Curia Romana [ultraconservador], propuso que la gente pudiera leer los Misales en la lengua vernácula mientras que el sacerdote celebraba la Misa en latín, ya que para el, el latín era el lazo de unidad.

El Arzobispo de Chicago, el Cardenal Alberto Meyer se levanto a favor del artículo 24 del schema donde se autorizaba el uso de la lengua vernácula en la liturgia, pero no miraba razón alguna el por que tendría que resolverse esto a nivel de las conferencias episcopales.  Él quería saber que los obispos individualmente podrían hacer estas decisiones bajo el control del Santo Padre.  El Arzobispo Descuffi de Esmirna expreso su inmensa alegría por ver el apoyo de aquellos padres conciliares a favor de una reforma litúrgica especialmente el de emplear la lengua vernácula, ya que como dijera el “liturgia propter homines et non homines propter liturgiam” [1] es decir que la liturgia era para el beneficio del hombre, y no el hombre para el beneficio de la liturgia.  El Arzobispo Seper [Zagreb, hoy en día la capital de Croacia] sugirió que los cristianos en si eran minoría en el mundo moderno y que todo tipo de asistencia en ayudarles comprender la riqueza de la liturgia tendría que hacerse accesible en la lengua que pudieran entender.  El Obiso Auxiliar de Leon, Francia Alfredo Ancel comento que la “Unidad no significa uniformidad en los ritos”[2], ya que había una gran riqueza en todos los ritos existentes de la Iglesia.  El Obispo Ernesto Rau [Mar de Plata, Argentina] expresaba que el latín pudiera ser un obstáculo en la vida de oración de los fieles ya que “la Iglesia en si no tiene una cultura especifica o una lengua propia…y que seria fiel hasta la muerte a la Iglesia pero no a la lengua del latín.”[3]

Los obispos polacos atestiguaron que la lengua vernácula [polaco] durante la Misa que se venia haciendo ya unos 15 años atrás y esto había salvado la fe de la nación después de la Segunda Guerra Mundial y los comienzos de la guerra fría.  El Obispo Japonés Kobayashi [Sendai, Japón] manifestó que en su propio país el empleo de distintas lenguas ha sido beneficio para el pueblo japonés y debido a la cultura y tradición japonesa, el latín aparece como algo ajeno y extranjera a esta cultura y como algo que predomina el mundo Occidental pero no el Oriental y termino su discurso con la siguiente cuestión: “¿es nuestra unidad con la Santa Sede tan débil que tiene que ser mantenido por una rígida uniformidad?”[4] Sus comentarios fueron recibidos por aplausos en toda el aula de la Basílica de San Pedro.

El Lunes, 29 de Octubre de 1962 los señores Presidentes de todas las comisiones decidieron que la discusión tenia que pasar al capitulo 2 del schema donde se hablaría sobre la Misa.  El Cardenal Spellman [Nueva York] estaba de acuerdo que la participación activa de los fieles era necesaria pero estaba en contra de permitirles la comunión bajo las dos especies [pan y vino] como se recomendaba en el schema.  También no estaba muy a favor de las concelebraciones donde varios sacerdotes alrededor del altar podían celebrar Misa y emplear las palabras del ritual juntos.  El Cardenal Ruffini secundo esta propuesta  y cito que por razones higiénicas no era lo más prudente de dar la Sangre de Cristo a los fieles.

El Cardenal de Montreal, Canada Paul-Emile Léger concluyo el día refutando a estos dos cardenales lo que fue la gran sorpresa del día, el Cardenal Léger estaba a favor de concelebración en las Misas y de que los fieles pudieran comulgar bajo las dos especies ya que los ritos Orientales de la Iglesia ya lo practicaban y aparte mostraba un signo de unidad verdadera y caridad mutua entre los sacerdotes ya que estarían imitando a Cristo como lo hizo con sus apóstoles en la Ultima Cena.  Y que después de todo, la “Misa no era una celebración privada del sacerdote sino que siempre ha sido una función publica de la Iglesia con sus sacerdotes como ministros y los fieles como participantes”[5].  Al siguiente día, el Cardenal Godfrey de Westminster, Inglaterra replicó en contra del Cardenal Léger de Montreal expresando que si se permitía a los fieles de poder comulgar bajo las dos especies muchos pensarían que la Iglesia se había convertido Anglicana.  Pero el Cardenal Godfrey estaba mas preocupado que no se permitiera a los fieles comulgar bajo la sola especie de vino por razones higiénicas, ya que según el ‘muchas mujeres se acercarían a comulgar y traerían lápiz labial”[6].  En la próxima entrada estaré hablando sobre lo que le sucedió al Cardenal Ottaviani durante el Concilio.

AH

 

[1] Rynne, Xavier, Vatican Council II (New York: Orbis, 2003) p.63

[2] Ibidem, p.65

[3] Ibidem, p.65

[4] Ibidem, p. 66

[5] Ibidem, p.67

[6] Ibidem, p.67