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CaptureHace unos meses durante uno de mis viajes tuve la oportunidad de conocer varios jóvenes adultos en un evento que se llevó en una diócesis aquí en los Estados Unidos.  Durante mis conversaciones con varios de ellos pude notar que había alegría, tal vez no mucho conocimiento de la fe Católica pero había entusiasmo, había chispa, había ganas de hacer las cosas.  Mientras la primera charla se llevaba a cabo por un sacerdote, pude notar la atención que más de 250 jóvenes de edades 23-34 años de edad tenían hacia el sacerdote.   El sacerdote que desconozco su nombre hizo muy buena platica y conexión con las sagradas escrituras en relación a la cultura que viven los jóvenes adultos en general.  Al finalizar esta primera charla hubo un descanso de 30 minutos y darle oportunidad a las casas editoriales como centros de retiro poder promocionar sus eventos.  Fue precisamente en este tiempo que pude platicar con tres jóvenes adultos, uno de ellos de como 32 años de edad, soltero y trabajando para una empresa de petróleo, las otras dos personas eran dos mujeres una de ella como de unos 25 años de edad, terminando su Maestría en Educación, y la otra una mama de unos 30 años de edad que también estaba terminando su Maestría en Ingeniería.  ¿Qué fue lo asombroso de esta conversación?  Que los tres habían tenido caminos de conversión, dos de ellos habían sido ateos hasta hace unos años y una de ellas fue conversa al catolicismo del presbiterianismo.

Al progresar de la conversación pude notar la franqueza como relataban sus luchas, sus miedos pero también sus alegrías.  Entre tantas cosas que se dijeron, recuerdo dos momentos especiales que los tengo todavía muy grabados, ya que lamentablemente no he oído algún católico de nacimiento relatar estas cosas.  Recuerdo y tengo muy grabado lo que me dijo este muchacho, “una vez me pregunte, ¿Cómo saber si estoy salvado? A lo cual me llevo a cuestionarme, a leer libros de filosofía, a buscar la lógica, saber que es la salvación y la curiosidad de saber por qué yo me hacia esta pregunta, YO que no creía en nada supernatural.  Pero de repente, un día me sentí llamado a ir a Misa, y escuche con atención la homilía del sacerdote y hablo de ‘tuve hambre y me diste de comer’ ‘fui forastero y me recibiste’ ‘anduve sin ropas y me vestiste..etc.’ estas palabras resonaron tanto en mi corazón que me di cuenta que era Él mismo el que me estaba llamando y me deje acercarme por Él”.  Este muchacho al terminar de decir esto se conmovió, que no era necesario decir más palabras para describir el encuentro personal que tuvo con Jesucristo.  Y ahí estaba el, queriendo compartir su fe Católica con los demás y lo orgulloso que se sentía de ser Católico.

Capture2El otro relato fue de esta mama joven, que nos contó su historia y de cómo había crecido toda su vida en una creencia presbiteriana pero desde muy chica se sentía atraída por las creencias católicas como la Santa Eucaristía, el Sacramento de la Reconciliación que poco a poco fue abandonando su creencia presbiteriana y decidió entrar al proceso de RICA y en 1999 había sido recibida a la Iglesia Católica.  Lo más notorio de su experiencia de fe fue, que contaba esto y lo hacía con mucha alegría, que nos dijo “este es un bello momento para ser Católicos, tenemos a un buen Papa Francisco, hay varios de nosotros que hemos dejado familias, amigos y hemos seguido al Señor y nosotros podemos hacer las cosas mejor”  El escuchar a alguien que no había tenido la misma experiencia como yo o como muchos que conozco, que hemos crecido en la Iglesia Católica por tradición y no por convicción y escuchar a esta jóven mamá expresarse y decir que este es un bello momento para ser Católico me dejo mudo.

Les cuento esto no para convencerlos y se conviertan al catolicismo, sino más bien les comparto esto para que según la creencia de cada uno de los que estén leyendo esto se afiance mas, busquen la verdad, busquen la alegría auténtica que solo Dios puede brindar.  Y si eres católico (a), profundiza en tus convicciones, profundiza en tu fe y sobre todo compártela con los demás, y por ultimo les comparto este video que con un solo letrero indicando “regresa a casa”, ya que se puede evangelizar a varios sin entrar en discusiones

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Excelente video donde 15 personas con síndrome de Down responden a una futura mamá que se acaba de enterar que tendra un hijo con síndrome de Down.  Recuerda presionar la tuerca en el video para mejorar la resolución y cc para seleccionar los subtitulos.

 

Mis colegas Juan Carlos Moreno, Gerardo Salazar y mi hijo. (Estudios de Radio Maria)

Mis colegas Juan Carlos Moreno, Gerardo Salazar y mi hijo. (Estudios de Radio Maria)

 

Antes de haber finalizado la Copa Mundial de Brasil 2014, mis colegas Juan Carlos Moreno y Gerardo Salazar hablábamos de la fe y el deporte, fue un tema muy propicio y un tema que disfrute muchísimo.  Todo este audio quedo captado gracias a mi colega Juan Carlos Moreno.

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Recientemente tuve la oportunidad y la bendición de ser el Conferencista principal en Español para la reunión de Líderes y Catequistas para la Diócesis de Brownsville, Texas dirigida por la Oficina de Catequesis bajo el liderazgo de mi colega Luis Espinoza (Director de la Oficina) con el patrocinio de la editorial jesuita Loyola Press y tener a lado a mi compañero Joe Paprocki para la comunidad anglosajona, donde su actual obispo Daniel Flores quien fuera mi profesor de Patrología (Patrística) durante mis estudios de Maestría terminó tal conferencia con una Misa.  Fue muy grato ver tantas personas hambrientas por nuestro Señor Jesucristo, dispuestos a lanzarse y echar las redes para las nuevas generaciones.  La gente del “valle” como se le conoce saben ser muy hospitalarios y en verdad que reciben a la gente con los brazos abiertos, esta experiencia nunca lo olvidare.  Agradezco tambien el trabajo hecho por Rita Martinez y la ayuda que dio en la conferencia pero sobre todo agradezco la hospitalidad de mi gran amigo Martin Lopez quien abrio las puertas de su casa para que mi familia se pudiese hospedar alli.  Aqui les comparto una foto

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Durante mi presentación que fue titulada “Bajo la influencia de Jesús” basado en el reciente libro publicado por mi colega Joe Paprocki “Under the Influence of Jesus” impartí mi presentación y quisiera compartir ciertos puntos doctrinales y pastorales que quisiera plasmar precisamente para todos aquellos interesados.  Tengo que confesar que tenía los nervios de punta ya que los nervios pueden traicionar a cualquier expositor por muy preparado que este, pero fue tan cálido y ameno el recibimiento de la gente que se desvanecieron.  Una de las oraciones famosas que ahora son parte de la Tradición Católica es la oración “Alma de Cristo” o Anima Christi que mismo San Ignacio de Loyola al haberla escuchado durante su tiempo fue el quien la colocó al comienzo de sus Ejercicios Espirituales y a menudo hizo referencia a ella.  Debido a esta oración parte el libro para explicar ¿cómo entender “bajo la influencia”? ya que se puede mal interpretar como si uno estuviese bajo la influencia de las drogas, o del alcohol o algo que pudiera ser dañino para la salud, pero la oración comienza de la siguiente manera:

“Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame…..”

