Durante el tiempo de preparación para la primera sesión del Concilio Vaticano II se sabe que los Arzobispos Parente y Pericle Felici [Conservadores] tendrían mucho que decir y decidir en quien y quien no estaría en las comisiones preparativas para el comienzo del Concilio.  También se sabe que aquellos teólogos que fueron excluidos o invitados ya muy tarde [3ra o 4ta etapa] fueron los jesuitas americanos John Courtney Murray y John L. McKenzie, los teólogos franceses Henri de Lubac, M.-D Chenu y Jean Daniélou y los hermanos Alemanes Hugo y Karl Rahner de Innsbruck.  Estos hombres en su tiempo fueron considerados aparentemente muy liberales con sus propuestas y manera de pensar y por lo tanto peligrosos.

Los curialistas [obispos y cardenales trabajando en el Vaticano] insistieron en utilizar el Latin como la lengua del Concilio y uno de sus encabezados era el Cardenal Alfredo Ottaviani.  No muy obvio fue la tensión que se fue acumulando al momento de dar la apertura al Concilio.  Pero durante el discurso de Inauguración que el mismo Papa Juan XXIII redacto se puede notar esta tensión que se estaba viviendo dentro de la curia Romana, el Papa decía lo siguiente:

“En el cotidiano ejercicio de nuestro ministerio pastoral llegan a veces a nuestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de almas que, aunque de celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida.  Tales son quienes en los tiempos modernos no ven otra cosa que prevaricación y ruina.  Van diciendo que nuestra hora, en comparación con las pasadas, ha empeorado, y así se comportan como si nada tuvieran que aprender de la Historia, la que sigue siendo maestra de la vida, y como si en los tiempos de los precedentes Concilios Ecuménicos todo procediese prospera y rectamente en torno a la doctrina y a la moral cristiana, así como en torno a la justa libertad de la Iglesia.

Más nos parece necesario decir que disentimos de esos profetas de calamidades que siempre están anunciando infaustos sucesos, como si fuese inminente el fin de los tiempos”[1]

Y también explico el motivo y objetivo del Concilio

“Si la tarea principal del Concilio fuera discutir uno u otro articulo de la doctrina fundamental de la Iglesia, repitiendo con mayor difusión la enseñanza de los padres y teólogos antiguos y modernos, que suponemos conocéis y que tenéis presente en vuestro espíritu, para esto no era necesario un Concilio….La Esposa de Cristo prefiere usar de la medicina de la misericordia mas que de la severidad….La solicitud de la Iglesia en promover y defender la verdad deriva del hecho de que, según el designio de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”[2]

La figura principal en el grupo de intransigentes como el Papa lo dijera “profetas de calamidad” fue el Cardenal Ottaviani, quien fuera nombrado Secretario para la Congregación de la Doctrina de la fe el 7 de Noviembre de 1959 por el mismo Papa Juan XXIII.  En este tiempo el Papa era el Prefecto de esta Congregación, los cambios se harían al terminar el Concilio.  De los asistentes intelectuales de los Padres Conciliares fueron los Cardenales Frings de Colonia, Alemania, el Cardenal Liénart de Lila, Francia, Cardenal Ruffini de Palermo, Cardenal Alfrink de Holanda y el Cardenal Meyer de Chicago ya que todos ellos tenían licenciaturas o doctorados en Sagrada Escritura.  Había otros intelectuales como el Cardenal Tisserant, el Cardenal Konig de Viena, el Arzobispo Hallinan de Atlanta, el Obispo Wright de Pittsburgh, el Cardenal Montini de Milán [después Papa Pablo VI], entre otros obispos estudiados y que conocían muy bien la situación sociopolítica de su día.

Se sabe que mas de 2,500 obispos asistieron a este Concilio desde las diócesis o poblados mas pequeñas como el “Obispo Gunnarson, quien fuera Vicario Apostólico de Holar, Islandia donde solo había 806 católicos , 8 sacerdotes religiosos hasta la Arquidiocesis de Chicago con el Cardenal Meyer donde había 2 millones de Católicos, tres obispos auxiliares, 1264 sacerdotes diocesanos y 1,549 sacerdotes religiosos”.[3]

AH

[1]  Documentos Completos del Vaticano II (México: Librería Parroquial de Clavería, 1991) p.7-11

[2] Ibidem

[3] Rynne, Xavier, Vatican Council II (New York: Orbis, 2003) p.42