Les comparto el siguiente articulo que fue publicado el primero de febrero en Resonancias de la Arquidiocesis de Galveston-Houston por parte de la hija de mi compañera de trabajo Esperanza Monterrubio.  La autora es Fátima Monterrubio.  Muchas gracias por compartir tus talentos

“¿Pero cómo podemos ser discípulos de Jesús?”  Un día me quede sin respuesta a esta pregunta tan autentica y tan importante que me hizo uno de mis estudiantes de octavo grado en mi clase de catecismo.

¿Qué responderías tú?  La respuesta adecuada tiene que venir de una vida de oración, de una relación personal e intima con Cristo, y de formación catequética.  Para emprender esta labor de catequesis tan esencial que nos encomienda la Iglesia, necesitamos formación.  Al igual que un jugador de futbol necesita entrenar o una actriz de telenovela necesita ensayar, todos tenemos que aprender los “secretos del oficio.”  

Según el Directorio General para la Catequesis §238, la formación de los catequistas comprende varias dimensiones:

1.  El ser del catequista, como persona, creyente y apóstol

2.  El conocimiento del mensaje que transmite y del destinatario que lo recibe y su contexto social

3.  el saber hacer, ya que la catequesis es un acto de comunicación

Es decir, el que nuestros estudiantes tengan un deseo sincero de conocer a Dios más intimamente y que lleguen a amarlo más y más empieza con el deseo, amor, y la madurez de fe que tenemos nosotros.  Y para que nuestros estudiantes tengan un amplio conocimiento de nuestra fe católica, lo necesitamos tener primero nosotros.  Y finalmente, por más que amemos a Cristo, y por más que conozcamos el gran testero que es nuestra fe, si no lo podemos comunicar eficazmente ¿a quien le beneficia?  Por eso, es que el saber hacer es crítico.  El afán de ser discípulo de Cristo que tenemos nosotros se contagia si sabemos planear bien nuestras lecciones, si incluimos actividades que despiertan el interés de estudiantes con distintos estilos de aprendizaje, y si tenemos un plan de disciplina en el salón.

Tantas veces han fallado mis planes para una lección porque uno o más de estos aspectos faltaban.  Pero no hay que desesperarnos, es precisamente para ayudarnos con estas tres dimensiones de formación que existen los módulos catequéticos y los cursos de contenido que ofrece la arquidiócesis.  Tenemos un gran recurso de personal diocesano que se dedica precisamente a entrenar catequistas, a evaluar materiales, y dar talleres para ayudarnos a ser el/la mejor catequista que podamos ser.

En la introducción del manual diocesano, “El Ministerio del Catequista,” el Arzobispo Emérito Joseph Fiorenza dijo: “A través de ustedes, los valores del Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia transformarán a aquellos a quienes enseñan a ser buenos discípulos de Cristo y miembros fieles de la Iglesia.  Este ministerio se merece lo mejor que ustedes puedan dar de ustedes mismos.” ¡Es un papel muy importante, hagámoslo bien aprovechando los recursos que tenemos a nuestra disposición! Asi podemos dar una buena respuesta a preguntas como la que me hizo mi estudiante y podemos hacer mucho más.