La palabra embriagar es una palabra fuerte que significa emborrachar, pero también significa cautivar, fascinar y es por estas líneas donde se puede entender el significado “bajo la influencia de Jesus”.  El dejarse cautivar y fascinar tiene su raíz en virtud del regalo que hemos recibido por la gracia del bautismo.  Es aquí donde Dios toma la iniciativa y llama, nos busca y para aquellos que fuimos bautizados desde pequeños, este regalo de la gracia, Dios lo entrego a manos de nuestros padres, el llamado fue a través de nuestros padres pero es Dios mismo quien toma esta iniciativa.  Por lo tanto, si uno fue bautizado de adulto, la iniciativa es igual, es Dios quien llama.  Y debido a esta virtud del bautismo implica un llamado, una vocación y como cualquier llamado requiere una respuesta por nuestra parte, pero ojo, no cualquier respuesta como alguien que toca a la puerta y simplemente abrimos.  Al contrario, esta respuesta tiene que ser como San Ignacio de Loyola varias veces propuso, una búsqueda apasionada de la voluntad de Dios, esa debe ser nuestra respuesta….tiene que haber esa chispa que encienda esa pasión y esa pasión debe conducir a la embriaguez espiritual que es sana (esa fascinación por la persona de Cristo).  NOTA: Fascinación no se debe entender por fanatismo.

Cuando la persona se deja enamorar por la persona de Cristo, comienza esa búsqueda apasionada, y esa búsqueda apasionada tiene equilibrio por lo cual mantiene la relación saludable, no se fanatiza, no se vuelve ciego, y se debe proclamar el Kerigma, ese primer anuncio como lo hizo la Iglesia primitiva.  El kerigma es Cristo Jesús en cuanto Mesías muerto y resucitado para salvación de todos y en cuanto promesa cumplida por el Padre y anunciada por los profetas del AT.  Los ejemplos más claros de este Kerigma se encuentran en  Hch 2,14-41; 1 Cor 15,14-15; Rom 16,25.32;  y en si el Kerigma es la proclamación del Mensaje sobre la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, pero rete a los participantes de la Diócesis de Brownsville y les dije, “necesitamos predicar el Kerigma, necesitamos predicar lo esencial del mensaje, el Señor ha muerto y ha resucitado para la salvación de todos nosotros, pero lo más importante es que nos AMA a cada uno de nosotros.  Por lo tanto, no solo predicar el Kerigma, sino vivirlo, ser Kerigma, ser testigos de Cristo, dar testimonio de nuestras vidas que reflejen a Cristo, al Kerigma, dejarse transformar por Cristo.”

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Bajo la influencia de Jesus, nos debe convertir en Kerigma y debemos proclamar y dar testimonio del amor que Dios tiene hacia cada uno de nosotros con nuestras obras, con las cosas que hacemos, la dedicación que pongamos en los proyectos que nos confían, porque el Reino de Dios es amor.  Nuestra realidad y nuestra sociedad nos apunta a un distinto reino y he aquí la tentación, nos propone un reinado de dinero, fama y poder.  Por lo cual, muchos buscan este espejismo de reinado y se dejan conquistar por él, pero de ¿Qué sirve tener dinero, fama y poder, si no hay amor autentico a Dios y al prójimo? De nada, es vacío absoluto pero cuando la persona se deja embriagar por el Espíritu Santo nos revela dos cosas excelentísimas de Dios:

1)  Dios es grande en su creación

2) Dios es grande en su Redención

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Consecuentemente, dejarse influenciar por Jesus significa no dejarse llevar por la envidia y el egoísmo, no dejarse acarrear por la violencia, no al cinismo al chisme o a la negatividad (la Iglesia ya cuenta con muchos de ellos) necesitamos personas que enseñen la alegría de ser Cristianos de ser Católicos, no ser prepotentes sino humildes y vivir en estado de serenidad que solo el Espíritu Santo puede dar en medio del caos de nuestras vidas.  La Iglesia necesita tantos discípulos misioneros que estén dispuestos dejarse transformar en el Señor, de reconocerle y vivir su Reino.  Por lo tanto, cuestiónese ¿Qué necesito YO para embriagar a los demás de Jesucristo?

Mi presentación va acompañada de un visual de PowerPoint y lo puedes encontrar aquí www.slideshare.net/adrian31  “Bajo la influencia de Jesus”

AH

¿A quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna

 529304_343624255715710_213384891_nPedro le contestó: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»” (Jn 6,68-69) Que palabras tan ciertas ¿a quién iríamos? Esta pregunta que la hace el mismo Pedro a Jesús después de ver que muchos de los supuestos discípulos dejaron de seguirle.  ¿No sucede lo mismo en nuestras familias? Aquellos que estaban con nosotros ahora son arrastrados por otros intereses.  Los domingos solo lo ven como un día de descanso y recreación pero ya dejaron de seguir al Señor, ya no se interesan por asistir a Misa, no le hayan sabor a las cosas de Dios, no frecuentan los sacramentos, no participan en la vida de la Iglesia, no se involucran en las cosas del Señor.  Nuestros jóvenes y niños nos cuestionan y a veces no encontramos respuestas a sus preguntas, imponen sus gustos y sus ideales y reemplazan a Dios ¿para que venir a Misa? ¡Que aburrido!  ¿No hemos entendido como Pedro? que solo tú Señor tienes palabras de vida eterna.  Pregúntese ¿Cuántas veces le he fallado al Señor como esos discípulos y le he dejado de seguir? Si hiciéramos una encuesta ¿dónde creen que el mundo de hoy iría? No necesitamos ser expertos en la materia de la comunicación, solo basta ver en la televisión, o escuchar en la radio, ver afuera en las calles.  Hay drogadicción, pandillerismo, violaciones, guerras, hambre, pobreza, prostitución, narcotráfico, brujería, hechicería, enfermedad, vicios, pleitos.

