Continuando con la reflexión sobre Catequista en el Contexto del Discipulado http://tinyurl.com/6srhy3a, hay otro modelo también que se nos presenta en todos los Evangelios, y es la figura de Pedro—uno de los amigos más íntimos entre los seguidores de Jesús.  Basta leer el Evangelio de Juan (1, 35-51), inclusive es su hermano Andrés quien le presenta Jesus a Simon.  ¿Cómo fue ese encuentro? ¿Cuál fue la impresión que Simon se llevaría de Jesus? o viceversa.  Simón y sus compañeros son pescadores de ocupación.  Si Jesús comparó ordinariamente el Reino de los Cielos con elementos de la agricultura, lo mas lógico era que hubiera escogido a hombres del campo para este ministerio.  Sin embargo, llamo a pescadores, aclarándoles que serian pescadores de hombres.  ¿Por que no les dijo que serían labradores de la viña? La respuesta toma algo de discernimiento y estudio, si observamos la vida del campesino en su trabajo es la siguiente.  El campesino o agricultor se encamina todas las mañanas por el sendero que lo lleva a su terreno.  Su itinerario es rutinario, incluso hasta sus animales van y regresan solos al campo ya que recorre el mismo camino.  Sin embargo, el caso del pescador es muy distinto.  En el mar no hay veredas, siempre se va por nuevos rumbos, las olas nunca son las mismas, y cada día el viento sopla distinto.  Esto significa para el discípulo en pleno siglo XXI que muchos labradores del campo del Señor [inclusive catequistas] han transformado su labor apostólica en una vereda trillada.  Predican lo mismo y no simplemente eso, incluso trabajan de la misma manera.  Siempre es lo mismo y el mensaje evangélico pierde fuerza y vigor.  Por consiguiente, la persona del catequista es un discipulo pero que esta llamado a seguir el camino del pescador.

Retomando la figura de Pedro, Pedro tenía un carácter fuerte, era impulsivo e impredecible.  Con frecuencia cambiaba su estado de ánimo y manera de pensar sin previo aviso. ¿Habrá catequistas así? Él fue el primero en hablar y el primero en actuar, pero el último tal vez en pensar. Pero es el mismo Pedro que viene siendo al mismo tiempo el creyente y el que niega a Jesús, el es tan pecador como Santo. Fácilmente nos podemos identificar con él porque él se nos presenta como alguien sumamente y sin lugar a dudas muy humano.  Podemos también contemplar todos los momentos en donde Pedro acompaño a Jesus, mientras curaba su suegra, en la multiplicación de los panes, en la tempestad, en la pesca inmensa, en la transfiguración, en las parábolas, en la negación, en el kerigma.  Es el mismo Pedro que ha se entregado al Señor, solo que su vida ha dado un giro de 180 grados, ahora le conoce y es dispuesto a dar su vida como lo hizo, el catequista debe de aprender de esta gran enseñanza bíblica.  Pedro como otros apóstoles muere crucificado a excepción de Juan Apóstol como lo enseña la Tradición de la Iglesia, lo cual nos indica que el discípulo si quiere seguir y entregarse al Señor tiene que tomar y cargar con su cruz (Cf. Mc 8, 34ss).  Hay tantos predicadores y personas que predican un evangelio muy bonito pero se les ha olvidado que el cristiano lleva consigo el cargar su cruz.  No podemos dejar de desapercibido esto, seria una gran injusticia y eliminaríamos una buena parte de los evangelios.

El discípulo pues esta llamado por nombre a imitar al Hijo del Hombre quien no vino a ser servido si no a servir y dar su vida como rescate por muchos (Cf. Mt. 7, 21).  Por lo tanto el discipulado va de la mano con el compromiso, no podemos estar a medias, o me comprometo, es decir me entrego o no me entrego.  No puedo permitir que el libro del Apocalipsis resuene en mi conciencia.  “no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio y no frío o caliente, voy a vomitarte de mi boca” (Ap 3,15b-16).  En la proxima entrada hablaremos sobre el discipulado y el servicio.

AH.