Quiero continuar esta reflexión sobre la persona del catequista dentro del contexto del discipulado y lo que implica esto en pleno siglo XXI.  Pero seria una falta grave hablar del discipulado y no mencionar la humildad, servicio y santidad que esto requiere como camino de una vocación.

El Santo Padre Benedicto XVI dijo una vez al hablar de la Sagrada Escritura “es la condición para estar realmente en contacto con el Señor y así transmitir su voluntad a los demás”.[1]  Por lo tanto, lo que voy a tratar de transmitir obviamente serán mis palabras pero no mi voluntad sino el Señor que habla a través de este siervo, por consecuencia, el discípulo debe de tener esta relación intima para poder comunicar lo que Dios quiere dar a conocer.  De hecho, la Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación nos dice lo siguiente “toda la predicación eclesiástica, así como la religión cristiana misma, se nutra y rija por la Sagrada Escritura” (no. 21) y “Es menester que el acceso a la Sagrada Escritura este de par en par abierto a los fieles” (no.22).[2]  Por lo tanto, es a través de la Sagrada Escritura que exploraremos estas dimensiones que nos llevaran a comprender mejor el camino que el Señor quiere que tomemos.

La palabra discípulo viene del latín discípulus, que es traducción directa de la palabra griega “mathetes” que significa aprendiz, un aprendiz es alguien que se une con lealtad a las instrucciones y compromisos del maestro.  El Evangelio según San Mateo constituye una verdadera escuela de discipulado y misión.  Discípulo es una palabra importante para Mateo. Se encuentra 73 veces en su Evangelio, comparado con 46 y 37 veces en Marcos y Lucas. Es el único nombre que Mateo emplea para los seguidores de Cristo, y se junta frecuentemente con el verbo “seguir”, otro de sus vocablos favoritos.  Pero que se necesita para ser discípulo, bueno antes necesitamos el “llamado” y la “vocación”.  El Papa Benedicto XVI subraya utilizando la carta de San Pablo a los Efesios que “la vida cristiana comienza con una llamada y siempre es una respuesta, hasta el final”.[3]  Y continua diciendo “El Señor ha llamado a cada uno de nosotros con su nombre.  Dios es tan grande que tiene tiempo para cada uno, me conoce, conoce a cada uno de nosotros con su nombre, personalmente. (…) Creo que deberíamos reflexionar sobre este misterio una y otra vez: Dios, el Señor, me ha llamado, me llama, me conoce, espera mi respuesta como esperaba la respuesta de María, esperaba la respuesta de los apóstoles”.[4]  De hecho el evangelio de Lucas 10,2 dice lo siguiente: “La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe obreros a su cosecha”.

El primer modelo de discipulado que quisiera centrarme es la persona de María, la Madre de Dios.  Todos los catequistas deberíamos y debemos de aprender de nuestra Madre María, ya que es una discípula pero no en el sentido histórico de que ella acompañara a Jesús durante su ministerio, sino en el sentido existencial de que ella escuchó la palabra de Dios y actuó según la misma.  Acepto la voluntad de Dios porque lo conocía, y algo que todo discípulo debe de tener es la escucha, la meditación y la contemplación al igual que María.  Pregúntese usted ¿Por qué será que tenemos dos oídos y una boca?  Será, por que hemos sido creados para escuchar más que para hablar.  En un mundo donde el ruido habita por doquier, que inclusive el silencio se ve como algo anticuado y fuera de moda, esto nos debe decir mucho.  La Sagrada Escritura nos menciona lo siguiente “Cuando los pastores regresaron dando gloria a Dios por todo lo que habían visto y oído de parte de los ángeles. Se nos dice, “y María guardó (atesoraba) todas estas palabras en su corazón” y las tenía muy presentes (San Lucas 2, 19).  Es decir, María era una mujer discípula en toda la extensión de la palabra porque era una mujer de oración y apertura.  El discípulo debe ser una persona de oración, el catequista debe de ser una persona de oración y flexible.  En la siguiente entrada continuaremos explorando el llamado a ser discípulo.

AH


[1] Vatican Information Service 03-11-2011

[2] Documentos Completos del Vaticano II, Librería Parroquial de Clavería, 13ra Ed. 1991.

[4] Ibíd.