seguir-em-frente_thumb[4][1]Y ¿cuándo acudimos al Señor? Algunos recurrimos al Dios botiquín, que lo busco en mi baño como píldora para calmar mis dolores, lo busco en mi baño solo cuando lo necesito.  Y esto sucede, porque no hemos recorrido el camino con Jesús, no hemos tenido un encuentro personal con él, él quiere habitar, tenemos esa pereza espiritual y no queremos caminar.  De hecho, la cultura de nuestra sociedad tampoco ayuda, hay tantos “drive-thru” para pedir lo que me complazca sin tener que bajar del auto, me da pereza inclusive de caminar físicamente, si somos de esos mucho más difícil será para nosotros caminar espiritualmente, emocionalmente y físicamente con el Señor.  Él nos lo dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida” y este ‘iríamos’ implica un caminar, el hacer un esfuerzo, el dejar que el viento del espíritu santo conduzca mi vida, ya que el “Caminar es un arte, porque si caminamos siempre deprisa nos cansamos y no podemos llegar al final, al final del camino. En cambio, si nos detenemos y no caminamos, ni siquiera llegamos al final. Caminar es precisamente el arte de mirar el horizonte, pensar adónde quiero ir, pero también soportar el cansancio del camino. Y muchas veces el camino es difícil, no es fácil. «Quiero ser fiel a este camino, pero no es fácil, escuchas: hay oscuridad, hay días de oscuridad, también días de fracaso, incluso alguna jornada de caída… uno cae, cae…». “Pero pensad siempre en esto: no tengáis miedo de los fracasos; no tengáis miedo de las caídas. En el arte de caminar lo que importa no es no caer, sino no «quedarse caídos». Levantarse pronto, inmediatamente, y seguir andando. Y esto es bello: esto es trabajar todos los días, esto es caminar humanamente. Pero también: es malo caminar solos, malo y aburrido. Caminar en comunidad, con los amigos, con quienes nos quieren: esto nos ayuda, nos ayuda a llegar precisamente a la meta a la que queremos llegar.”[1] Y ¿Cuál es esa meta?  La cruz, pero antes de hablar sobre la cruz quiero volver a recalcar el caminar en comunidad y les dejo otra historia con moraleja.

LA PARÁBOLA DEL MATRIMONIO

aguilaCuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

- Nos amamos – empezó el joven.

- Y nos vamos a casar – dijo ella.

- Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.

 Por favor, repitieron – ¿hay algo que podamos hacer? El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.

Hay algo, dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no sé…es una tarea muy difícil y sacrificada. No importa – dijeron los dos-. Lo que sea – ratificó Toro Bravo. Bien -dijo el brujo-. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?

La joven asintió en silencio.

Y tú, Toro Bravo – siguió el brujo – deberás escalar la Montaña del Trueno; cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta…¡salgan ahora!. Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur…. El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

¿Volaban alto?- preguntó el brujo. Sí, sin duda. Como lo pediste… ¿y ahora? – preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre? No – dijo el viejo-.

Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne – propuso la joven-. No – repitió el viejo-. Harán lo que les digo: Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero… Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.

Este es el conjuro…Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos pero jamás atados.

Medite

¿Me cuesta caminar? ¿Camino solo o con los demás? ¿Hay alguien a quien tengo atado y no he dejado volar?

 

“¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna”

Para nosotros los católicos este camino a la cruz que Jesús nos pide porque “tiene palabras de vida eterna” le pudiéramos llamar “Esperanza” es decir, esa virtud teologal que el Señor nos otorga como gracia para vivir y voltear la mirada fija al cielo como meta como la define el Catecismo de la Iglesia Católica es el “anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre” (no. 1818).  Y se me viene a la mente la película de Martin Sheen ‘The Way’ o el ‘Camino’ donde un reconocido oftalmólogo de California que un día recibe una llamada informándole de la muerte de su hijo, Daniel, en los Pirineos. Tom viaja a Europa para hacer todos los preparativos propios de una defunción pero, durante su estancia, descubre que Daniel estaba haciendo el Camino de Santiago y no pudo pasar de la primera etapa. Tom decide entonces ayudar a su difunto hijo a terminar el Camino de Santiago, llevando sus cenizas en una caja.

discipuloEl auténtico discípulo de Cristo reconoce que el camino es angosto pero si persevera y siempre con la gracia de Dios llegara a esa felicidad plena que solo Dios Nuestro Señor puede dar, donde las cargas de la vida propia se hacen ligeras, donde uno se mantiene optimista a pesar de las dificultades de la vida y no he permitido que nuestra esperanza desfallezca, donde uno aprende a no perder la paz de corazón y puede dar paz a los demás.  La misma vida de los santos atestiguan de esto, no fueron santos porque fueran perfectos y no tuvieran errores, al contrario son santos porque fueron imperfectos, débiles, con errores pero que aprendieron agarrarse de Dios y se dejaron suavizar por las caricias del Señor y lo hicieron vida propia.  Para muchos de los santos no fue fácil perseverar en el camino de conversión, ¿Cuántos de nosotros no tenemos el mismo desafío? La clave es la misma como lo fue para los santos y es de impulsarnos a cambiar, a convertirnos, a una radical conversión para ir al encuentro con Jesús.  Un discípulo de Cristo sin Cristo no es cristiano y mucho menos discípulo.  El discípulo auténtico tiene que aprender que para ir al encuentro con Cristo, tiene que dejarse alcanzar por Él, es dejarse transformar y configurar por Cristo con Cristo.  Es fijar nuestras miradas como el discípulo amado lo hizo al pie de la cruz, un Cristo sin cruz no es el mensaje de salvación.  Para muchos seguidores y cristianos que se dejan llevar por las cosas del mundo no han reflexionado sobre esto o se les ha olvidado la poca esencia de cristiano que llevaban consigo.  Por eso la belleza de nuestra Iglesia tiene crucifijos en cada una de sus parroquias, no porque seamos masoquistas y nos gusta ver a un Cristo muerto, al contrario para que NO se nos olvide que el amigo de Jesús tiene que recorrer este camino, un amor sin reservas, un amor radical, que tiene que aprender al igual que Jesús en la cruz a decir, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34), tal vez me haga de enemigos durante el camino, tal vez no entiendan mi conversión, tal vez levanten mentiras y faltas en contra mía, tal vez me acusen de charlatán o de falso, tal vez…. pero al final tengo que hacer estas palabras del Señor mías “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, en pocas palabras mi corazón ha aprendido a no guardar rencor, a no cultivar odio hacia los demás.   Un discípulo de Cristo tiene que caminar con Cristo como los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 36) y dejarse transformar por él.  La mejor manera que yo conozco donde ocurre esa transformación es precisamente en el altar de la Iglesia, cuando uno se acerca a comulgar, a estar con él y en él.  Una vez que esto sucede, la persona tiene que vivir esta pasión…si así es, ser apasionado en las cosas del Señor porque esto ayuda a vivir la vida como Cristo, no solo hablar de Cristo sino hablar con Cristo, estar con Cristo, aprender a cargar la cruz porque es el único camino que conocemos que conduce a la salvación, Jesús necesita varios Simón Cirene, aquel que ayudo al Señor en su pasión cargar la cruz, no hay otro camino más que este, un amor completamente radical que cambia y me transforma, solo cuando aprendo a verle y me dejo crucificar con Él.  Esto es la esencia del cristiano, amor divino y asentimiento total a la voluntad del Padre y esto no es una obediencia ciega.  ¿Cuántos cristianos especialmente católicos necesitan reflexionar sobre esto?  Ese fue el objetivo y meta de los santos, y ¿no es nuestra misma meta? De recorrer el camino con Cristo, para llegar al Padre, encontrarlo, escucharlo, obedecerlo, conocerlo pero sobre todo adorarlo y amarle.  Si queremos ser discípulos de Cristo tenemos que salir al encuentro de Cristo, tenemos que salir de nuestras vidas propias y dejar transfigurar mi vida a la de Cristo y asi las palabras del poeta “El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.” Un discípulo de Cristo, tiene que ser esa buena fragancia para los demás, tiene que dar testimonio de que Cristo vive en él/ella pero no solo de manera provisional, sino para SIEMPRE, ya que su amor y salvación por nosotros fue para SIEMPRE. “A quien iríamos, tú tienes palabras de vida eterna”.  Les comparto el siguiente cuento.

