En la entrada anterior  http://tinyurl.com/7e8djw5  hablaba sobre las figuras de la Virgen Maria y San Pedro Apostol como modelos de discipulado.  Hoy continuo explorando este tema con un poco mas de profundidad, especialmente dirigido a todos los catequistas (hacer eco de las enseñanzas del Señor).  Por lo tanto, los discípulos [catequistas] tienen que saber sacar de su cofre los tesoros que el mismo Señor nos ha regalado (lea Mt 25,14-30).  Se nos cuenta la parábola de los talentos, donde tres de sus servidores se les ha dado una tarea, el primero pudo duplicar los cinco talentos, el segundo pudo duplicar los dos talentos, pero el tercer servidor actúa fuera de “miedo” pero el Patrón lo descubre en su mentira, ya que si fuera por miedo trataría de llevar acabo lo pedido.  Por lo menos, este siervo pudiera haber ingresado el dinero en el banco para cobrar intereses.  El Patrón reacciona de cierta manera, por la pasividad o incierto del servidor.  ¿Por miedo de actuar mal?, ni siquiera ha actuado.  En pocas palabras, Dios Nuestro Señor nos ha dado talentos para que los ejercitemos para el bien comun, los pongamos a trabajar para el bien de la comunidad, pero algunos actuamos como el ultimo servidor debido a la pereza o peor aun a la indiferencia.

Cada uno de nosotros seremos evaluados según nuestra capacidad.  Al nacer traemos un paquete lleno de cantidad de semillas, capaces de crecer muchísimo y dar hermosas flores y jugosos frutos.  Dios es amor; nosotros somos capaces de crecer sin medida en el amor.  ¿Que necesitamos para poder dar fruto? o mejor dicho ¿Que necesitamos para sembrar la semilla?  Bueno, lo primero seria preparar la tierra  ¿Como? ¿Cual tierra?.  Obviamente estoy hablando en terminos metafóricos, la primera tierra que me permitiera hablar durante este tiempo de Cuaresma seria comenzar con nosotros mismos.   Con nuestra propia persona y buscar la  Santidad.  Empezar poco a poco. Segundo paso, seria propagar, contagiar e invitar a tus seres queridos a que vivan este camino de Santidad. Tercero, formar Koinonia  ya sea en tu comunidad, trabajo, o parroquia.  Cuarto, formar discípulos.  Quinto,  proyectar apóstoles.  Por lo tanto, en breve el discipulado puede ser lo siguiente:

  1. Para ser discípulo, necesita uno el llamado y la primera condición que me atrevería a decir es el estar con El Señor, en comunión con El Señor.  El de conocerle, el de amarle y dejarse guiar por él.
  2. El discípulo lleva un estilo de vida basado en el evangelio, ve a través de los ojos de Jesús.
  3. Se mantiene unido a la comunidad eclesial para celebrar los sacramentos
  4. Asume la misión de Jesus (cf. Jn 6,58).

Por lo tanto, lea las siguientes preguntas para reflexión:

1.  ¿Cómo puedo ser un mensajero eficaz de la Palabra de Dios?

2.  ¿Para usted que es lo que significa el ser discípulo de Jesús?

3.  ¿Quiénes son las personas dentro de su comunidad que usted ve como discípulos de Jesús?


“Como el Padre me envió, así os envío yo” (Jn 20,21).

El servicio va acompañado con el testimonio de vida.  El discípulo Cristiano también debe vivir de acuerdo al Cristo resucitado y a sus enseñanzas (lea Hechos de los Apóstoles 10, 39-42).  El testimonio del Señor resucitado viene a ser parte del estilo diario de vida y formación del discípulo Cristiano en cada generación.

De hecho, el Santo Padre Benedicto XVI nos dice acerca del discípulo lo siguiente “no predica un cristianismo à la carte, según sus propios gustos, predicando un Evangelio según sus propias ideas preferidas, según sus propias ideas teológicas”. “No deja de anunciar toda, toda la voluntad de Dios, también la voluntad incómoda, también los temas que personalmente no me gustan tanto”.[1]  Por consiguiente, el discipulado tiene otra dimension y es el servicio cristiano, la cual tiene de raíz a una persona, que esta viva y quien es el único de transformar mi vida, es Jesucristo que a través de su Espíritu, me embriaga, me enamora, por lo cual el servicio es un componente esencial de la relación con el Señor.  Ya no veo el servicio como una carga o como una tarea adicional u obligatoria, sino como parte intrínseca de ser cristiano; es la esencia del cristianismo, en términos románticos yo lo llamaría la ‘fragrancia del cristiano’.  Cuando uno se entrega el Señor, el servicio es parte del discipulado y no aparte, pero que no se nos olvide a quien servimos y por que hacemos el servicio.  Recordemos que en la carta de Santiago una “fe sin obras es muerta” (cf. St 2, 14ss).  De hecho, algo de lo que he ido descubriendo en mi vida, ha sido la propia reflexión de los evangelios a través de la Lectio divina.  He aprendido que lo que más me sorprende son las acciones del Maestro.  Claro que van acompañadas por sus palabras, pero son sus acciones que hablan más que mil palabras.  Por ejemplo, la curación de un ciego (Jn 9, 1ss), o que tal el pasaje de lavarle los pies a sus apóstoles (Jn 13,14).  He aprendido que sus acciones son parte del servicio, son parte de la persona, son parte de su amor por el prójimo, es por eso que me atrevo a decir que el servicio es un componente integral de la fragancia del cristiano.  Pero no siempre el camino es tan agradable como lo era antes, la alegría de servir para algunos que ya tienen tiempo dentro de este camino se ha perdido y el corazón puede estar dolido y desganado.  Hay temporadas en que parece que solo recibimos insultos y azotes.  Sentimos desfallecer, a veces vemos el servicio como monótono y rutinario, e inclusive injusto (lea Mt 20,1).  Ya no queremos ayudar porque otros reciben el crédito y trabajan menos.  El servicio es muestra del amor por Cristo basta leer (3 Jn 2-8).  Pablo también nos recuerda en la carta a los Corintios que los que trabajan en la viña del Señor no deben de hacer alarde de sus esfuerzos ni fanfarronear de sus logros; son servidores (1 Cor 3,1-15).  Como una vez dijo el pequeño gigante (Nelson Ned) “No me puedo quedar con los brazos cruzados, cuando Cristo murió por mi con sus brazos abiertos”.  El servicio conlleva a la fraternidad, aprendemos a dar pero también a recibir.  Cristo mismo nos llama a servir (cf. Mt 20,28).  Otro pasaje que nos ayude a entender el servicio es la visita propia de Jesus a Marta y a María (Lc 10, 38-42).  Por lo cual el discipulado abre a otra dimension, del servicio a la oracion contemplativa.  La oración y el servicio son complementarios en la espiritualidad y en la vida cristiana, lo cual nos lleva a otra dimensión—la humildad.  En la próxima entrada hablare sobre la oración y la humildad como componentes fundamentales del discipulo.

AH