Es muy difícil plantear en unos cuantos renglones y dar soluciones a un desafío tan grande que todo el pueblo hispano católico conoce. Es por eso que este artículo es el primero de varios donde hablaremos sobre este desafío. ¿Qué hacer con nuestros hermanos separados que no profesan nuestra fe, pero tocan a mi puerta? Para poder responder ante tal cuestión, es necesario que analicemos los mismos términos que empleamos. Primero, usualmente nos referimos a nuestros hermanos cristianos como ‘hermanos protestantes’, pero este término no es el correcto, y además es despectivo ya que obstaculiza al dialogo ecuménico. No es que estemos negando parte de la historia, por que en realidad eso fue lo que hicieron protestar, pero no puedo generalizar a todos nuestros hermanos separados o hermanos cristianos con la misma categoría, ya que muchos de ellos no son parte de estas “Comunidades eclesiales” como la Iglesia las identifica, ya que surgieron durante la reforma protestante del siglo XVI –Anglicanos, Luteranos, Presbiterianos, entre otros. La Iglesia llama “Comunidades eclesiales” para referirse a aquellas comunidades que no tienen la sucesión apostólica [el sacramento del orden], pero tenemos en común el Sacramento del Bautismo. Segundo, llamamos grupos sectarios o fundamentalistas aquellas comunidades que surgieron durante los siglos XIX y XV como Adventistas, Nazarenos, pentecostales, Testigos de Jehová, Mormones, evangélicos entre otros. Dentro de este grupo, no consideramos cristianos al grupo de Testigos de Jehová o Mormones porque no compartimos la misma creencia en la Santísima Trinidad.

Ahora, quisiera enfocarme dentro de este ultimo grupo que llamamos fundamentalistas ya que el pueblo hispano ha sido afectado por ello. Grupos sectarios predominan en nuestros pueblos y constantemente somos cuestionados respecto a la fe Católica. ¿Pero que hacer para defenderse? Quisiera citar un documento vital que fue publicado por el Vaticano en 1993 titulado Directorio para la Aplicación de Principios y Normas sobre el Ecumenismo (v.d.t) donde se dice lo siguiente:

1. El conocimiento de la Escritura y la formación doctrinal son necesarios desde el principio, junto con el conocimiento de la historia y de la situación ecuménica en el país donde uno vive. (no.57a)

2. El Papa Paulo VI dijo “nosotros debemos ofrecer a los fieles de Cristo, no la imagen de hombres divididos y separados por las luchas que no sirven para construir nada, sino la de hombres adultos en la fe, capaces de encontrarse más allá de las tensiones reales gracias a la búsqueda común, sincera y desinteresada de la verdad”. (no. 60)

3. Respeto por la convicción personal y conciencia de cualquier persona. (no.87e)

El directorio es bastante extenso pero con estos tres principios podemos darnos cuenta lo que la Iglesia nos pide hacer. Por lo tanto, cuando usted tenga un encuentro con grupos sectarios o fundamentalistas y si usted no se ha formado doctrinalmente de una manera adecuada las siguientes recomendaciones hechas por estudiosos nos pueden ayudar:

1. Trátelos con respeto y cordura (pida el mismo trato que usted da a ellos)
2. No pierda tiempo discutiendo sobre textos bíblicos individuales.
3. No ataque a los grupos sectarios como si fueran tontos (ellos quieren preservar su fe y cualquier ataque hacia ellos es personal).
4. No trate de convencer a un fundamentalista de su error (se pudiera sorprender que un fundamentalista no se vuelve un cristiano mas moderado sino un ateo).
5. Y aunque usted no lo crea, recuerde que también son hijos de Dios creados a Imagen y Semejanza de Dios.

Como puede analizar, considero que estas pautas son recomendaciones prudentes. En los próximos artículos estaré dando más recomendaciones y recursos de apoyo que la Iglesia ofrece ante este desafío fundamentalista.

AH