El Sueño de los tres árboles

Érase una vez, en la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles amigos que soñaban en grande sobre lo que el futuro deparaba para ellos. El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo: “Yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y de piedras preciosas. Yo seré el cofre de tesoros más hermoso del mundo”. El segundo arbolito observó el pequeño arroyo en su camino hacia el mar y dijo: “Yo quiero viajar a través de mares inmensos y llevar conmigo a reyes poderosos. Yo seré el barco más importante del mundo”. El tercer arbolito miró hacia el valle y vio a hombres agobiados de tantos infortunios, fruto de sus pecados y dijo: “Yo no quiero jamás dejar la cima de la montaña. Quiero crecer tan alto que cuando la gente del pueblo se detenga a mirarme, levanten su mirada al cielo y piensen en Dios. Yo seré el árbol más alto del mundo”.

Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles se convirtieron en majestuosos cedros. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña. El primer leñador miró al primer árbol y dijo: “¡Qué árbol tan hermoso!”, y con la arremetida de su hacha el primer árbol cayó. “Ahora me deberán convertir en un cofre hermoso, voy a contener tesoros maravillosos”, dijo el primer árbol. Otro leñador miró al segundo árbol y dijo: “¡Este árbol es muy fuerte, es perfecto para mí!”. Y con la arremetida de su hacha, el segundo árbol cayó. “Ahora deberé navegar mares inmensos”, pensó el segundo árbol, “Deberé ser el barco más importante para los reyes más poderosos de la tierra”. El tercer árbol sintió su corazón hundirse de pena cuando el último leñador se fijó en él. El árbol se paró derecho y alto, apuntando al cielo. Pero el leñador ni siquiera miró hacia arriba, y dijo: “¡Cualquier árbol me servirá para lo que busco!”. Y con la arremetida de su hacha, el tercer árbol cayó.

El primer árbol se emocionó cuando el leñador lo llevó al taller, pero pronto vino la tristeza. El carpintero lo convirtió en un pobre pesebre para alimentar a las bestias. Aquel árbol hermoso no fue cubierto con oro, ni contuvo piedras preciosas. Solo contenía pasto. El segundo árbol sonrió cuando el leñador lo llevó cerca de un embarcadero. Pero pronto se entristeció porque no era el mar sino un lago. No había por allí reyes sino pobres pescadores. En lugar de convertirse en el gran barco de sus sueños, hicieron del una simple barcaza de pesca, demasiado chica y débil para navegar en el océano. Allí quedó en el lago con los pobres pescadores que nada de importancia tienen para la historia. Pasó el tiempo. Una noche, brilló sobre el primer árbol la luz de una estrella dorada. Una joven puso a su hijo recién nacido en aquel humilde pesebre. “Yo quisiera haberle construido una hermosa cuna”, le dijo su esposo… La madre le apretó la mano y sonrió mientras la luz de la estrella alumbraba al niño que apaciblemente dormía sobre la paja y la tosca madera del pesebre. “El pesebre es hermoso” dijo ella y, de repente, el primer árbol comprendió que contenía el tesoro más grande del universo. Pasaron los años y una tarde, un gentil maestro de un pueblo vecino subió con unos pocos seguidores a bordo de la vieja barca de pesca. El maestro, agotado, se quedó dormido mientras el segundo árbol navegaba tranquilamente sobre el lago. De repente, una impresionante y aterradora tormenta se abatieron sobre ellos. El segundo árbol se llenó de temor pues las olas eran demasiado fuertes para la pobre barca en que se había convertido. A pesar de sus mejores esfuerzos, le faltaban las fuerzas para llevar a sus tripulantes seguros a la orilla. ¡Naufragaba!. ¡que gran pena, pues no servía ni para un lago!. Se sentía un verdadero fracaso. Así pensaba cuando el maestro, sereno, se levanta y, alzando su mano dio una orden: “calma”. Al instante, la tormenta le obedece y da lugar a un remanso de paz. De repente el segundo árbol, convertido en la barca de Pedro, supo que llevaba a bordo al rey del cielo, tierra y mares. El tercer árbol fue convertido en sendos leños que por muchos años fueron olvidados como escombros en un oscuro almacén militar. ¡Qué triste yacía en aquella penuria inútil, qué lejos le parecía su sueño de juventud! De repente un viernes en la mañana, unos hombres violentos tomaron bruscamente esos maderos. El tercer árbol se horrorizó al ser forzado sobre las espaldas de un inocente que había sido golpeado sin misericordia. Aquel pobre reo lo cargó, doloroso, por las calles ante la mirada de todos. Al fin llegaron a una loma fuera de la ciudad y allí le clavaron manos y pies.  Quedo colgado sobre los maderos del tercer árbol y, sin quejarse, solo rezaba a su Padre mientras su sangre se derramaba sobre los maderos. el tercer árbol se sintió avergonzado, pues no solo se sentía un fracasado, se sentía además cómplice de aquél crimen ignominioso. Se sentía tan vil como aquellos blasfemos ante la víctima levantada.

Pero el domingo en la mañana, cuando al brillar el sol, la tierra se estremeció bajo sus maderas, el tercer árbol comprendió que algo muy grande había ocurrido. De repente todo había cambiado. Sus leños bañados en sangre ahora refulgían como el sol. ¡Se llenó de felicidad y supo que era el árbol más valioso que había existido o existirá jamás pues aquel hombre era el rey de reyes y se valió de el para salvar al mundo![2]

Pídele al Señor que te de la paz que tanto anhelas, pídele que cambie tu corazón y pídele también que te de las fuerzas para que nunca lo abandones o lo dejes de seguir..

