Continuando con la debate sobre el Latín en la liturgia, el Cardenal Ruffini sintió que el schema debía ser reconsiderada en su totalidad por los principios mencionados en la Encíclica del Papa Pio XII Mediator Dei y también se pronunció a favor de que “El Santo Padre debería ser el juez y que solo el a través de la curia Romana fuera el que decidiera”[1] y así dejaba fuera las Conferencias Episcopales o los obispos.  El Cardenal Feltin de Paris hablo de una manera mas practica en el uso de la Liturgia, explico que para la mayoría de la gente no conocían mucho sobre la Iglesia, insistió que los Católicos que carecían de formación religiosa tanto como un no católico pudieran reconocer en la Misa que estaban presenciando algo transcendental, sagrado y profundo, por lo cual pidió que se reformara la Liturgia ya que en su tiempo los asistentes presenciaban todo como si fueran ritos mágicos con muy poca participación y muchos no entendían el Latín, lo cual demostraba que la Liturgia perdia su esencia.

El Cardenal McIntyre de Los Angeles hablo a favor de que no se alterara la Liturgia y que se retuviera el Latín en la Misa, esta propuesta fue secundada por el Cardenal Godfrey [Arzobispo de Westminster, Inglaterra] y durante su discurso dijo lo siguiente “Debemus levare linguam Latinam”[2] en pocas palabras decía elevar la Lengua del Latín, de incrementar su importancia.  Al siguiente día, el periódico Italiano Il Tempo reportó lo siguiente “Cardenal Godfrey propone recoger y tirar la Lengua del Latín”  El problema fue que la palabra ‘levare’ en italiano se traduce como recoger y tirar, por lo cual el Cardenal Godfrey se vio horrorizado de que hayan malinterpretado su Latín. 

Esto muestra que muchos de los Padres Conciliares no entendían lo suficiente bien el Latín para comprender lo que se estaba discutiendo.  El Cardenal Cushing de Boston se dice que en una reunión que tuvo con el Papa Juan XXIII le decía que se necesitaba una actitud mas realista sobre el uso del Latín como idioma durante las sesiones ya que durante una de ellas, el Cardenal se levanto y comenzó a hablar en Ingles pero el Secretario General [Arzobispo Felici] lo amonesto, el Cardenal Cushing inmediatamente le preguntó a un prelado cercano que le informara a todos en Latín que el representaba a la “Iglesia del silencio”[3].  Se sabe que durante los debates conciliares, la mayoría de los obispos estaban mas alertas y participaban mas cuando las propuestas eran traducidas al Español, Italiano, francés, Ingles, Alemán o Árabe.  El dato más curioso de todo esto era que el Cardenal Agustín Bea [Presidente para el Secretariado para la Promoción de la Unidad de los Cristianos] proveyó servicios de traducción simultánea aquellos delegados no católicos que estuvieron presentes, muchos de los obispos deseaban que tal servicio hubiese sido para ellos.

El momento clímax dentro de la primera sesión fue dado por el Patriarca Melquita de Antioquia de 84 años de edad Máximos IV Sayegh el 23 de Octubre de 1962.  Rompiendo con el protocolo curialista se atrevió hablarle  a los padres conciliares en Francés.  Esto encanto a los obispos, lo interesante fue según el protocolo del Vaticano que data desde la edad media, los Patriarcas Orientales estaban en un rango inferior que los Señores Cardenales y el Patriarca Máximos al comenzar su discurso se dirigió primero a “Su Beatitud” refiriéndose a los Patriarcas presentes y luego a su “Eminencias” los señores cardenales, una maniobra muy sutil ya que en el Concilio IV de Letrán el Papa Inocencio III había decretado en 1215 el orden de procedencia “Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquia, y Jerusalén como sedes mayores”, esto paso desapercibido por el Cardenal Spellman que presidia la sesión.  El Patriarca enfatizo que el Latín  no era la lengua de la Iglesia Oriental y por consiguiente prefirió a utilizar el francés como una lengua más universal para poder defender su propuesta.  El Patriarca discutió la clausula 24 del schema donde se discutía el Latín diciendo “Permitan que la Conferencia de Obispos decidan por su propia región referente a lo que será la manera o los limites del uso de la lengua vernácula en la liturgia y luego ratificado por la Santa Sede”[4].  En la próxima entrada hablaremos sobre los Sacramentos y lo que le sucedió al Cardenal Ottaviani en plena discusión conciliar.

AH

[1]  Rynne, Xavier, Vatican Council II (New York: Orbis, 2003) p.59

[2] Ibidem

[3] Rynne, Xavier, Vatican Council II (New York: Orbis, 2003) p.60

[4] Ibidem, p.61