Personalmente creo yo que fue una bendición que tuviéramos personas que de manera incógnita reportaron lo que ocurrió dentro de la misma Basílica de San Pedro durante las sesiones del Concilio Vaticano II a pesar de que en su tiempo fuese penado o censurado.   El Padre Francis Xavier Murphy Rynne quien fuera asignado como peritus  [experto] del Concilio, fue nombrado tal por el Obispo de Monterey-Fresno, el obispo Redentorista Aloysius Willinger, quien fuera muy amigo cercano del Secretario de Estado, Cardenal Cicognani.  Gracias a este sacerdote, hoy en día nos pudimos dar cuenta de las muchas cosas que sucedieron en el aula mayor de la Basílica de San Pedro y una mejor apreciación de lo que se vivió en aquel tiempo.

El mismo sacerdote relata que en una ocasión tuvo una reunión con su Superior General el Padre William Gaudreau, un Norteamericano de Massachussetts y mientras caminaban por el jardín su Superior le pregunto sobre “the New Yorker” una publicación que se sigue dando en los U.S.A. ya que había artículos sobre el Concilio y muchas de las expresiones según el Superior General parecían las mismas expresiones del Padre Francis Murphy.  Por lo cual, el Superior pregunto si era el, ya que esto seria peligroso, por lo cual respondió que no era el.  Su Superior pregunto eres tu “Xavier Rynne” y el Padre contesto, claro que no soy “Francis Murphy”.  Obviamente este nombre de “Xavier Rynne” seria su Pseudónimo para poder escribir y relatar las historias que quedaron plasmadas en tantos libros de historia eclesiástica y que pudieron informar al mundo las cosas que sucedían dentro de las sesiones del  Concilio Vaticano II.

Se sabe que el 25 de Enero de 1959 después de una Celebración Eucarística durante la semana de la Unidad por los Cristianos, en un monasterio Benedictino a un lado de la Basílica de San Pablo Extramuros, el Papa Juan XXIII utilizo la ocasión acompañado por 18 cardenales para expresarles íntimamente los asuntos internos de la Iglesia.  Primero les dijo que quería tener un sínodo local para la diócesis de Roma y así renovar la vida Cristiana.  Después les menciono sobre la situación que se vivía en el Mundo y sobre las influencias del mal y del bien en el hombre contemporáneo.  Les hablo sobre la santidad y la confusión moral que existía en las villas, ciudades y naciones en todo el mundo y la tentación continua de un progreso científico que amenazaba y continua amenazando la dignidad humana.  Por ultimo, les hablo de que había decidido convocar un Concilio Ecuménico y les pregunto a sus 18 cardenales “Me gustaría tener su consejo”.  Los cardenales enmudecieron  y no dijeron nada.  El Papa de una manera cándida recordó esta gran decepción “Humanamente podríamos haber esperado que los señores cardenales, después de escuchar nuestra alocución, se hubiesen reunido para expresar su aprobación y buenos deseos.  En lugar hubo un devoto silencio impresionante.”  Con este entorno, el Papa mandaba llamar un Concilio aunque su círculo de la Curia Romana [especialmente los Cardenales] no estuviera del todo de acuerdo.  Algunos empezaron a decir que tomaría tal vez 10, o 20 años para la preparación de tal concilio.  Con esto el Beato Juan XXIII se tuvo que enfrentar, esa resistencia que necesitaba el Espíritu Santo romper y abrir nuevos horizontes.  En la próxima entrada seguiremos explorando el contexto histórico del Concilio Vaticano II

AH