Oración Final

Misericordia

Ayúdame, Dios mío, por tu bondad
Perdóname por lo que he hecho mal, tú sabes cómo soy.
Yo sé que no miras lo que está mal, sino lo bueno que es posible.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me das sabiduría.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me dejes vagar lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Enséñame a vivir la alegría profunda de tu salvación,
Hazme vibrar con espíritu generoso:
entonces mi vida anunciará tu grandeza,
enseñaré tus caminos a quienes están lejos,
los pecadores volverán a ti.
Hazme crecer, Dios,
Dios, Salvador mío,
y mi lengua cantará tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera ritos sólo por cumplir, no los querrías.
Lo que te ofrezco es un espíritu frágil;
un corazón quebrantado y pequeño,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a tus hijos
haznos fuertes en tu presencia.
Entonces te ofreceremos lo que somos, tenemos, vivimos y soñamos, y estarás contento.

  • Desde el salmo 50[3]

 

[1] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/speeches/2013/june/documents/papa-francesco_20130607_scuole-gesuiti_sp.html

[2] http://www.corazones.org/jesus/poesia/sueno_arboles.htm

[3] http://www.pastoralsj.org/

“Las palabras que les he dicho son espíritu y vida”

 

maxresdefaultEscuché no hace mucho que la sobreinformación nos desborda, la información en este mundo, las tantas palabras que existen en el castellano.  Recientemente la Real Academia Española indico en un periódico de España que en su diccionario hay solamente 88,000 palabras sin contar las variantes.  88,000 palabras más le añadimos toda la información que se acumula alrededor del mundo, es difícil acumular tantos datos, compartirlo todo o disfrutarlo todo. Es algo que se cuela en nuestras vidas, en nuestros momentos personales, en los más íntimos incluso. La sobreinformación nos mantiene atados, nos genera agobio, a veces que no nos deja respirar, ni ser nosotros mismos. Y Jesus obviamente no está hablando de este sentido de palabra que se oye por audición, sino de esa palabra que se escucha y se hace carne, el Verbo Encarnado, que lleva a la felicidad y esta felicidad que Cristo nos ofrece es tan luminosa y clara que mucha gente no la ve. Él se ofrece como el Mana bajado del cielo y aun así muchos confundimos su mensaje con estrellas del antojo e ilusiones superficiales y endebles. Es más fácil perseguir la felicidad barata que este mundo ofrece a través de los sentidos, aquello que podemos consumir, aquello que podemos fácilmente sentir, que escuchar sus palabras que son espíritu y verdad. Pero, claro, cuando a veces esta felicidad verdadera se oculta, nos acobardamos y él nos recuerda que las palabras que nos ha dicho son espíritu y vida.  El mismo Nicodemo tiene dudas y cuestiona a Jesús:

“Nicodemo le dijo: «¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre para nacer una segunda vez?» Jesús le contestó: «En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.  Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Necesitan nacer de nuevo desde arriba”.  El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu.»” (Jn 3, 3-8).

Quiero compartirles el siguiente cuento con moraleja que les pueda servir como vemos la vida, como la sentimos, como la escuchamos.

 

Al otro lado de la ventana

Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba. Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones. Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas; las actividades y colores del mundo exterior. La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad. Según el hombre de la ventana describía todo esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos imaginaba; la idílica escena.

Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que; estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras. Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía. Se llenó de pesar y llamo a los ayudantes del hospital, para llevarse el cuerpo.. Tan pronto como lo considero apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambia encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación.

Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para alzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo el mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama… y se encontró con una pared blanca. El hombre pregunta a la enfermera que podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana. La enfermera le dijo:

“Quizás solo quería animarle a usted”.[1]

Es una tremenda felicidad el hacer felices a los demás, sea cual sea la propia situación. El dolor compartido es la mitad de pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble. Hoy es un regalo, por eso se le llama el presente, y en esto también consiste la santidad, en caminar juntos por que la meta es la cruz que nos debe llevar al cielo prometido, la vida eterna.

Pregúntese

¿Por qué me resulta difícil seguirle?

 

Es el mismo espíritu de Cristo Jesús que me renueva pero a veces señor me siento solo, mi vida no es vivir.  Reconozco que soy muy frágil, mi vida es un desierto, los días son oscuros y las noches sin final, no hay ningún amigo, mi vida es soledad.  A veces me pregunto cómo puedo vivir, sin luz, sin alegría, sin nadie junto a mi…Mas no encuentro respuestas, silencio hay en mi ser, en mi alma hay un vacío de desamor a vencer.  A veces siento deseos de llorar, de contarte mis penas, tu que todo lo ves, puedes darme respuesta, puedes darme la fe.  Mírame Señor, te seguiré, te tuve entre mis brazos, anoche te soñé, sentí que me mirabas diciéndome.  Escucha me dijiste, abre tu corazón, no me cierres tu alma, la respuesta soy yo.  El corazón del hombre fue echo para amor, y sin amor no vive se muere en soledad, las palabras que les he dicho son espíritu y vida.  Y en esto consiste la santidad, donde todos somos llamados, todos somos llamados a un nuevo comienzo en Cristo Jesús, todos somos llamados a renovarnos. Jesús envía su Espíritu a renovar la tierra y los corazones. Lo promete momentos antes de morir, y apenas resucitado lo cumple. Es el mejor legado que nos podía dejar. Con la fuerza del Espíritu vivida Él y ha llevado a cabo su obra. Tenemos un manantial de vida y de energía espiritual. Dondequiera que el Espíritu interviene suscita no solo fe, amor, esperanza, sino hombres creyentes, amantes, esperantes, y debido a eso trae la alegría de ser cristiano, la alegría de ser Católico.  Y esta alegría de estar con Jesús hace que sus palabras sean espíritu y vida y que se encarnen en mí.  “Los apóstoles jamás olvidaron el momento en que Jesús les tocó el corazón: «Era alrededor de las cuatro de la tarde» (Jn 1,39).”[2]

A veces me detengo a reflexionar sobre lo que la otra persona pensara de mi o que cosas le preocuparán, especialmente aquellas personas que nos topamos y que consideramos difíciles en tratar, que todo el tiempo se la pasan quejando y todo lo ven negro, que son miserables porque no tienen ni siquiera un momento de alegría, a veces quisiéramos aplicar el dicho de Martin Valverde “Dios Mío Ilumínala, o mejor dicho Dios mío elimínala”.  A todas esas personas, hay que ponerlas en nuestras oraciones, necesitan de nuestro ejemplo, necesitan de nuestra alegría, necesitan de nuestra fe, necesitan de nuestro amor.  Es el mismo espíritu y la vida de nuestro Señor quien nos impulsa a salir de nosotros mismos, de romper esos egos que tenemos dentro, que aprendamos a doblegar el orgullo, es el mismo espíritu de Jesús que cuando estoy triste, abatido es el que me levanta, me abre los ojos a la verdad, es el mismo espíritu de Jesús que resucito a Lázaro. Sus palabras son espíritu y vida y como discípulo las he hecho mías pero también me cuestiono ¿Cuántas palabras no hemos escuchado? ¿Cuántas palabras no hemos sentido? Pero también ¿Cuántas malas palabras hemos escuchado y desde nuestra misma boca hemos maldecido?  Se me viene una vez la imagen de la lengua, la lengua de serpiente que es difícil dominar pero fácil en destruir, en despedazar, en difamar en lastimar, esa lengua que dicen palabras que escupen veneno, no escupen amor.  ¡Cuántas veces Señor te ofendido! ¡Cuántas veces Señor se me ha olvidado aplicar las tres rejas! Te comparto la siguiente reflexión.

