Cada año, con ocasión de la Cuaresma, la Iglesia nos invita y anima a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas.  La Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna.  En su mensaje anual del 2008, el Papa Benedicto XVI hizo su reflexión basada en la limosna, por lo cual quisiera detenerme y elaborar un poco más sobre este tema, ya que es un tema que para algunas culturas el dar limosna implica dar lo que me sobra en el bolsillo y nada más.

 Según las enseñanzas evangélicas y lo que el Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda es que los bienes materiales que uno posee no son para apropiarse sino más bien para ser administrados y ser utilizados para el bien del prójimo.  ¿Pero como hacer esto? Si nuestra cultura se vuelve más consumerista, individualista y materialista.  Precisamente la “limosna” que tradicionalmente se le conoce por años da una connotación de dar lo que me sobra, pero no debería ser así, es por eso que yo la llamo “ofrenda”, esa ofrenda que damos y que brota de un corazón generoso, como Nuestro Señor Jesucristo lo hizo al ofrecer su vida por todos nosotros (Cf. Jn 15,13).  Es necesario buscar sinónimos a las palabras para que las mismas palabras nos ilumine, si aprendemos a dar con un corazón generoso nos sirve como proceso de renovación interior ya que es un ejercicio que nos ayuda a liberarnos del apego a los bienes terrenales.  Es una de las razones el por que la Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma para que profundicemos y vayamos mucho más allá que un simple método minimalista, en otras palabras en vez de preocuparme por comer carne roja los viernes, o dejar de fumar, o no comer chocolates, la Cuaresma es más bien una invitación a educarnos en la justicia y en la caridad, en el como socorrer al prójimo en sus necesidades y compartir lo que uno posee con los demás en secreto, es por eso que estas dos preguntas deberíamos de tenerlas grabadas en nuestra mente durante este periodo cuaresmal ¿Cómo aprendo a compartir con un corazón generoso? Y ¿Cómo evito llamar la atención o aprobación de los demás, si no lo hago en secreto? Recuerda que si nuestro interior es purificado tenga con seguridad que el exterior también lo estará.

Hay varios pasajes bíblicos que nos pueden iluminar para esto, pero hay uno que en mí lo personal se me viene a la mente, y es el pasaje de la viuda pobre en el evangelio de Marcos (Cf. Mc 12,41-44).  Lo interesante es que este pasaje se encuentra casi al final del evangelio de Marcos y al final de la vida terrestre de Jesús.  Y Jesús observa el comportamiento de los ricos al dar grandes limosnas en las alcancías del Templo.  Pero observó una pobre viuda que echo el poco dinero que tenia para vivir ese día, y Jesús alaba este ejemplo.  En pocas palabras, Jesús no tiene nada en contra de aquellas personas que prosperan, al contrario reprocha el hecho de los bienes terrenales se vuelvan tu poder, tu dios, tu vida y peor aun que te olvides de tus hermanos que viven en tu comunidad, estos ricos daban lo que les sobraba al tesoro del Templo como ofrenda de segundo plato mientras se vivía en extrema pobreza, en cambio esta viuda no da a Dios su ofrenda de lo que le sobra, ni de lo que posee, sino que ofrece lo que es, toda su vida, toda su persona, toda su confianza en Dios, porque el Señor era su riqueza, su tesoro.  Por eso querido lector, te invito a que cada domingo cuando vayas a Misa des tu ofrenda a la Iglesia no de lo que te sobra, no del bolsillo, sino que de una manera intencional des lo que es de Dios a Dios (Cf. Mt 22,21), ayuda a tus hermanos en la comunidad pero hazlo en secreto para que así sea glorificado Nuestro Señor y no tu propia satisfacción.  No te olvides de rezar y ayunar, y por ultimo recuerda que la limosna brota de un corazón generoso y no del bolsillo.

AH