Muy a menudo en mi trabajo me encuentro en situaciones donde en distintas Iglesias (parroquias) los dirigentes de Catequesis quisieran tener catequistas que sean competentes, útiles, eficaces, ejemplares en su oración, queden buen ejemplo a la comunidad, sean personas organizadas, flexibles, y listos (as) para cooperar con la parroquia.

Pero ¿Quién es la persona del Catequista?  En muchas partes la palabra catequista muy frecuentemente se relaciona con el titulo de Maestra (¡como si fuera escuela!), pero si ampliamos el término de catequista como la Iglesia manda pedir, es toda persona que hace “eco” del evangelio, es por eso que la persona del Catequista es un agente de pastoral que tiene que ver con la formación y algo con la educación, ya que los términos educación y formacioón hoy en dia tienen diferentes significados.  Educación se entiende como instrucción formal que se da a traves de nuestras escuelas e institutos sociales, sin embargo cuando hablamos de formación hablamos de esta area que hace una persona ser integral, no solo en el conocimiento sino tambien en su espiritualidad, en su forma de pensar en su etica y moral, por lo tanto, Catequistas tienen una labor más grande que la palabra maestro o maestra como lo entendemos el dia de hoy.  Ahora, siguiendo las mismas palabras del Beato Papa Juan Pablo II la persona del Catequista “debe ser la de comunicar, a través de su enseñanza y su comportamiento, la doctrina y la vida de Jesús. No tratará de fijar en sí mismo, en sus opiniones y actitudes personales, la atención y la adhesión de aquel a quien catequiza; no tratará de inculcar sus opiniones y opciones personales como si éstas expresaran la doctrina y las lecciones de vida de Cristo. Todo catequista debería poder aplicarse a sí mismo la misteriosa frase de Jesús: Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado” (Jn 17,6).[1]  Por lo tanto, la persona del Catequista es todo Cristiano que ha sido llamado para anunciar la Buena Nueva a diferentes rincones del mundo, si eres padre o madre de familia, tu deber principa lserá ser catequista para tus hijos y con tu conyúge, pero ¿entonces para que mando a mis hijos a clases de religión o catecismo? ¡Si ahora usted me dice que la responsabilidad es mía!  Bueno, es lo mismo que sucede en la escuela, la responsabilidad de educar a nuestros hijos no es responsabilidad de la escuela sino del padre, pero frecuentemente pensamos que los maestros deberían enseñarle cosas de provecho a nuestros hijos ya sea por que usted paga la colegiatura de su hijo(a), y tiene usted razón y lo están haciendo,  pero el maestro o catequista son solo apoyo para la familia, el papel principal de educador en la fe como en las ciencias de la vida recae en el papel del padre y de la madre, por lo tanto usted es un catequista.

¿Pero ni siquiera se como rezar o hablarle de Dios a mis hijos? No se preocupe nunca es tarde, tarde cuando le llegue la muerte, usted puede acudir a su Iglesia más cercana y pedir ya sea con el dirigente de Catequesis o Párroco que le ayude a como mejor prepararse para poder ayudar a sus hijos, muchas veces las parroquias ofrecen clases de catecismo a todas las edades, inclusive para adultos como usted y como yo, ¿para que? Para que usted pueda mejor entender las cosas de la fe y transmitirlas a sus hijos, pero aparte y mucho más importante porque le ayuda a su propia formación continua como persona que quiere crecer en santidad con el Señor, no importa que tanto tenga usted de conocimiento o no.  Un libro practico que yo recomiendo y esta en español es por el autor Tom McGrath titulado “Educando Hijos en la Plenitud de la Fe”, Loyola Press, ©2000.  En la próxima entrada estaré hablando sobre el papel central del Catequista.

AH


[1] Cf. Juan Pablo II, Exhort. Ap. Catechesi Tradendae, n.6: (1979)