Contra Quien luchamos

Había un ermitaño que se quejaba muchas veces que tenía demasiado quehacer.
La gente preguntó cómo era eso de que en la soledad estuviera con tanto trabajo. Les contestó: “Tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león”. No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives. ¿Dónde están todos estos animales? Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron. Porque estos animales los tienen todos los hombres, ustedes también. Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo. Tengo que domarlos para que sólo se lanzan sobre una presa buena, son mis ojos. Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan. Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir, son mis dos manos. Y los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las cosas difíciles. Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta, son mis dos pies. Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas. Siempre está lista por morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula, si no la vigilo de cerca, hace daño, es mi lengua. El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día, es mi cuerpo. Finalmente necesito domar al león, quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso, es mi corazón.[3]

 

Reflexiona

 ¿Hay alegría en tu vida? ¿Hay algo en tu vida que hay que dominar? Escucha la melodía del siguiente canto

 

 

Oración final

En Busca de Dios

 

“¡Te necesito, Señor!,

porque sin Ti mi vida se seca.

Quiero encontrarte en la oración,

en tu presencia inconfundible,

durante esos momentos en los que el silencio

se sitúa de frente a mí, ante Ti.

¡Quiero buscarte!

Quiero encontrarte dando vida a la naturaleza que Tú has creado;

en la transparencia del horizonte lejano desde un cerro,

y en la profundidad de un bosque

que protege con sus hojas los latidos escondidos

de todos sus inquilinos.

¡Necesito sentirte alrededor!

Quiero encontrarte en tus sacramentos,

En el reencuentro con tu perdón,

en la escucha de tu palabra,

en el misterio de tu cotidiana entrega radical.

¡Necesito sentirte dentro!

Quiero encontrarte en el rostro de los hombres y mujeres,

en la convivencia con mis hermanos;

en la necesidad del pobre

y en el amor de mis amigos;

en la sonrisa de un niño

y en el ruido de la muchedumbre.

¡Tengo que verte!

Quiero encontrarte en la pobreza de mi ser,

en las capacidades que me has dado,

en los deseos y sentimientos que fluyen en mí,

en mi trabajo y mi descanso

y, un día, en la debilidad de mi vida,

cuando me acerque a las puertas del encuentro cara a cara contigo”.

 

Teilhard de Chardin[4]

 

[1] https://sabiasmoralejas.wordpress.com/tag/historias-con-moralejas/

[2] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium_sp.html#Alegría_que_se_renueva_y_se_comunica

[3] http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/8471044/Contra-quien-luchamos.html

[4] http://www.pastoralsj.org/

“Este lenguaje es muy duro”

tu-pan-nos-lleva-al-cieloComencemos pues partiendo del pasaje bíblico en el Evangelio de San Juan.

Así habló Jesús en Cafarnaúm enseñando en la sinagoga. Al escucharlo, cierto número de discípulos de Jesús dijeron: «¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá escucharlo?» Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les dijo: «¿Les desconcierta lo que he dicho? ¿Qué será, entonces, cuando vean al Hijo del Hombre subir al lugar donde estaba antes? El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida Pero hay entre ustedes algunos que no creen.» Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar. Y agregó: «Como he dicho antes, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.» A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. Jesús preguntó a los Doce: «¿Quieren marcharse también ustedes?» Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»” (Jn 6,59-69)

Estas reflexiones que les he compartido parten de mi propia experiencia que sé que no es ajena a la de ustedes. Yo soy tan pecador que puedo decir con toda honestidad que tengo cola que me pisen, ¿me siento orgulloso? No, pero ¿quién no se siente así? Por lo cual, recordemos las palabras claves para nuestros ejercicios durante esta Pascua y llevarlas a cabo en todo lo que hago “Misericordia y un corazón limpio”. Desde que me levanto, con mis hijos o tengo trato con mi cónyuge, en mi trabajo, a la hora de comer, a la hora de salir y encontrarme con la multitud de gente que habita en esta ciudad, hay que pedirle al Señor que tenga Misericordia de nosotros que nos dé un corazón limpio pero también a la vez, hay que ser nosotros mismos misericordiosos con nuestro prójimo, hay que tener corazón limpio hacia nuestro prójimo. Es muy fácil pedir estas cosas de Misericordia y un corazón limpio al Señor, y el Señor nos dice que si nos dará un corazón limpio, que si nos dará su Misericordia pero que compartamos este gran amor de Dios hacia los demás, nos pide que las llevemos a cabo, que seamos misericordiosos con los demás, que compartamos ese corazón limpio aquel que tanto necesita de un buen consejo, un hombro donde llorar, una mirada tierna que ver, que no seamos egoístas sino entregar todo, dar todo en esto consiste la Alegría del Evangelio. Es por eso que el evangelio que acabamos de escuchar se nos relata que había cierto número de discípulos, aquellos que se decían seguidores del Señor, aquellos que pareciera habían dejado todo por seguirle, aquellos que supuestamente habían dicho si a él, pero la reacción de ellos a mí me sorprende, ¿Qué no se supone que son discípulos del Señor? ¿Qué no se supone que aprendieron del Maestro, porque vivieron con él? Pero no, estos dizque ‘discipulos’ son los que algunos sacerdotes dicen que son ‘Cristianos con la biblia bajo la axila’, que en vez de vivir la Biblia, leerla, ponerla en práctica, más bien hacen eso, aparentan que la leen pero más bien la sofocan bajo sus brazos. Por eso la respuesta de los discípulos, “Este lenguaje es muy duro”, ¡que escandalo! esto que me dice el Señor no puede ser, ¿Quién puede seguirlo? Si lo que me pide es imposible.

Cuestiónese
¿Por qué me resulta difícil escuchar al Señor? ¿Alguna enseñanza de Jesús me escandaliza y me parece imposible de vivir?

Se me viene a la mente el pasaje del sacrificio de Isaac:

Dios quiso probar a Abraham y lo llamó: «Abraham.» Respondió él: «Aquí estoy.» Y Dios le dijo: «Toma a tu hijo, al único que tienes y al que amas, Isaac, y vete a la región de Moriah. Allí me lo ofrecerás en holocausto, en un cerro que yo te indicaré.»…. No toques al niño, ni le hagas nada, pues ahora veo que temes a Dios, ya que no me has negado a tu hijo, el único que tienes.»…. ya que has hecho esto y no me has negado a tu hijo, el único que tienes, te colmaré de bendiciones y multiplicaré tanto tus descendientes, que serán tan numerosos como las estrellas del cielo o como la arena que hay a orillas del mar. Tus descendientes se impondrán a sus enemigos. Y porque has obedecido a mi voz, todos los pueblos de la tierra serán bendecidos a través de tu descendencia. (Gn 22, 1-2.17-18)

Abraham, el padre de la fe pudo haber sido uno de estos discípulos que pudo haberse escandalizado y haber dicho que “lenguaje tan duro”, ¿quién podrá obedecerlo? me pides a mi único hijo lo más valioso, la clave está en que el Padre de la fe—Abraham, fue auténtico discípulo de Yavé porque lo conocía en verdad, él sabía que lo que le pidiera él se lo iba a multiplicar, él tenía la confianza en Dios y sabía que rescataría a su hijo, ya que Dios no desea la muerte de nadie. Un auténtico discípulo del Señor tiene esta característica, confía en él, sabe que el que tiene la última palabra es él. Con un poco de introspección descubriremos que muy frecuente vivimos con muchas preocupaciones y ansiedades. Esto puede ser causado por un sentido interior de nuestra propia vulnerabilidad e inpermanencia. Todos buscamos la seguridad, pero la clave está que la seguridad se encuentra en Dios y no en las cosas terrenales. Inclusive hasta cuando nos consideramos seguros, frecuentemente esa confianza es el resultado de ir sintiendo que podemos depender de nuestros talentos y esfuerzos, de nuestros logros y éxitos presentes, fe en un sistema o institución, la confiabilidad de otros y la esperanza de un buen futuro. Nos aferramos a estos salvavidas y queremos olvidar la profundidad del océano de nuestros temores e incertidumbres que nos amenazan y sentimos que perdemos el control. Todos estamos en busca de tierra firme, solidez, permanencia, y seguridad; buscamos salvación de lo que nos amenaza y de nuestra propia vulnerabilidad. Lo mismo le sucedió a los apóstoles en especial a Pedro

Inmediatamente después Jesús obligó a sus discípulos a que se embarcaran; debían llegar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Jesús, pues, despidió a la gente, y luego subió al cerro para orar a solas. Cayó la noche, y él seguía allí solo. La barca en tanto estaba ya muy lejos de tierra y las olas la golpeaban duramente, pues soplaba el viento en contra. Antes del amanecer, Jesús vino hacia ellos caminando sobre el mar. Al verlo caminando sobre el mar, se asustaron y exclamaron: «¡Es un fantasma!» Y por el miedo se pusieron a gritar. En seguida Jesús les dijo: «Ánimo, no teman, que soy yo.» Pedro contestó: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti caminando sobre el agua.» Jesús le dijo: «Ven.» Pedro bajó de la barca y empezó a caminar sobre las aguas en dirección a Jesús. Pero el viento seguía muy fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: «¡Señor, sálvame!» Al instante Jesús extendió la mano y lo agarró, diciendo: «Hombre de poca fe, ¿por qué has vacilado?» Subieron a la barca y cesó el viento, y los que estaban en la barca se postraron ante él, diciendo: «¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!» (Mt. 14, 22-33)

Barca solitariaEsto es muy interesante ya que nosotros buscamos tierra firme, solidez, permanencia y seguridad y a Noé lo puso a prueba con el diluvio mientras las aguas torrenciales golpeaban a la creación por su mala conducta, y que decir del Padre Abraham que le pide dos cosas muy grandes salir de la tierra de Ur, de ir a lo desconocido, donde no hay permanencia y tal vez no haya seguridad. Y también menciono a Moisés que es salvado de las aguas, que es tartamudo y le pide Yavé que libere a su pueblo, que se enfrente contra el gran opresor ante el faraón y que confié en él, aunque desobedeció de Yavé y no pudo entrar en la tierra prometida. Pero aun así, Yavé nunca lo abandonó, y que decir de San José, esposo de Maria y Padre Virginal de Jesús, San José es llamado el “Santo del silencio”, no conocemos palabras expresadas por él, tan solo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo. Tuvo confianza en el Señor y por último que decir de Pedro pescador, aquel que “Jesús dijo a Simón: «No temas; en adelante serás pescador de hombres.»” (Lc 5,10b) Porque es en el mismo océano, en el mismo mar como Noé, Moisés y Pedro donde se aprende a confiar en el Señor.

Jesus quiere pescadores de hombres, él no quiere campesinos ¿Cuál es la diferencia? La respuesta es simple, el campesino o agricultor se encamina todas las mañanas por el sendero que lo lleva a su terreno. Su itinerario es rutinario, incluso hasta sus animales van y regresan solos al campo ya que recorre el mismo camino. Sin embargo, en el caso del pescador es muy distinto. En el mar no hay veredas, siempre se va por nuevos rumbos, las olas nunca son las mismas, y cada día el viento sopla distinto. Esto significa que para nuestras vidas, si queremos ser auténticos discípulos de Dios, nuestras vidas tienen que cambiar, tenemos que dejarnos transformar por el viento del Espíritu Santo, que nos lleva por caminos y nuevos rumbos que desconocemos, solo lo que nos pide es que confiemos en él.

Te comparto el siguiente canto para tu meditación

 

Oración final

Tú me salvas

No te cansas de mí,
aunque a ratos
ni yo mismo me soporto.
No te rindes,
aunque tanto
me alejo, te ignoro, me pierdo.
No desistes,
que yo soy necio,
pero tú eres tenaz.
No te desentiendes de mí,
porque tu amor
puede más que los motivos

Tenme paciencia,
tú que no desesperas,
que al creer en mí
me abres los ojos
y las alas…

José Mª Rodríguez Olaizola, sj [1]

 

—————————–

[1] http://www.pastoralsj.org/

 

 

 

 

Discreción y Serenidad

 

virgoDios nos ha llamado, es la misma voz del Espíritu Santo y es en sí una vocación, es el deseo de emprender y buscar el Reino de Dios y dirigir toda mi persona hacia él. No soy yo el que te tiene aquí, es el Señor el que te ha llamado pero tú has escuchado, el Señor llama a todos pero solo pocos le escuchan y es en este encuentro personal que tengo con Cristo donde aprendo a reconocer que tengo que hacer su voluntad y no la mía “Es necesario que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30).  Los auténticos discípulos como lo hicieron los apóstoles, tuvieron la mirada fija en el cielo pero los pies bien firmes en el suelo y ¿esto de donde lo aprendieron? Del mismo Señor, acordémonos del lavatorio de los pies.  Los discípulos aprendieron a ser amigos porque aprendieron del propio maestro a ser sencillos como la paloma, a ser humildes y no prepotentes, a ser serviciales.

También me atrevo a decir que para ser amigos de Jesús sería bueno enfocarnos en Maria, la Madre de Dios.  Ella también enseña cómo ser una autentica discípula del Señor.  María es una discípula, no en el sentido histórico de que ella acompañara a Jesús durante su ministerio, sino en el sentido existencial de que ella escuchó la palabra de Dios y actuó según la misma.  Acepto la voluntad de Dios porque lo conocía, y algo que todo amigo de Jesús debe de tener es la escucha, la meditación y la contemplación al igual que María.  La Sagrada Escritura nos menciona lo siguiente “Cuando los pastores regresaron dando gloria a Dios por todo lo que habían visto y oído de parte de los ángeles. Se nos dice, “y María guardó (atesoraba) todas estas palabras en su corazón” y las tenía muy presentes (San Lucas 2, 19).  Es decir, María era una mujer discípula en toda la extensión de la palabra porque era una mujer de oración y apertura.  El amigo de Jesús debe ser una persona de oración y flexible. Es Maria la que lo llevo en su vientre, fue ella la que lo cargo, lo cuido y lo vio crecer, le dio de comer… tantos recuerdos tiene nuestra Madre Maria más que los propios apóstoles, ¿Qué Madre no conoce bien a sus hijos? Con mucho más razón Maria es Madre de Dios, Madre de la Iglesia, siempre tan discreta y tan serena.  Les comparto la siguiente reflexión.

El pañuelo de la Virgen Maria

Arrodillada frente a la cruz esta mujer a quien llamaban María, una y mil veces me pasaba por su rostro helado, pálido, casi blanco. Yo absorbía sus lágrimas que, primero lentamente y luego como una cascada, vertían sus ojos. No pude con mi genio. Con sutileza, aproveché el viento que comenzaba a correr suavemente y me solté de la mano de esta mujer tan angustiada. Caí al suelo para ver si lograba entender lo que ocurría y vi el rostro del que llamaba Hijo… sí el de la cruz… ¡no, no! Esto no es para mí ¿qué cosas habrá hecho este reo para merecer tanto castigo? Mucho he visto en mi vida, pero jamás un rostro que no parecía rostro. No comprendo cómo esta mujer decía que era su Hijo. ¿Cómo lo reconoció? ¿Estaría segura que era éste? Porque se podría decir que el madero que lo sostenía y Él eran uno solo. ¿Cómo puede una madre soportar tanta crueldad?

No me importó que me estrujara entre sus manos, que me mordiera hasta sacarme un trozo de tela. Más que pena y rabia, ella sentía un profundo dolor.  Sus amigos sostenían su cuerpo frágil,  la consolaban, la miraban, pero no había palabras que pudieran calmarla.

Jamás olvidaré sus ojos que, a pesar del llanto, destilaban tanto amor. Sólo soy un pañuelo, un retazo de tela que ella misma bordó, lavado muchas veces y secado a la sombra o a pleno sol. Quisiera ayudar a esta madre tierna que tiene en sus brazos a su Hijo, que dicen es Dios.

 Aún estoy en sus manos, pero no me estruja mientras llora en silencio. Ya no siento su dolor, estoy más tranquilo, diría que me siento en paz. Es que ahora sus manos me deslizan suavemente sobre el rostro inerte del que llaman… el Señor.[1]

 

Hay que pedir a nuestra Madre Maria Virgen que nos acompañe en este desierto, que nos ayude a escuchar la voluntad de su Hijo Jesús.  Escucha el siguiente canto y pídele a la Virgen que te ayude a escuchar la voz de su Hijo Jesus.

 

 

“Ustedes no me eligieron a mí”

 

No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, y Jesús tuvo 12 apóstoles como amigos, pero había uno en especial, no era conocido como el discípulo amado pero es en la figura de Simón Pedro que Nuestro Señor va dejar encargada su Iglesia.

 “Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que si guie ron a Jesús por la palabra de Juan. Encontró primero a su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías» (que significa el Cristo).  Y se lo presentó a Je sús. Jesús miró fijamente a Simón y le dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan, pero te llamarás Kefas» (que quiere decir Piedra).(Jn 1,40-42)

¡Cuantos Andrés no necesita la Iglesia hoy en día! tu puedes ser ese Andrés para otros.  Necesitamos llevar a nuestros hermanos al encuentro con Cristo.  Pregúntese ¿Cómo fue ese encuentro? ¿Cuál fue la impresión que Simón se llevaría de Jesus? o viceversa.  Ahora olvídese del nombre de Simón y ponga su nombre, ¿Qué impresión se llevaría el Señor en este momento de usted? ¿Qué impresión se llevaría usted del Señor?

Es Jesús mismo que llama, nosotros no lo elegimos a él, así como llamo a Pedro, a usted y a mi.  Llamo a pescadores y los hizo pescadores de hombres, es el mismo Pedro que viene siendo al mismo tiempo el que niega a Jesús pero crece como creyente, él es tan santo como pecador.  Fácilmente nos podemos identificar con él, porque él se nos presenta como alguien sumamente y sin lugar a dudas muy humano, demuestra un amor apasionado por el Señor pero también demuestra sus flaquezas y sus torpezas.  Podemos también contemplar todos los momentos en donde Pedro acompaño a Jesús, mientras curaba su Suegra, en la multiplicación de los panes, en la tempestad, en la pesca inmensa, en la transfiguración, en las parábolas, en la negación, en el kerigma.  Es el mismo Pedro que ha se entregado al Señor, solo que su vida ha dado un giro de 180 grados es decir se ha convertido al Señor, ahora le conoce y es dispuesto a dar su vida como lo hizo.  ¿Estás listo para que tu vida de un giro?  Pídele al Señor que envié su Espíritu Santo y él te llevara de la mano, veras que encontrarás la alegría de ser Cristiano(a) y te pondrá las formas y métodos para que lo sigas en su Iglesia a la cual él ha instituido.  Te comparto el siguiente canto de meditación.

http://es.gloria.tv/?media=190757

 

Oración Final

Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, no puede brotar la vida.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, lo único posible es el miedo.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, aparecen los fantasmas.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, la rutina lo invade todo.
Danos tu Espíritu, Señor,
Donde no hay Espíritu, no podemos reunirnos en tu nombre.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, se olvidan las cosas esenciales.
Danos tu Espíritu, Señor.
Donde no hay Espíritu, no puede haber esperanza.[2]

 

 

 

[1] http://webcatolicodejavier.org/ElPanueloDelaVirgenMaria.html

[2] http://www.pastoralsj.org/

 

 

AH

 

http://es.gloria.tv/?media=190757

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